EDITORIAL

El pacto inestable

El debate sobre el Pacto de Estabilidad en Europa ha vuelto a abrirse, como en cada Ecofin, y a cerrarse en falso. Con regularidad matemática, los políticos presionan a la Comisión para que afloje las cuerdas del corsé y deje respirar a la actividad con una inyección generosa de gasto público. Pero la doctrina del comisario Solbes se aferra al criterio clásico de que el crecimiento a medio y largo plazo será más abultado y sólido si se mantienen el rigor presupuestario.

Ayer celebró la andanada de Chirac contra el pacto nada menos que la Administración norteamericana, que, ante la incontinencia de su desequilibrio fiscal hasta límites jamás conocidos (455.000 millones de dólares, un 4,4% del PIB), pidió un impulso en Europa para estimular el crecimiento. En todo caso, Europa hace las dos cosas a la vez: defiende el equilibrio a sabiendas de que los hechos descoserán el 3%, ya que este año el déficit agregado de la zona euro puede llegar al 2,8%. Las economías motores necesitan estímulos, porque expandirán el crecimiento; pero debe concentrarse en inversiones multiplicadoras y siempre que sean compensadas con recortes de gasto pasivo.