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Editorial
Opinión

El precio de la improvisación lo pagan otros en el surtidor

Vetar las exportaciones estadounidenses de diésel podría reducir la oferta total de hidrocarburos y terminar elevando todavía más sus precios

Refinería de Citgo en Corpus Christi (Texas, EE UU).ERWIN SEBA (REUTERS)

En los primeros días de la Administración de Trump se hizo popular la expresión flood the zone, inundar el terreno, como estrategia política de la Casa Blanca: abrumar a la opinión pública con anuncios, medidas reales y declaraciones casi siempre polémicas. Un mecanismo eficaz para bloquear a la oposición y despejar la agenda política, desde luego, pero obviamente ineficaz para solucionar problemas porque, como premisa, ese no es el objetivo. El presidente llega a las elecciones de medio mandato aún subido a esa ola, lo que forzosamente provoca que tenga cada vez más frentes abiertos y cada vez menos problemas resueltos. El coste de la vida fue probablemente uno de los motivos que brindó a Trump su incontestable victoria. Ahora es precisamente uno de los motivos que le debilita políticamente: la inflación está por encima del 3%, el diésel marca máximos históricos en 6,5 dólares el galón y la subida de los tipos de la deuda repercute en el mercado hipotecario. El principal causante de este contexto es el propio Trump y su decisión de abrir la caja de los truenos en Oriente Próximo.

Fiel a su estilo, en lugar de cerrar un frente, lo que conlleva siempre algún tipo de coste político, opta por abrir otro. La posibilidad de vetar las exportaciones de diésel ni siquiera genera consenso en la Administración. Primero, porque no está claro que sea una buena idea: el proceso de refino de un barril de petróleo no es tan flexible como a Trump le gustaría y, si hay menos diésel en el mercado, habrá menos gasolina. Así, si las refinerías de Estados Unidos no van a poder vender diésel al exterior, probablemente reduzcan la oferta total de hidrocarburos y suban los precios. En segundo lugar, la industria petrolera tiene un peso relevante en el partido y el Gobierno, y se vería muy perjudicada por una decisión de este tipo. Europa no entra en los planes de Trump, pero se vería muy castigada por una decisión en este sentido, pues EE UU es origen de gran parte de sus importaciones de diésel.

Otra capa de caos, en definitiva, sobre el ya generado por la guerra de Irán, cuyas consecuencias pagan también los consumidores españoles. Los mercados financieros van tomando nota, tanto de la perspectiva de más subidas de tipos ante el impacto de los combustibles como de las escasas perspectivas de que el conflicto acabe. Todo ello se traduce, gracias también a los déficits públicos, en unos tipos de interés récord para la deuda americana, instalada sobre el 5% en los plazos largos.

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