Europa, de 15 a 25
La Unión Europea puso en marcha ayer su proyecto político más ambicioso, la integración de los países del Este, y, a la vez, su fase de ampliación más numerosa, con el ingreso en 2004 de 10 nuevos socios. Otros dos, Rumania y Bulgaria, podrán acceder dos años después, mientras Turquía sigue de candidato sin fecha.
'Europa no se hará de golpe', proclamó Robert Schuman el 9 de mayo de 1950. La declaración del ministro de Exteriores francés desencadenó un proceso de integración de un continente, que en buena parte ya comparte moneda y banco central. Paso a paso, los seis socios iniciales se han convertido en quince. Del mercado común se ha avanzado hasta una incipiente política común de asilo, de inmigración, de defensa e, incluso, exterior. Pero el reto de la nueva generación de líderes europeos es la unificación de un continente dividido por la Segunda Guerra Mundial. Como recordó ayer el presidente de la Comisión, Romano Prodi, cualquiera que sea la factura final de la ampliación, será mucho más rentable que el precio de un rechazo.
Todos los aspirantes, salvo Chipre y Malta, iniciaron en 1989, tras la caída del muro de Berlín, la transición a la economía de mercado y el pluralismo político. Algunos, como Estonia, Letonia, Lituania y Eslovenia, incluso estrenaron o reestrenaron la condición de Estado. Otros, como Eslovaquia, comenzaron a negociar hace sólo dos años para sumarse a los que iniciaron el proceso en 1998: Polonia, Hungría o la República Checa.
Todos se aproximan juntos a la UE, pero su incorporación final plantea casi tantas incógnitas como las despejadas en los 13 años transcurridos desde el fin de la guerra fría. La renta per cápita de los candidatos es sólo el 39,3% de la media comunitaria, pero la integración económica entre ambas partes no ha dejado de crecer. El comercio con los aspirantes es el 12% del total de la UE, ocho puntos más que en 1992. Con las nuevas adhesiones, la población de la UE crecerá un 28%, hasta los 450,5 millones de habitantes. El PIB, en cambio, sólo aumentará un 5%.
La Comisión ha dado un visto bueno plagado de exigencias a los aspirantes y medidas de autoprotección a los actuales miembros, desconocidas en anteriores ampliaciones. Bruselas admitió ayer que casi ninguno cumple al cien por cien las condiciones para el ingreso, pero confía en que en los 18 meses que quedan hasta la adhesión acometan las reformas necesarias. Y se reserva la posibilidad de un último examen, con un veredicto más político que técnico, antes de la ratificación definitiva del Tratado de Adhesión. La ampliación también plantea sombras sobre el proyecto de unión política. La Unión a 25 colapsará definitivamente los procedimientos institucionales actuales. La solución apunta a una integración selectiva y escalonada, en la que un grupo de países servirá de avanzadilla a modelos de colaboración más estrecha. De la actual Convención sobre el futuro de Europa debe emanar una constitución que fije el reparto de poderes en la UE.