Amazon tiene un arma secreta contra Starlink: los cohetes europeos
La colaboración con compañías como Arianespace se antoja como vital para la empresa creada por Jeff Bezos.


SpaceX por ahora mantiene su ventaja en los satélites de órbita baja con Starlink, pero Amazon avanza de forma muy interesante para construir una alternativa propia. Esta última compañía reforzó su estrategia espacial con la compra de Globalstar por unos 11.000 millones de dólares -y con un acuerdo con Apple para dar continuidad a funciones satelitales en iPhone y Apple Watch-, un movimiento que amplía su alcance más allá del internet por satélite tradicional. Sin embargo, la verdadera clave para competir también está en algo mucho más terrenal: asegurar lanzamientos suficientes y diversificados para no depender del rival al que quiere alcanzar.
Europa, el posible gran aliado para Amazon
Esto parece básico para que la firma de Jeff Bezos sea un rival para la de Elon Musk. Y parece que lo tiene claro, ya que Amazon cerró con Arianespace, la empresa que opera el Ariane 6, un contrato para 18 lanzamientos, el mayor firmado nunca por la compañía europea. Ese acuerdo se antoja como clave en el despliegue de su sistema de satélites. Un ejemplo de lo que decimos es que, el 12 de febrero de 2026, Ariane 64 colocó 32 satélites de Amazon Leo en órbita -y el 30 de abril repitió la operación con el mismo número-. Una cifra relevante para una constelación que todavía está en fase de expansión.
Es importante indicar que el papel del Ariane 6 va mucho más allá de aportar capacidad de lanzamiento. El programa europeo está respaldado por 13 países miembros de la Agencia Espacial Europea y requiere la coordinación de alrededor de 600 subcontratistas liderados por ArianeGroup. Además, Ariane 64 puede colocar unas 21,6 toneladas en órbita baja, una capacidad que lo convierte en una herramienta especialmente útil para desplegar constelaciones de gran tamaño como la de Amazon. Para la compañía de Jeff Bezos, Europa no solo ofrece cohetes; ofrece una vía alternativa, resistente y con músculo industrial para sostener un calendario que no puede permitirse más retrasos.
Evidentemente, la diferencia con Starlink sigue siendo enorme. SpaceX ha superado la barrera de los 10.000 satélites lanzados para su constelación y basa gran parte de su ventaja en la frecuencia de sus misiones -y en el control directo de sus cohetes Falcon 9-. Amazon, por su parte, cerró mayo de 2026 con 331 desplegados tras 12 misiones, lo que la sitúa como la tercera mayor constelación en órbita… pero todavía muy lejos de su gran rival. Esa distancia explica por qué el acceso a lanzadores europeos puede y debe convertirse en una prioridad estratégica.
Un trabajo que debe ser incesante
El plan de Amazon pasa por multiplicar el ritmo. La empresa asegura que tiene más de 100 lanzamientos contratados y que pretende superar las 20 misiones en 2026, con una cadencia anual más del doble de la registrada en su primer año operativo. Chris Weber, vicepresidente de negocio y producto de Amazon Leo, resumió esa hoja de ruta con un objetivo claro: aceleración. Según ha explicado, durante los próximos 12 meses se duplicará el número de lanzamientos -y de satélites enviados al espacio-. Para lograrlo, Amazon reparte el trabajo entre varios socios: Arianespace; United Launch Alliance; Blue Origin; y también SpaceX para algunas misiones ya contratadas.
La presión regulatoria también aprieta, claro. Amazon debe cumplir los requisitos de la FCC para su primera generación de satélites y, al mismo tiempo, ya ha logrado autorización para sumar otros 4.500 aparatos a su red, lo que elevará su constelación prevista a unas 7.700 unidades. La propia compañía ha reconocido que la escasez de cohetes disponibles a corto plazo ha complicado su calendario y ha pedido ampliar el plazo para alcanzar el objetivo intermedio fijado para julio de 2026. Por lo tanto, cada lanzamiento europeo gana peso, porque ayuda a reducir la dependencia de un mercado en el que SpaceX sigue marcando el paso.

La economía también es importante
El trasfondo económico, entre otras cosas, ayuda a entender por qué esta competencia se ha vuelto tan intensa. La compañía McKinsey calcula que la economía espacial podría alcanzar 1,8 billones de dólares en 2035, frente a 630.000 millones en 2023, impulsada por la conectividad, la navegación y los servicios basados en datos satelitales. Por lo tanto, el uso del Ariane 6 aparece como una palanca con valor geopolítico e industrial para Europa… y como el apoyo que Amazon para el lanzamiento de sus satélites.