EDITORIAL

Puerta giratoria

La directora general del Tesoro, Gloria Hernández, ha sido fichada por el Banco Pastor antes, incluso, de que traspase oficialmente poderes a su sucesora, Belén Romana. El salto casi automático de la Administración pública al sector privado no es cosa nueva ni privativa de España. En EE UU, considerado por muchos como modelo de democracia, es tan habitual que tiene nombre: se llama 'la puerta giratoria' y funciona en ambos sentidos. Pero incluso allí los escándalos por incompatibilidades y trato privilegiado son abundantes. Los expertos consideran que este intercambio beneficia tanto a bancos y empresas como a la propia Administración, y que resultan enriquecedores. Pero todo tiene un límite. Como directora general del Tesoro, Hernández se ha sentado en el consejo del Banco de España y en el de la Comisión Nacional del Mercado de Valores en calidad de miembro nato. En ambos puestos ha tenido acceso a información confidencial sobre su futuro empleador... y sobre sus competidores. Su salto a la banca privada probablemente es legal porque las leyes de incompatibilidad son bastante laxas. En cualquier caso, resulta poco elegante.