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La ola liberalizadora zarandea a los prácticos

La UE quiere introducir competencia en uno de los oficios más antiguos: los servicios de practicaje en los puertos. Los hábiles e intrépidos pilotos se sienten desprotegidos ante esta tormenta.

Platón, en los Diálogos que escribió en el siglo V antes de Cristo, ponía a los prácticos de los puertos como ejemplo a seguir por los políticos, cuando les recomendaba que 'velen por la cosa pública con el mismo esmero con que los médicos tratan a sus enfermos o como aquellos pilotos que, con pericia y seguridad, dirigen las naves a seguro fondeadero'.

Los dirigentes de la Unión Europea, seguidos con fe ciega por los administradores españoles, no sólo evitan mantener la estela ejemplificadora de los prácticos, sino que se han empeñado en introducir competencia en este oficio tan antiguo como la propia navegación y cuyas primeras corporaciones en España se remontan al siglo XV, mientras que las ordenanzas más antiguas datan de 1737 .

El servicio de practicaje, según la definición que ha acuñado la Federación de Prácticos de Puertos de España, es 'una actividad marinera, internacionalmente reconocida, que consiste en navegar diestramente, con la práctica de unos conocimientos adquiridos y bien demostrados, por estrechos canales y bocanas, en medio de escollos, rompientes y bajos fondos, llevando cualquier nave hasta seguro fondeadero o atraque en su entrada, o bien, inversamente, hasta el mar en la salida, con el interés conjunto de velar tanto por la seguridad en un determinado barco como por la de todo el tráfico marítimo'.

En la actualidad existen 203 prácticos en 48 puertos españoles. Sus servicios son obligatorios para el atraque o salida al mar de buques con más de 500 toneladas o que lleven mercancías peligrosas. Su asignación a cada profesional se rige por una concesión fuertemente regulada por su incidencia en la seguridad de la navegación.

Para ser práctico es necesario estar en posesión del título de capitán de la marina mercante, acreditar dos años de mando en buques mayores de 1.000 toneladas y haber superado cinco pruebas selectivas y eliminatorias. Cada profesional debe aportar los elementos necesarios para el servicio: lanchas, tripulantes, comunicaciones y, a requerimiento del capitán marítimo de la zona, tiene el deber, por mandato legal, de actuar en emergencias y accidentes marítimos.

La Unión Europea ha incluido esta antigua profesión entre aquellas que deben quedar sometidas a la implacable regla de la competencia. Para ello plantea que se creen empresas que disputen entre sí los servicios de practicaje en cada puerto.

Aunque la Federación de Prácticos, que ha iniciado los trámites para convertirse en colegio profesional, no conoce aún la letra de la norma liberalizadora, sus directivos recuerdan que las experiencias que se han realizado en Australia y Canadá están hoy en revisión, porque debilitan la seguridad.