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Artemis II entra en la órbita lunar para ver la cara oculta de la Luna tras más de medio siglo

Los astronautas siguen con los planes marcados por la NASA que, por el momento, se están cumpliendo de una forma más que satisfactoria.

Vista de la Luna desde la misión Artemis IINASA

La misión Artemis II acaba de marcar un hito que quedará grabado en la historia de la exploración espacial. Tras dejar atrás la órbita terrestre y completar con éxito la maniobra que los dirigía hacia la Luna, los cuatro astronautas a bordo de la nave Orion han alcanzado la órbita lunar y, desde allí, han podido contemplar por primera vez con sus propios ojos la cara oculta de nuestro satélite. Esta es una experiencia que ningún ser humano vivía desde el final del programa Apolo, en 1972.

La misión de la NASA va por buen camino

Artemis II es la primera misión tripulada del nuevo programa lunar de la NASA y tiene un carácter experimental. No hay alunizaje ni estancia en la superficie programado, pero sí un objetivo muy concreto: probar todos los sistemas necesarios para misiones futuras y demostrar que Estados Unidos y sus socios están preparados para volver a operar alrededor de la Luna de forma sostenida. Hay que recordar que la tripulación está formada por Reid Wiseman, comandante de la misión; Victor Glover, piloto; Christina Koch, especialista de misión; y el canadiense Jeremy Hansen, que se convierte en el primer astronauta no estadounidense en viajar hasta la Luna.

Recorrido de la Artemis II

Después del lanzamiento desde el Centro Espacial Kennedy y de varios días de viaje por el espacio cislunar, la nave Orion ejecutó la maniobra clave que la sacó definitivamente de la influencia de la Tierra y la colocó bajo el dominio gravitatorio de la Luna. A partir de ese momento, la trayectoria permitió a la cápsula rodear el satélite y adentrarse en la zona que desde la Tierra nunca vemos.

Las imágenes y los testimonios no han tardado en llegar. En una entrevista desde el interior de la Orion, Christina Koch explicó que la Luna “no se ve como estamos acostumbrados desde la Tierra”. Las zonas oscuras, los mares y los contrastes aparecen desplazados, creando una sensación extraña incluso para astronautas con años de experiencia. Koch reconoció que tanto ella como sus compañeros compararon lo que veían por la ventana con los mapas y materiales de entrenamiento para asegurarse de que estaban identificando correctamente los accidentes geográficos.

Reid Wiseman, por su parte, describió la experiencia como profundamente impactante. Desde su posición, podía observar la Tierra casi en penumbra mientras la Luna aparecía completamente iluminada, una perspectiva que solo es posible al situarse entre ambos cuerpos. Esa alineación, poco habitual incluso para quienes han estado en órbita baja terrestre, refuerza la sensación de estar realmente lejos de casa y de participar en algo excepcional.

Artemis II vista de la Tierra

Todo sigue según lo planeado

Más allá de la emoción, Artemis II tiene una enorme carga técnica y estratégica. Durante el sobrevuelo y la entrada en la órbita lunar, la tripulación está recopilando datos sobre navegación, comunicaciones y comportamiento de la nave en condiciones reales de espacio profundo. La trayectoria seguida, conocida como free return, está diseñada para que, incluso en caso de fallo grave del motor principal, la propia gravedad de la Luna devuelva la cápsula a la Tierra. Es una herencia directa de las misiones Apolo y un elemento clave de seguridad en esta fase del programa.

Otro aspecto relevante es el humano. La Orion ofrece un volumen habitable comparable al de una autocaravana grande, suficiente para que los astronautas puedan moverse, dormir y realizar tareas básicas durante los casi diez días que dura la misión. Koch, por ejemplo, subrayó en la entrevista que, entre observación científica y comprobaciones técnicas, también hay espacio para la rutina diaria: descansar, cambiarse de ropa o hablar con la familia cuando las comunicaciones lo permiten. Esa convivencia en un entorno reducido es parte esencial de las pruebas de Artemis II.

Interior de la nava Orión de la Artemis II de la NASA

El paso por la cara oculta también tiene un fuerte componente simbólico. Durante décadas, esa región solo ha sido fotografiada por sondas automáticas. Ahora, los astronautas de Artemis II han podido ver directamente zonas como la cuenca de Orientale, un enorme cráter situado en el límite entre la cara visible y la oculta, considerado uno de los mejor conservados del sistema solar. Verlo a simple vista es un recordatorio de hasta qué punto la exploración humana sigue aportando una dimensión distinta a la ciencia espacial.

Clave para el futuro

Todo lo aprendido en esta misión servirá como base para los siguientes pasos del programa Artemis. La NASA planea utilizar estos datos para preparar Artemis III, que sí debería llevar de nuevo astronautas a la superficie lunar, concretamente a la región del polo sur. La experiencia de haber orbitado la Luna, de haber visto su cara oculta y de haber operado a distancias récord de la Tierra refuerza la idea de que el regreso humano al satélite ya no es una promesa, sino un proceso que está en marcha.

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