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Editorial
Opinión

La reapertura de Ormuz obliga a barajar de nuevo

El potencial desatado por el final del conflicto es menor, porque los mercados ya lo habían descontado

Plaza de Enqelab, en Teherán, el 18 de junio.ABEDIN TAHERKENAREH (EFE)

El estrecho de Ormuz está, según las autoridades marítimas en cuyo criterio se basan aseguradoras y navieras, abierto al tráfico. Los países del Golfo Pérsico trabajan en la reactivación de pozos e infraestructuras de exportación, y las firmas petroleras están dando ya avisos a los compradores para que procedan a recoger su carga. Lo peor de la crisis energética está claramente superado, no solo en unos mercados financieros que llevan semanas anticipando el acuerdo, sino también sobre el terreno. Una de las incógnitas que pendía sobre el mercado se ha despejado, al menos de momento. Más tarde de lo previsto, pero no tanto para hacer daño a un ánimo bursátil que, por otra parte, parece blindado: el S&P 500 lleva marcando un máximo tras otro desde mediados de abril. El Ibex, sin los esteroides de la inteligencia artificial, se sumó a la fiesta cuando el acuerdo estaba ya a medio cocinar. Pero la tendencia, el apetito por el riesgo, es común a prácticamente todos los mercados. A la Bolsa y también a la deuda, pues Estados, financieras y corporaciones están aprovechando el hambre inversora para colocar deuda.

La parte menos positiva de que los mercados hayan descontado desde hace mucho tiempo que el conflicto tenía los días contados es que el potencial desatado por su final es menor. De hecho, el resultado bien puede pasar más por un replanteamiento de la inversión que por una aceleración: la apuesta por la IA ha discurrido en paralelo a la guerra porque sigue un camino diferente, y una lógica aparte de las valoraciones clásicas. La visibilidad macroeconómica y de tipos tiene mayor impacto sobre la parte más tradicional de la economía.

Es imposible saber si en la segunda mitad de 2026 la diversificación será más rentable que el monocultivo tecnológico. Pero históricamente es una pauta de inversión más sólida. El Ibex afronta el verano en máximos históricos y, tras un 2025 excelente, la primera mitad de 2026 aporta un sólido rendimiento del 10% gracias, sobre todo, a la banca, como demuestra que el Santander haya alcanzado a Inditex en valor. A ojos del inversor que no tenga miedo a perderse algo (el llamado FOMO), las cotizadas españolas ofrecen una rentabilidad por dividendo mayor que el tipo de interés de la deuda a 10 años doméstica y levemente por detrás de la de Estados Unidos. Las perspectivas de reapertura del estrecho de Ormuz plantean un nuevo panorama al inversor: aunque la IA no ha perdido su empuje, ni mucho menos, hay un mundo más allá de SpaceX.

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