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Starlink confirma la inexplicable explosión de uno de sus satélites en órbita baja

Los restos generados se desintegrarán, por lo que no se espera problema alguno en la Tierra por lo ocurrido.

SmartLife

Starlink ha confirmado la pérdida total de un satélite que, según todos los indicios, se desintegró de forma repentina en órbita. SpaceX ha reconocido que perdió el contacto con la unidad tras sufrir una anomalía durante su funcionamiento, un término habitual en la industria cuando no se quiere adelantar una causa concreta. Eso sí, todo apunta a una posible explosión interna que ha generado decenas de fragmentos alrededor del satélite afectado.

Una baja para Starlink

El satélite, identificado como Starlink 34343, se encontraba orbitando a unos 560 kilómetros sobre la superficie terrestre cuando se produjo el incidente. Poco después de que SpaceX notificara la pérdida de comunicaciones, la compañía Leo Labs, especializada en el rastreo de objetos en el espacio, detectó “decenas de objetos” en las inmediaciones del satélite, una señal clara de fragmentación. El caso es que, por ahora, no se ha dado a conocer el motivo oficial de lo ocurrido, que puede ser tanto por una fuente interna como por algún tipo de impacto.

SpaceX ha publicado un mensaje en el que asegura que el suceso no supone ningún riesgo adicional ni para la Estación Espacial Internacional ni los vuelos tripulados -como el inminente lanzamiento de la misión Artemis II de la NASA-. Los restos generados, debido a la altitud relativamente baja del satélite, deberían reentrar en la atmósfera y desintegrarse por completo en el plazo de unas semanas.

Lanzamiento de satélites de Satarlink

No es la primera vez que ocurre algo así

Este nuevo incidente no es un caso aislado. En diciembre, Starlink sufrió un episodio muy similar con otro satélite que también perdió el control tras una anomalía interna, expulsando fragmentos y comenzando un descenso descontrolado hacia la Tierra. Aquel fallo se produjo apenas unos días después de que SpaceX reconociera un peligroso acercamiento con un satélite chino, un episodio que volvió a poner sobre la mesa la creciente saturación de la órbita baja.

La órbita terrestre baja, conocida como LEO, se ha convertido en uno de los entornos más congestionados del planeta. En esa franja se están rastreando actualmente más de 24.000 objetos, entre satélites activos, restos de antiguos lanzamientos y fragmentos de basura espacial. De ese total, cerca de 10.000 pertenecen a la constelación de Starlink, lo que convierte a SpaceX en el actor dominante de esta región orbital. Eso sí, la compañía ha indicado siempre que sus satélites están diseñados para ser resistentes y para desintegrarse por completo al reentrar en la atmósfera, minimizando riesgos en tierra. Aun así, cada vez que ocurre algo así, se añade complejidad a la gestión del tráfico espacial, obligando a otros operadores a realizar maniobras de evasión para evitar colisiones.

Y SpaceX no deja de presionar por sus avances

Este episodio llega, además, en un momento especialmente delicado para SpaceX. A principios de 2026, la empresa solicitó formalmente a la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) autorización para desplegar hasta un millón de satélites adicionales con un objetivo muy distinto al del acceso a internet: crear centros de datos orbitales capaces de procesar información y cargas de trabajo de inteligencia artificial directamente desde el espacio.

Logo de Starlink de SpaceX

Mientras tanto, Starlink continúa expandiendo su servicio comercial de internet por satélite. En los mercados europeos, el kit estándar de Starlink tiene un precio de 450 euros, con una cuota mensual que ronda los 50 euros -depende del país-. Aunque este aspecto no guarda relación directa con el satélite siniestrado, ilustra la doble cara del proyecto: una red comercial en pleno crecimiento y una infraestructura espacial cada vez más compleja de gestionar.

Con SpaceX preparándose para una salida a bolsa que podría batir récords históricos de valoración, cada anomalía adquiere una dimensión de gran importancia. La pérdida del Starlink 34343 claramente es un contratiempo operativo, a la vez un recordatorio de los desafíos que implica desplegar y mantener la mayor constelación de satélites jamás construida.

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