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Activos digitales

El crédito digital, la nueva arma de las tesoreras de bitcoin para salvar su negocio

Las empresas que emulan el modelo de Strategy optan por emitir instrumentos híbridos que pagan dividendos y son menos volátiles, pero están sujetos a la liquidez de la empresa

Michael Saylor, CEO de Strategy, en la Bitcoin 2021 Convention, en Miami (Florida). Joe Raedle (Getty Images)

Comprar, acumular y no vender nunca. Durante años este ha sido el mantra de Strategy, la empresa que más bitcoin acapara (un 3% del suministro) y que ha convertido a su cofundador, Michael Saylor, en un gurú del mundo cripto. Lo sigue siendo incluso ahora, tras anunciar su primera venta de bitcoin desde 2022 —revertida días después con nuevas compras—. Su fe inquebrantable por la criptomoneda y las subidas estelares en Bolsa (al menos al principio) hicieron que empresas de todo sector intentaran emularlo. Pero la estrategia solo funcionó mientras el bitcoin subía; su desplome llevó a muchas empresas a revertir su decisión. Otras, guiadas por Strategy, han aplicado ingeniería financiera a su particular modelo de negocio, con técnicas como el llamado crédito digital.

Cuando Strategy pivotó de su negocio de software al bitcoin, su estrategia era sencilla: emitir deuda y acciones y comprar bitcoins con el dinero obtenido. Una operativa que con el tiempo fue aumentando en complejidad y volumen: en 2025 anunció la emisión de media decena de instrumentos para recaudar hasta 84.000 millones de dólares en dos años. Además de las acciones comunes de las compañías, lanzó otras: Stretch, Stride, Strike, Strife, un laberinto de productos que confunde incluso al inversor experimentado. Se diferencian principalmente por el dividendo que pagan, su frecuencia y su convertibilidad, pero todas se basan en un fundamento común: la confianza en la revalorización de bitcoin.

La que ahora todos quieren emular es Stretch: un instrumento híbrido entre un bono y una acción porque ofrece dividendos elevados pero variables (un 11,5% actualmente), pero sin potencial de revalorización. Tampoco tiene vencimiento y, en caso de quiebra, sus titulares tienen la preferencia sobre los accionistas comunes. Desde su lanzamiento el pasado julio, este producto ha recaudado unos 10.500 millones de dólares, según datos de la empresa. Con los ingresos de la venta de Stretch, la firma compra más bitcoin: de allí el concepto de crédito digital.

No es la única en hacerlo. Strive, firma de gestión de activos y tesorera de bitcoin, ofrece un producto similar que paga a los inversores un interés anual del 13%, pero diariamente: su CEO, Matt Cole, explicó recientemente que con esta periodicidad quiere limitar la volatilidad cerca de las fechas de pago de los dividendos y les permite ofrecer un producto que se comporta más como una cuenta remunerada.

Otras se lo plantean, como Capital B, que cotiza en la Bolsa de París: ha acumulado 3.139 unidades de la criptomoneda, por un valor de 195 millones de dólares. Su estrategia pasa por adoptar el mismo modelo: “El crédito digital es nuestro enfoque principal. Queremos maximizar el número de bitcoin por acción y es la mejor forma de hacerlo. Nuestro objetivo es lanzar un producto para Europa lo antes posible, adaptado a la regulación”, explica Alexandre Laizet, director de estrategia digital de la empresa en una conversación con CincoDías.

Los defensores de este modelo creen que es interesante para los inversores que quieren exposición a bitcoin, pero sufren su volatilidad. En vez de comprar las acciones tradicionales de Strategy, que son como un bitcoin con esteroides y que amplifican sus subidas y sus caídas, pueden optar por este producto que paga dividendos y que no está sujeto a la volatilidad de la acción. Según Laizet, hay apetito: “Todo el mundo quiere dos cifras de rendimiento y menos volatilidad. Pocos están dispuestos a soportar la volatilidad de bitcoin”, asevera.

No obstante, los críticos señalan que la empresa debe ser capaz de cumplir con sus obligaciones. “Un dividendo del 11,5% requiere que la compañía tenga liquidez suficiente para pagar. Y el pago mensual incrementa el riesgo. Strategy tuvo una generación de caja negativa en 2025 y 2024, pues no sería de extrañar que tuviera problemas de liquidez”, advierte Javier Cabrera, analista de mercados.

Estas empresas tienen que pagar los dividendos de forma puntual y, cuantas más acciones preferentes emitan, mayor será el importe que tendrán que pagar y la presión sobre sus balances, que depende a su vez del precio de bitcoin. Así, los riesgos se agravan en un mercado bajista como el actual, en el que la criptomoneda vale la mitad que hace nueve meses. Estas caídas generaron un efecto dominó en las tesoreras, que se han desplomado: en un año los títulos de Strategy se han hundido más de un 70% y su valor de mercado, de unos 41.000 millones de euros, está por debajo de sus tenencias de bitcoin, de unos 52.400 millones. Capital B también está en caída libre: retrocede un 90% en un año.

Para asegurar el pago de dividendos a sus accionistas, Strategy vendió a finales de mayo 32 bitcoin, por un valor de 2,5 millones de dólares, por primera vez desde 2022. Es una fracción insignificante de su tesorería, pero suficiente para dar una señal negativa al mercado (aunque una semana después volvió a comprar, con bitcoin más barato, unas 1.550 unidades). Laizet justifica la decisión de Saylor. “Nuestro objetivo es acumular. Pero si emitimos crédito digital hay que honrar nuestras obligaciones. Vamos a utilizar nuestro bitcoin como colateral y nuestro balance. Y si esto significa que se necesita vender bitcoin, lo haremos. No es contradictorio: la capacidad de venderlos es lo que permite acumular más bitcoin”.

Cabrera duda de este modelo. Cree que en una fase bajista la compañía tendrá cada vez menos margen para recomprar bitcoin, lo que podría reducir sus tenencias cripto. “Este tipo de estrategias tiene las patas muy cortas y únicamente funciona cuando un activo sube con mucha fuerza durante mucho tiempo”, insiste. Y pone en cuestión el pilar sobre el que se ha construido el relato: si vender deja de ser una excepción para ser una necesidad, la promesa de acumular sin límites pierde credibilidad y, con ella, la confianza de los inversores.

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