Lo nunca visto: la NASA capta cómo una versión joven de nuestro Sol infla su astrosfera
El descubrimiento es un paso importante para conocer cómo es la evolución de este tipo de astros en la galaxia, incluyendo el nuestro.


El cosmos funciona a menudo como una cápsula del tiempo, permitiéndonos observar en rincones remotos de la galaxia procesos que nuestro propio sistema solar experimentó en tiempos ya lejanos. Un ejemplo es que un equipo de astrónomos, apoyándose en la avanzada tecnología de la NASA, ha logrado un hito: han detectado una estrella joven, asombrosamente similar al Sol en su infancia, que está inflando activamente su astrosfera. Este fenómeno, captado con una nitidez sin precedentes, es una pieza clave para entender el pasado de nuestro propio hogar galáctico.
La estrella en cuestión ha sido catalogada como HD 61005. Se trata de un astro de tipo G que se encuentra en las etapas iniciales de su vida en la secuencia principal. Para los científicos, observar este objeto es lo más parecido a mirar una fotografía de nuestro Sol cuando apenas tenía unos cien millones de años. En aquella época, todo era mucho más indómito, con vientos estelares feroces y una radiación capaz de moldear el entorno gaseoso que lo rodeaba.
La burbuja protectora: ¿qué es una astrosfera?
Para comprender la magnitud del hallazgo, hay que hablar de la astrosfera. Todas las estrellas emiten un flujo constante de partículas cargadas conocido como viento estelar. Cuando este viento choca con el medio interestelar (ISM), que es el gas y polvo que llena el vacío entre las estrellas, crea una cavidad o burbuja de gas caliente. En nuestro caso, esta estructura se denomina heliosfera y actúa como un escudo que nos protege de los rayos cósmicos de alta energía que deambulan por la Vía Láctea.

El problema es que, al estar dentro de nuestra propia heliosfera, nuestra perspectiva es limitada. Es como intentar conocer la forma completa de una casa sin poder salir nunca de la cocina. Por eso, el descubrimiento de la NASA sobre HD 61005 es tan vital; nos permite ver desde fuera cómo se infla y se comporta esta burbuja en una estrella de características casi idénticas a la nuestra, pero en una fase mucho más activa y temprana.
Rayos X y la firma del viento estelar
El estudio en el que se detalla el hallazgo, titulado First Resolution of a Main Sequence G-Star Astrosphere Using Chandra y liderado por el astrónomo Carey Lisse del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, detalla cómo se logró todo. La clave reside en las emisiones de rayos X. Las estrellas brillan en este espectro debido al plasma caliente de sus coronas, pero también generan una emisión de bajo nivel en un volumen mucho mayor cuando sus vientos chocan a presiones altísimas contra el medio interestelar frío.
Utilizando la espectroscopía de imágenes del observatorio Chandra de la NASA, junto con datos infrarrojos del telescopio Hubble, los investigadores pudieron separar estas fuentes de energía. Descubrieron que HD 61005 posee un viento de partículas aproximadamente tres veces más rápido que el nuestro Sol actual y unas 25 veces más denso. Esta potencia bruta es la que está inflando su astrosfera de manera tan detectable desde la Tierra.
¿Por qué no vemos más burbujas así?
Una pregunta surge inevitablemente tras este hallazgo: si todas las estrellas jóvenes tienen vientos fuertes, ¿por qué no detectamos astrosferas infladas en todas ellas? La respuesta, según los autores, reside en el vecindario donde habitan. Para que una astrosfera sea visible en rayos X, la estrella debe estar atravesando una región del espacio con una densidad de gas inusualmente alta. HD 61005 ha tenido la suerte de encontrarse con una nube interestelar densa, lo que provoca que el choque del viento estelar sea mucho más violento y, por tanto, más brillante para nuestros telescopios.
Esto refuerza la teoría de que nuestro Sol también pasó por una fase similar. Hace miles de millones de años, mientras la vida daba sus primeros pasos (o incluso antes), nuestro sistema probablemente atravesó zonas densas de la galaxia, inflando su heliosfera y mostrando un aspecto similar al que hoy vemos en La Polilla -este es el nombre familiar que le han dado los investigadores al astro-.

El impacto en nuestra tecnología
Entender cómo evoluciona la astrosfera no es solo una cuestión de curiosidad académica. Scott Wolk, del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian, señala que el clima espacial dictado por el Sol afecta directamente a nuestra infraestructura tecnológica. Las tormentas solares pueden dañar satélites, redes eléctricas y poner en riesgo a los astronautas que viajan a la Luna o Marte. Al estudiar a HD 61005, la NASA obtiene un modelo de prueba para calibrar sus predicciones sobre cómo el viento solar ha moldeado el entorno espacial de la Tierra a lo largo del tiempo.
Este descubrimiento regala una imagen impactante de una estrella joven en plena expansión, a la vez que nos proporciona el contexto necesario para proteger nuestro futuro tecnológico mientras exploramos el vacío que, una vez, nuestro propio Sol también infló con su aliento ardiente.