Mark Zuckerberg debe sus siete vidas al efecto red
El nuevo asistente de IA de Meta arrasa en descargas pese a una larga lista de tropiezos de la compañía

Nunca hay que subestimar el deseo de los consumidores de librarse de las tareas tediosas. Meta Platforms presentó a principios de mes su asistente personal de inteligencia artificial, llamado Muse, y ha sido un éxito que supera a rivales como ChatGPT y Claude. Pese a los muchos fiascos de su jefe, Mark Zuckerberg, los miles de millones de usuarios cautivos de la compañía son el foso defensivo que le permite experimentar.
Muse puede encargarse de todo tipo de tareas ingratas, como enviar correos electrónicos, reservar viajes, pelear por rebajar una factura o hacer una compra. El pasado viernes escaló al primer puesto de la tienda de aplicaciones de Apple en EE UU, donde sigue con más de 2,5 millones de descargas, según Sensor Tower.
El éxito inicial de Muse tiene un efecto riqueza. Las acciones de Meta cerraron el lunes con una subida del 11%, lo que sumó casi 175.000 millones de euros al valor de mercado de la compañía, que ya alcanza los 1,66 billones de euros. La versión básica de Muse es gratuita, pero la empresa prevé cobrar unos 17 euros al mes por otros servicios, y elevar la tarifa a unos 87 euros para los usuarios más intensivos. El aumento de valor de Meta, que coincide con la popularidad de la aplicación, implica unos ingresos adicionales de unos 21.000 millones de euros, si se aplica el múltiplo medio de la compañía en los últimos dos años, de ocho veces los ingresos sobre el valor empresa.
Sin embargo, Meta es una montaña rusa de posibilidades, y a la vista de su historial los accionistas harían bien en contar con nuevas caídas. En julio, sus acciones se hundieron un 8% después de que la empresa comunicara que su flujo de caja libre trimestral se había desplomado por el gasto en inteligencia artificial. Un mes después, aceptó pagar 15.700 millones de euros para cerrar las demandas presentadas por varios Estados por la seguridad de los adolescentes y la adicción en Facebook e Instagram. Las gafas Ray-Ban con inteligencia artificial de Meta, bautizadas como las gafas de pervertido, están en el centro de una polémica sobre privacidad. Zuckerberg también hizo una apuesta gigantesca por el metaverso, que ha contribuido a que las pérdidas acumuladas de su división Reality Labs rocen los 70.000 millones de euros.
Y esa lista no recoge todos los tropiezos de la compañía en las dos últimas décadas, entre los que figuran las acusaciones de injerencia electoral y el papel de su plataforma en la instigación de masacres en Myanmar. Aun así, nada ha descarrilado de forma permanente al gigante tecnológico. La gente sigue usando Instagram, Facebook y WhatsApp, cuyos usuarios activos diarios se mantienen estables en 3.600 millones. La preocupación por entregar los datos de la tarjeta de crédito u otra información sensible para que un robot se encargue de tareas aburridas no se está notando en las descargas de Muse.
Ese es el poder de reunir a más del 40% de la población mundial. Incluso quienes tienen redes más pequeñas demuestran capacidad de aguante. AOL, el proveedor de internet dominante en los años noventa, no cerró su servicio de conexión telefónica hasta el año pasado. La masa crítica de Meta oculta sus muchos fracasos.