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Descubrimiento histórico: hallan por primera vez una atmósfera en un exoplaneta de la zona habitable

La abundancia de helio en la atmósfera es un factor que hace dudar de que pueda existir vida tal y como nosotros la conocemos.

Representación del nuevo planeta y la enana roja Barnard.ESO/M. Kornmesser

La búsqueda de vida fuera de la Tierra es un gran desafío. Aunque no hay pruebas definitivas de organismos extraterrestres, un reciente hallazgo ha dado paso a un moderado optimismo. Por primera vez, un grupo de astrónomos ha detectado la presencia de una atmósfera rodeando a un exoplaneta ubicado dentro de la zona de habitabilidad de su estrella.

En importante descubrimiento que es único

El protagonista es LHS 1140b, un mundo rocoso similar a la Tierra situado a unos 48 años luz. Este orbita en la denominada región Ricitos de Oro de su astro, lo que implica que está lo bastante alejado para no terminar abrasado por el calor, pero lo suficientemente cerca para recibir la energía que permita mantener agua líquida en su superficie.

De acuerdo con un estudio publicado, la verdadera relevancia de este descubrimiento no radica solo en su ubicación térmica. Lo extraordinario es que cumple con criterios adicionales fundamentales: es de naturaleza rocosa, no es un gigante gaseoso, y posee la capacidad de retener una atmósfera intacta -a pesar de verse expuesto a condiciones exteriores duras-. Contar con una envoltura gaseosa de este tipo es vital, ya que actúa como un escudo que ayuda a estabilizar las temperaturas superficiales, un requisito indispensable para la viabilidad de cualquier forma de vida.

Exoplanetas

Es importante indicar que la inmensa mayoría de los mundos rocosos conocidos orbitan alrededor de estrellas enanas de clase M. Estos astros emiten radiación de alta energía durante periodos mucho más prolongados que nuestro Sol. Debido a esta intensa actividad estelar, al arrastre provocado por los vientos solares y a otros factores, la mayor parte de los planetas rocosos pierden sus capas de gas protectoras en las etapas iniciales de sus ciclos evolutivos, anulando sus posibilidades de albergar vida.

Un avance de gran importancia

Hasta el hallazgo de LHS 1140b, la Tierra se mantenía como el único planeta rocoso observado con una capa de gases intacta. La ciencia ha descubierto ya cerca de 6.000 planetas en el universo, y este es el primero, aparte de nuestro mundo, que presenta una composición rocosa junto con una atmósfera circundante.

Detectar este exoplaneta no ha sido algo sencillo, todo hay que decirlo. Se ha empleado un modelo informático diseñado para simular cómo evolucionan las capas gaseosas de los exoplanetas a lo largo de miles de millones de años. Dichas proyecciones -teóricas- sugerían la existencia de los llamados mundos de helio, planetas rocosos cuyas atmósferas están compuestas de forma mayoritaria por este elemento químico. Al contrastar estas predicciones con los datos reales de LHS 1140b, se confirmó la validez del modelo.

Determinar si existe vida en LHS 1140b, por lógica sería el siguiente paso… pero es una cuestión compleja. El conocimiento científico actual establece tres requisitos esenciales para que un planeta sea potencialmente habitable: la presencia de una atmósfera estable, un rango de temperaturas adecuado para sustentar agua líquida y una estructura mayoritariamente rocosa. Este exoplaneta parece reunir todos estos parámetros clave, por lo que cunde un moderado optimismo.

Al respecto, hay un detalle que es muy importante: la composición de la parte superior de su capa gaseosa está formada casi en su totalidad por helio, y presenta una ausencia de hidrógeno. Esta combinación de factores no resulta muy alentadora para el desarrollo biológico, ya que este elemento no suele sustentar la vida tal como la entendemos. Además, el exoplaneta muestra un acoplamiento de marea con su estrella, lo que significa que una mitad del mundo experimenta un día perpetuo mientras la otra permanece en una noche eterna. Por otro lado, datos revelan que LHS 1140b es un 70 % más grande que la Tierra, lo que se traduce en una fuerza de gravedad que duplica a la terrestre.

Si bien estos condicionantes no descartan por completo la presencia de organismos, cualquier forma de vida sería radicalmente distinta a la nuestra. Los científicos admiten que aún desconocen si la superficie es sólida o está cubierta por un océano global. Las simulaciones sugieren que las capas inferiores podrían contener gases mucho más favorables, tales como el dióxido de carbono, vapor de agua e incluso oxígeno. Mientras se obtienen nuevos datos, Marte sigue como la opción más idónea para hallar rastros biológicos. Otras alternativas son el exoplaneta K2-18b y el sistema estelar Trappist-1, que cuenta con mundos en su zona habitable.

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