Ormuz y SpaceX ponen un punto y aparte en el mercado
El mercado otorga mayor verosimilitud al acercamiento, con el precio del Brent como barómetro de paz


Resulta complicado dar por buenas, después de al menos media docena de ocasiones frustradas, las expectativas de que esta vez sí Irán y Estados Unidos pactarán un alto el fuego duradero que incluya la reapertura del estrecho de Ormuz. El mercado, sin embargo, dio el viernes a este acercamiento un mayor nivel de verosimilitud, al menos si se establece el precio del petróleo Brent como barómetro de la posible paz. El barril tocó niveles desconocidos desde las primeras dos semanas de la guerra, cuando el mercado esperaba una resolución rápida del conflicto.
El petróleo ya cotizaba en niveles relativamente bajos: creen los inversores que ambas partes no solo están condenadas a entenderse, sino también a hacerlo rápido. El silencioso pero creciente tránsito de buques por Ormuz también ha inyectado confianza. Por su parte, las Bolsas, que han permanecido aparentemente ajenas al Golfo, han tomado buena nota. En parte por la asimetría con la que encajan los partes bélicos, convencido el mercado desde hace meses de que la solución negociada era la única salida. Pero también, porque pese a lo anterior, que se despeje la ecuación del Golfo es una inyección de confianza para otras cuestiones que les preocupan algo más. Los tipos de interés y el apetito de los inversores por el riesgo; en concreto por las acciones tecnológicas.
Si los petroleros vuelven a circular por Ormuz, la presión inflacionista remite, lo que festejaron los mercados el viernes. Y la caída de la presión sobre los tipos de interés es otra excelente noticia para unos mercados de renta variable que han asistido a varios temblores en las acciones tecnológicas en las últimas sesiones. El mercado puede estar, de nuevo, ante otro punto de inflexión, que tan pronto puede encender aún más las valoraciones en el Nasdaq con el oxígeno de SpaceX como puede devolver los flujos de capitales a otros sectores aprovechando que se despeja una incógnita geopolítica de primer orden.
La casualidad ha querido que los máximos históricos del Ibex coincidan en el tiempo con la mayor colocación de la historia. La reapertura de Ormuz, de concretarse, no es, en ningún caso, una vuelta al mundo anterior al 27 de febrero. Ni el sector de la IA puede ser el mismo después de las millonarias OPV que se aventuran. En este sentido, aunque nadie pueda vislumbrar el futuro, es un hecho que el contexto económico y financiero ha cambiado. Los mercados están estos días en pleno punto de inflexión.