COLUMNA

Los datos de paro no sugieren crecimiento

Es relativamente frecuente que aparezca un dato aparentemente bueno de paro, o uno malo de empleo, en contextos de débil crecimiento. También ocurre la situación contraria: datos supuestamente malos de paro o buenos de empleo, en contextos que parecen de sólido crecimiento económico. Se examinan entonces dichos datos con el ánimo de ver en ellos indicios de cambios de tendencia en el crecimiento económico, intención muy loable, siempre que se haga con el suficiente rigor.

Para ello, no puede olvidarse: a) que aumentos en el número de parados no son sinónimo de descensos en el empleo, ni aumentos en el número de ocupados equivalen a un descenso del paro, b) que la relación entre estos comportamientos y el crecimiento económico es menos que perfecta y c) que la evolución del paro no es sino consecuencia directa del comportamiento de la población activa y el empleo.

Entender el paro como consecuencia de la evolución de población activa y empleo no es minusvalorar su incidencia social, sino atenerse a la realidad estadística. La encuesta de población activa (EPA) contabiliza el número de parados como diferencia entre el número de ocupados y la población activa, variables éstas que tienen determinantes bien distintos, cuya situación conviene evaluar en cada momento. Esta construcción estadística también permitiría plantear el análisis del empleo a partir de los determinantes de población activa y paro, pero tal propuesta carecería de sentido económico.

Por tanto, un aumento en el número de ocupados no equivale a un descenso del paro, pues ello dependerá del comportamiento del número de activos. Si la población activa crece menos que el número de ocupados, el paro EPA descenderá. Quizá sorprendentemente un descenso en el número de ocupados puede reducir el paro si la población activa desciende aún más que el empleo.

Representantes del Gobierno en el área económica y laboral recibieron el dato de febrero de paro registrado como uno de los mejores en la historia disponible y como indicio de recuperación económica. Tal interpretación carece de rigor: el paro registrado no ha disminuido, continúa aumentando, si bien su crecimiento está aminorándose desde hace algunos meses. El menor aumento del paro se debe a una disminución en el crecimiento de la población activa, puesto que todo indica que, aunque el empleo continúa creciendo, lo hace al débil ritmo a que lo hizo en la segunda mitad de 2002. Es indudablemente positivo que el aumento del paro registrado en enero y febrero haya sido similar al de 2000, el último año a cuyo término se produjo un descenso del paro registrado.

El empleo EPA, que creció un 5,5% en 1999-2000, redujo gradualmente su incremento hasta un 2% a finales de 2002. La población activa, que duplicó su crecimiento en 2000-2001 hasta el 3%, mostró síntomas de agotamiento en la última parte de 2002. Por tanto, en la fase de enfriamiento económico que estamos viviendo, la menor creación neta de puestos de trabajo y el mayor aumento de la población activa se han reforzado en contribuir a aumentar las cifras de paro, que han mostrado un deterioro manifiesto.

Tampoco puede olvidarse de que, a diferencia de la EPA, el Inem proporciona una medición directa del paro, pero de acuerdo con unos requisitos que no todos los parados cumplen; por eso a fines de 2002 había 2,3 millones de parados de acuerdo con la EPA, pero sólo 1,6 millones según el registro del Inem.

Afalta de datos de EPA del primer trimestre, todo parece indicar que es la moderación en población activa y no el aumento del empleo, que está moderando el aumento del paro que, en todo caso, continúa creciendo. Todos los indicadores de demanda, tanto interna como externa, sugieren que identificar el menor aumento del paro con creación de empleo y mayor crecimiento económico carece de justificación estadística.

Las variaciones en empleo y paro sólo estarían muy relacionadas en un contexto en que la población activa permaneciera prácticamente estable, al contrario de lo que ha ocurrido en España en los últimos años, en buena parte por la inmigración. Puede ser razonable que quienes no se dedican profesionalmente al análisis de los datos económicos identifiquen ambas variables. Que tal interpretación provenga de las autoridades económicas en la materia, que conocen perfectamente estas cuestiones, refleja su deseo de rentabilizar políticamente a muy corto plazo la aparición de buenos datos económicos, incluso exponiéndose a que los datos en meses sucesivos acaben con la ilusión de aparente mejoría económica. Con tal actitud sólo se acentúa la confusión del público general, que continuará con sus dificultades para valorar la coyuntura laboral.