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Opinión

Los subsidios de Tokio al combustible chocan con su tipo de cambio

Japón despliega ayudas contra la subida de los precios al tiempo que defiende el yen de la depreciación

Sanae Takaichi, primera ministra de Japón, llegaba a Canberra (Australia) el 5 de mayo.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)

La primera ministra de Japón, Sa­nae Ta­kai­chi, ha caído en una contradicción: está desplegando subsidios para atajar la inflación, que empeora a causa de la guerra en Oriente Próximo, al tiempo que las autoridades defienden el yen de la depreciación impulsada por la preocupación sobre sus planes de gasto presupuestario. En última instancia, algo tiene que ceder.

Por ahora, no será la moneda. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bes­sent, aterrizó ayer en Japón para discutir la debilidad del yen con la primera ministra, según la cadena NHK. Eso sucede tras las aparentes intervenciones en respuesta a la reciente caída de la moneda por debajo del umbral de 160 unidades por dólar, con otra ganancia del 1% el miércoles que sugiere que Tokio intervino de nuevo.

Pero los propios objetivos políticos de Ta­kai­chi van en contra de ese esfuerzo, a pesar de las promesas de una política presupuestaria “responsablemente proactiva”. En abril, su partido aprobó el mayor presupuesto anual de la historia de Japón, de 122 billones de yenes (660.000 millones de euros). Esa asombrosa suma se hizo más aceptable por el conocido deseo de la primera ministra de prescindir de los presupuestos suplementarios, que sirven para disparar el gasto a finales de año.

Pero las discusiones sobre un presupuesto de este tipo ya están en marcha en previsión de un mayor gasto, informó Nik­kei la semana pasada, ya que los subsidios a la gasolina introducidos en marzo para limitar el precio del combustible a 170 yenes (0,92 euros) por litro queman alrededor de 300.000 millones al mes (1.600 millones) de un fondo asignado de 800.000 millones (4.300 millones). Las autoridades también se mostrarán reacias a no renovar el apoyo a las facturas de la electricidad y el gas este verano.

Aquí está el núcleo de la tensión: Ta­kai­chi obtuvo una aplastante victoria electoral en febrero al prometer que un impulso presupuestario podría aliviar la carga del aumento de los precios e impulsar el crecimiento económico de Japón de una manera que aumentaría los ingresos fiscales lo suficiente para cubrir las nuevas necesidades de financiación. Esto es posible en teoría, y el Gobierno revelará este verano sus planes sobre cómo lograrlo exactamente. Hasta ahora, sin embargo, ha llevado a los inversores extranjeros a presionar el tipo de cambio, lo que encarece las importaciones y alimenta aún más la inflación. Si se añaden los subsidios energéticos, que difícilmente pueden clasificarse como un gasto que mejore la productividad, el camino hacia el éxito de Ta­kai­chi se estrecha.

La única salida es apuntalar artificialmente el yen. Sin embargo, el Ministerio de Finanzas ha señalado que, para cumplir con los criterios del Fondo Monetario Internacional de mantener un “régimen cambiario flotante”, solo puede intervenir dos veces más de aquí a noviembre.

Es improbable que esas reglas actúen como restricciones estrictas, pero que las citen sugiere que las autoridades no esperan que la presión a la baja sobre el yen se disipe si Ta­kai­chi fuerza los límites del gasto este verano. De cualquier manera, los mayores perdedores podrían ser los hogares japoneses, que se verán asfixiados por los mayores costes de importación debido a un yen más débil o se enfrentarán al aumento de las facturas de energía. Ninguno de los dos resultados cubriría de gloria a la primera ministra.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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