Ali y Mohammad Kharraz, la élite oculta detrás de la criptomoneda iraní
Mientras nadie sabía quiénes eran, los dueños de Nobitex construyeron el principal canal por el que el país esquiva las sanciones, y los ciudadanos protegen sus ahorros


Llevaban años ocultando su identidad. Ni siquiera personas cercanas sabían que los hermanos Ali y Mohammad Kharraz (Irán, 39 y 33 años), dueños de Nobitex, la mayor empresa de criptos de Irán, pertenecen a una de las dinastías más poderosas del régimen. Vestían modestamente, conducían coches baratos, firmaban con un apellido alternativo. En una entrevista de 2022, el mayor, Ali, dijo que sentía sobre la empresa “la presencia de una especie de ayuda sobrenatural en cada situación”. Tenía razón.
Una investigación publicada por Reuters ha destapado que los dueños de Nobitex son hijos del ayatolá Bagher Kharrazi –secretario general del ultraconservador partido Hezbolá de Irán– y nietos de un clérigo que fue profesor del actual líder supremo, Mojtaba Jamenei. Su tía está casada con un hermano de Jamenei. Su tío abuelo fue ministro de Exteriores: murió en el ataque estadounidense de abril. Los Kharrazi están emparentados por matrimonio con los tres líderes supremos que ha tenido la República Islámica desde 1979.
De ellos personalmente se sabe poco. No se ha hecho público si están casados, si tienen hijos, ni qué piensan del régimen al que pertenecen por familia y al que su plataforma sirve por arquitectura. Tampoco si siguen en Teherán o si han salido del país. Ali, el mayor, es una de las dos caras públicas de Nobitex junto al CEO, Amir Hosein Rad. Mohammad es el experto en blockchain.
El rial iraní lleva años en caída libre. Las sanciones occidentales han desconectado a Irán del sistema financiero internacional. Un iraní de a pie no puede tener cuenta en un banco extranjero ni operar legalmente en Binance o Coinbase. Vive financieramente encerrado en su país. Las criptomonedas son su única vía digital de acceso al sistema global, y como no puede usar exchanges extranjeros, tiene que usar uno iraní. Las mismas sanciones son un problema para el régimen. Irán vende petróleo a China y Rusia, y necesita repatriar esos ingresos sin pasar por la banca internacional. Necesita pagar a sus aliados regionales sin dejar rastro en transferencias Swift. Necesita comprar componentes para sus drones, su programa balístico y su programa nuclear a proveedores que aceptan un pago discreto. Un exchange iraní gestionado por gente afín al régimen es la herramienta ideal.
El banco central iraní envió 347 millones de dólares a Nobitex solo en el primer semestre de 2025. Durante la guerra, más de 100 millones han circulado por la plataforma. 54 han salido del país hacia brókeres que convierten criptos en efectivo sin preguntas.
Aghamir Mohammad Ali es el nombre legal original del clan, el que figura en los documentos de identidad junto al de Kharrazi. La diferencia es que el resto de la familia firma como Kharrazi, da entrevistas como Kharrazi, aparece en fotos oficiales como Kharrazi. Los dos estudiaron en la Universidad Sharif de Tecnología de Teherán, el equivalente iraní al MIT. Allí coincidieron con Amir Hosein Rad, doctor en Ingeniería Química y futuro consejero delegado de Nobitex. Los tres fundaron la empresa en 2018. Durante sus años de carrera, los hermanos firmaron exámenes, matrículas y trabajos como Aghamir Mohammad Ali; sus compañeros los conocían así.
Reuters entrevistó a nueve antiguos empleados de los hermanos. Solo uno dijo haber sabido directamente de ellos cuál era su verdadero apellido. El resto se enteró cuando salió el reportaje. Entre ellos había alguien que se consideraba “amigo cercano de muchos años” de Mohammad y que expresó conmoción al saberlo. Otro de los antiguos empleados había sido crítico abierto del régimen dentro de la oficina. Cuando supo quiénes eran realmente, dijo: “Me entró miedo. Había dicho muchas cosas duras contra el régimen y contra la religión”.
La oficina tampoco los delataba. Cuando en 2021 Nobitex se mudó a una sede nueva, los hermanos diseñaron un lugar que cualquier visitante habría tomado por una start-up europea. Zonas para jugar a videojuegos, ver películas, vistas panorámicas a la cordillera de los Alborz, oficina abierta en los festivos religiosos, empleadas sin obligación de llevar velo. Era exactamente lo contrario de lo que cabría esperar del entorno laboral de los hijos de un ayatolá ultraconservador.
Tampoco su forma de vivir: el primer coche de Mohammad fue un Saipa Pride, uno de los utilitarios más baratos del mercado iraní. Sin embargo, la dirección que hoy figura en su documento de identidad está en uno de los barrios más caros del norte de Teherán.
En junio de 2025, un grupo de hackers proisraelíes accedió a las carteras calientes de Nobitex y vació 90 millones de dólares en Bitcoin, Ethereum, Dogecoin y un centenar más de criptomonedas. No se los llevaron: los 90 millones quedaron literalmente quemados. Dos días después, los hackers publicaron en Telegram el código fuente de la empresa. El código mostraba dos sistemas paralelos: uno para los usuarios normales, con controles de cumplimiento estándar, y otro, separado, para clientes VIP, a los que el sistema dirigía por un camino que se saltaba esos controles. La empresa estaba técnicamente diseñada para tratar de forma distinta al ciudadano de a pie y al cliente políticamente conectado.
Lo más curioso es que, tres días antes de que se publicara el reportaje, el Tesoro estadounidense había anunciado una nueva tanda de sanciones contra lo que llamó la “arquitectura bancaria en la sombra” de Irán. Nobitex no estaba en la lista. Reuters no logra explicar la ausencia. Una hipótesis es que sancionar a Nobitex es sancionar al régimen, pero también a 11 millones de iraníes que tienen allí los ahorros que los protegen de la caída libre del rial. Nick Smart, jefe de inteligencia de Crystal Intelligence, que ha investigado los flujos de cripto iraníes durante cuatro años, lo formula así: “Es difícil separar al régimen de la gente que usa la plataforma”.
Ali y Mohammad Kharrazi son los nepobabies mejor escondidos de Irán, quizá del mundo. Han heredado el dinero, las conexiones y el régimen. Lo único que no han querido heredar es el apellido.
El mensaje quemado en la 'blockchain'
Los hackers no solo robaron y destruyeron 90 millones de dólares en criptos. Las direcciones a las que enviaron el dinero llevaban incrustadas frases como "F*ckIRGCterrorists". Allí permanecerá, asociado a esos innacesibles 90 millones, mientras exista la red.