Química

La reordenación de Basf provoca el cierre de su tercera planta en Tarragona

Basf avanza en su plan de reestructuración de sus capacidades de productos químicos en Europa. La multinacional alemana pretende unificar las factorías en grandes centros de competencia para reducir el impacto de los costes siguiendo la tradición alemana de petroquímicas integradas verticalmente. Paralelamente, la ralentización de la demanda iniciada el año pasado ha obligado a reducir producciones.

En este contexto, la compañía ha decidido reestructurar la producción de plastificantes (aditivos para añadir a los plásticos, especialmente al PVC) y de anhídrido ftálico (un producto intermedio para fabricar los propios plastificantes) en toda Europa, anunciando ayer el cese de la producción de ambos productos en la petroquímica de Tarragona. Se trata de un centro inaugurado en 1971, pensado sólo para abastecer el mercado interior con una capacidad actual de 40.000 toneladas de plastificantes y 17.000 de anhídrido ftálico. Basf fabrica en conjunto 350.000 toneladas anuales del primer producto y otras 220.000 del segundo.

La multinacional cerrará las producciones españolas a finales de agosto en el caso de los plastificantes y en diciembre en referencia al anhídrido ftálico. La compañía negocia actualmente con los sindicatos una solución para los 40 trabajadores afectados. Las empresas de Basf en España cuentan con una plantilla global de 2.500 empleados, de los que 1.000 trabajan en los centros de la petroquímica tarraconense.

Basf inició el año pasado la reestructuración con el cierre de dos plantas de bases químicas. Las razones fueron las mismas. Con una capacidad de 79.500 toneladas anuales, suponían sólo el 10% de la capacidad instalada en la casa matriz alemana de Ludwigshafen. A estos cierres hay que añadir los de la participada Basell (una empresa mixta formada por Basf y Shell), líder mundial en la producción de polipropileno. Basell decidió parar dos de sus cinco plantas, también ubicadas en Tarragona, por la caída de la demanda. La compañía puede reabrir la producción si los pedidos se reactivan a medio plazo.

En cualquier caso, Basf mantiene sus planes de inversión comprometidos en Tarragona para el periodo 2000-2005, que alcanzan los 700 millones de euros. En este presupuesto se incluyen los 180 millones de la construcción de una planta de ciclo combinado que construyen las eléctricas Iberdrola y RWE en terrenos de Basf, aunque no se trata de una inversión directa del grupo químico. Precisamente, la suspensión de pagos de la ingeniería alemana encargada de construir la central, Babcock Borsig, puede retrasar la puesta en marcha de este proyecto.

El grueso del plan de inversiones (330 millones) se destina a la instalación de una planta de deshidrogenación de propano con la compañía pública argelina Sonatrach, que consumirá buena parte de la energía de la planta de ciclo combinado.

Relevo

Basf, que fabrica varias gamas de plásticos en Tarragona, no ha confirmado ninguna inversión desde el inicio del plan de ajuste en 2001, que coincidió con el relevo de José María Bach al frente de la filial española. El directivo catalán realiza actualmente actividades de asesoría para el grupo en Alemania y para la patronal europea del sector Cefic.

Además, la reestructuración del grupo (con una reducción de más de 4.000 empleos en todo el mundo) también ha afectado a la organización interna, que ha pasado a depender de dos grandes unidades de negocio para el norte y sur de Europa. La reordenación tuvo un impacto directo en la cuenta de resultados de Basf Española durante el año pasado. Los costes de las dos primeras factorías en Tarragona provocaron una caída del resultado neto de la sociedad del 86%, hasta los 3,56 millones.

El conjunto del grupo en España facturó por valor de 1.733 millones, con un aumento del 12%, y el beneficio bruto alcanzó los 51,8 millones. El nuevo consejero delegado de Basf Española, Edwin Rahue, admitió en mayo pasado que la caída de los resultados de la empresa no condicionaba las inversiones aprobadas, pero reconoció que la reordenación propiciaba una ralentización de proyectos futuros.