Banca, aceleración con la IA y oleada de efectos colaterales
La inquietud por la fractura social no está en el frontispicio del debate político


El BBVA ultima su hoja de ruta para industrializar y escalar la inteligencia artificial (IA) a toda la organización. La estrategia, cuya implementación debería estar lista de aquí a final de año, pasa por extender a todo el grupo los ocho ámbitos de la entidad que actualmente cuentan con agentes de IA. El paso, de una u otra forma, lo están dando todas las entidades financieras y, de hecho, el conjunto del entorno corporativo. El Banco Santander, por ejemplo, también comunicaba hace unas semanas que prevé obtener este mismo año 200 millones extra gracias a la IA, vía incremento de la eficiencia, reducción de gastos y potenciales mayores ingresos. Hasta finales de junio, cerca de 40.000 empleados del banco ya utilizaban herramientas de IA de forma activa, si bien el plan es que tengan acceso a ellas sus 185.000 empleados.
El primer común denominador que se aprecia en este punto es la aceleración de los tiempos. Es decir, impactos que se esperaban para los próximos cinco o diez años van a producirse en apenas dos o en tres, al punto de que en el Ibex se opera ya con planes de contingencia para abordar los efectos colaterales de la mejora en procesos que afectan a toda la cadena de producción, desde la interacción con el cliente hasta los procedimientos internos o la toma de decisiones. Los números son esclarecedores. Según un reciente informe de Goldman Sachs, en las áreas limitadas donde se ha implementado la IA generativa, los estudios académicos indican un aumento promedio del 23% en la productividad, mientras las experiencias de las empresas sugieren ganancias en torno al 33%. La evolución, además, es vertiginosa.
Hay pocas dudas de que el fenómeno provocará capacidad excedentaria en las plantillas, si bien falta por definir si los perfiles sobrantes tendrán cabida en otros roles, provocando toda una reconversión en materia laboral, o si tendrán que dejar las compañías, escenario que abona el temor a una fractura social. Resulta llamativo que una inquietud que está en la agenda de las empresas, y que ya recogen los diferentes servicios de estudios, no esté en el frontispicio del debate político, entregado a menudo al corto plazo.
La transformación en las corporaciones, además, trasciende a los recursos humanos para alcanzar a los riesgos. En el sector financiero, el mejor ejemplo es el impacto de Mythos, la nueva inteligencia artificial de la multinacional estadounidense Anthropic, que ha sembrado el pánico por su capacidad para identificar brechas de seguridad. Todo un desafío, también regulatorio.