Ir al contenido

Los humanoides chinos suspenden su primer examen en Bolsa

Unitree se dejó cerca del 30% desde el máximo que tocó al debutar en Shanghái

El consejero delegado de Unitree, Wang Xingxing, durante la Conferencia Mundial de Robots, en Pekín, el pasado 20 de agosto.Maxim Shemetov (REUTERS)

Wang Xingxing debería tener muchos motivos para sonreír. Unitree, el fabricante de robots humanoides que él mismo fundó, es la empresa más caliente de China, después de que sus acciones se dispararan un 460% en su debut en Shanghái ...

Para seguir leyendo este artículo de Cinco Días necesitas una suscripción Premium de EL PAÍS

Wang Xingxing debería tener muchos motivos para sonreír. Unitree, el fabricante de robots humanoides que él mismo fundó, es la empresa más caliente de China, después de que sus acciones se dispararan un 460% en su debut en Shanghái la semana pasada. Ese estreno catapultó al empresario, de 36 años, al club de los multimillonarios tecnológicos, el mismo que encabezan figuras como Jack Ma, de Alibaba. Por eso, cuando las imágenes de la ceremonia de salida a Bolsa, con un Wang de gesto sombrío, se hicieron virales, internet en bloque se hizo la misma pregunta. ¿Por qué no sonríe Wang?

A primera vista, la industria china del robot humanoide vive su gran momento. Mientras que Tesla, la compañía de Elon Musk, aún no ha vendido ni un solo androide, Unitree y rivales como Agibot van camino de despachar 100.000 unidades este año, según estimaciones oficiales. El mérito es en gran medida de la potencia manufacturera y de la cadena de suministro del país, sumada a un generoso apoyo estatal, que han colocado a los robots en una trayectoria parecida a la del sector chino del vehículo eléctrico.

Sin embargo, desde que tocó máximos en ese estreno espectacular, el valor de Unitree se desplomó casi un 30% y borró unos 12.000 millones de euros de capitalización. Aun así, con los casi 31.000 millones de euros que vale ahora, la empresa cotiza a más de 400 veces el beneficio previsto anualizado del primer semestre, lo que mantiene vivo el temor a una burbuja.

Una de las fuentes de inquietud es la tecnología. Los robots chinos siguen sin tener la inteligencia, la fiabilidad ni la destreza necesarias para completar tareas humanas sencillas. Los World Humanoid Robot Games celebrados esta semana en Pekín, apodados “las Olimpiadas de los Robots”, dejaron a la vista muchas carencias. El androide ganador, el Tiangong Ultra, pulverizó el récord humano de Usain Bolt en los 100 metros lisos, pero terminó empotrado contra una valla porque carecía de capacidad real de frenado. Algunos robots se incendiaron y a casi todos hubo que retirarlos en camilla, según la agencia AP. No es precisamente una muestra de confianza de cara a desplegarlos en entornos reales.

La propia Unitree admite que, de momento, sus productos tienen aplicaciones comerciales limitadas. Wang advirtió de que el gran salto puede tardar una década en llegar. Hasta entonces, la demanda se sostiene sobre todo en compras y subvenciones públicas, según nuestro análisis. Y la guerra de precios ya se recrudece. Unitree atribuyó a los elevados costes de I+D y a la competencia creciente el desplome del 53% interanual de su beneficio neto ajustado del primer trimestre. Con ese telón de fondo, y pese a su fortuna sobre el papel, Wang tiene poco por lo que sonreír.

Archivado En