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'Telecos'

El desplome de la inversión sitúa a España a la cola de la sociedad de la información

El año 2002 fue otro ejercicio negro para la inversión en infraestructuras de red en España. Según datos de las operadoras, las grandes del sector desembolsaron 3.487,7 millones de euros el año pasado, un 26% menos que los 4.718,8 millones de 2001. Esta caída de la inversión es generalizada para todos los países del mundo por la fuerte crisis que viven las telecomunicaciones, pero ha cogido a España en una situación de mayor debilidad que el resto de las naciones del continente.

Durante el último trimestre ha aparecido un importante número de estudios -de la OCDE, de la consultora DMR, del Estudio General de Medios, de AT Kearney y del Instituto Nacional de Estadística, entre otros- que alertan sobre el empeoramiento relativo de la posición española en relación con la penetración de la sociedad de la información.

La evolución de la inversión en red en España durante los últimos 15 años ha seguido parámetros irregulares, pero con una marcada tendencia a la baja desde 1990. Fue precisamente en ese ejercicio cuando Telefónica marcó su récord de desembolsos, con 4.335 millones de euros. Sorprendentemente, el punto más bajo de inversiones se produjo en 1998, el año de la liberalización. 2002 lo ha superado. El año pasado, la operadora dominante gastó 1.788,8 millones de euros en red; en 1998 fueron 1.810 millones.

A partir de 1995, con la apertura de la telefonía móvil, pero, sobre todo, con la liberalización de la fija, en 1998, a Telefónica se le han unido fuertes inversores, como el grupo Auna, Vodafone, Jazztel, Uni2 y Ono. El punto álgido de esta fase se produjo en los años de 1999 y 2000 y se frenó en seco en 2001 y 2002.

El hundimiento de la inversión hay que achacárselo a la crisis, pero también al hecho de que las redes de telefonía móvil y las de fija de los nuevos entrantes, tanto de cable como troncales, están ya desplegadas.

El parón de la inversión ha hecho mayor mella en un país como España, con un desarrollo de las infraestructuras todavía en fase embrionaria. Aunque el esfuerzo ha sido grande, en los últimos meses han surgido claras señales de alarma a través de los indicadores que miden la penetración de la sociedad de la información.

Incluso en un mercado emergente como es el de Internet, España registró en otoño del año pasado un descenso de 36.000 usuarios en la Red, según el Estudio General de Medios, que cifraba el número total de internautas en 7,86 millones. Mayor dramatismo transmitía la primera encuesta a hogares españoles sobre tecnologías de la información y comunicación realizada por la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), que venía a rebajar la cifra de internautas hasta 6,6 millones de usuarios.

Datos de la UIT

Un estudio de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) correspondiente a 2001 sitúa a España en el penúltimo y antepenúltimo puesto de los países de la Unión Europea en evolución de equipamientos de redes fijas e Internet e informática, respectivamente.

El Instituto Nacional de Estadística y AT Kearney coinciden en colocar a España en el puesto 26 en un ranking de hogares y tecnología de la información realizado en diciembre de 2002.

Por su parte, un reciente estudio de la OCDE aseguraba que la media europea de líneas fijas por cada 100 habitantes se situaba en 50, frente a las 44 de España.

Esta situación ha dañado el tejido industrial español de tecnologías de la información. Las grandes multinacionales han desaparecido y las pequeñas empresas están en situación crítica.

La calidad es la primera perjudicada

El nuevo ministro de Ciencia y Tecnología, Josep Piqué, ha tomado conciencia del problema del hundimiento de las inversiones en telecomunicaciones y quiere poner en marcha varios planes de choque destinados a reactivar la inversión en todos los campos de las tecnologías de la información. El acuerdo con los operadores de UMTS tiene este objetivo, al igual que el pacto que pretende firmar con los fabricantes y con los radiodifusores de la nueva televisión digital. El Gobierno se encuentra también muy preocupado por el descenso en la calidad de los servicios, tanto de telefonía fija como de telefonía móvil y de Internet. Esta preocupación le ha llevado a introducir un compromiso especial de calidad en el pacto firmado con los operadores de móvil y a otorgar mayores competencias en este campo a la CMT, a través de la elaboración de la nueva Ley General de Telecomunicaciones. En la actualidad no existe ningún organismo que audite y publique los indicadores de calidad en los servicios de telecomunicaciones y el Gobierno quiere que la CMT llene el vacío y se haga cargo de este cometido.

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