La tranquilidad de los bancos europeos podría ser efímera
Las entidades se muestran relativamente relajadas ante la guerra, pero el crecimiento puede estancarse

Los jefes de la banca europea se muestran relativamente relajados ante la guerra en Irán. El Santander, Deutsche Bank y sus homólogos apenas han elevado sus provisiones. El fuerte aumento de los beneficios ayuda a explicar esta calma, pero es poco probable que dure si el conflicto se prolonga y el crecimiento se estanca. Esta aparente tranquilidad se apoya en un sólido colchón de rentabilidad acumulado durante los últimos meses de política monetaria restrictiva.
El martes, Barclays no elevó las provisiones para insolvencia en relación con el conflicto, pese a reservar millones de libras para gestionar el coste del colapso de un prestamista hipotecario y un escándalo de financiación de automóviles en el mercado británico. Ayer, el Santander elevó las provisiones por insolvencia un 5%, hasta 3.200 millones de euros, en el primer trimestre; en torno al mismo nivel que en 2025, cuando no había una guerra que impulsara el precio del petróleo. Por su parte, las pérdidas crediticias totales esperadas de Deutsche Bank incluyeron una dotación de 86 millones por incertidumbres económicas causadas sobre todo por el conflicto. Aun así, las provisiones totales equivalían a solo 43 puntos de los préstamos, apenas por encima de los 39 del mismo periodo de 2025. Esta estabilidad sugiere que, por ahora, los departamentos de riesgos no detectan un deterioro sistémico de la calidad de sus carteras.
Hay varias razones. Para empezar, puede que muchos sigan confiando en que la guerra acabe pronto. También les anima que el encarecimiento de la energía obligue a los bancos centrales a mantener la subida de los tipos, lo que suele engrosar los márgenes de préstamo al repreciarse los activos más rápido que los depósitos. En 2021, antes de la crisis de Ucrania, la ROTE del Santander, Deutsche Bank y Barclays era de apenas el 10%, pero este año se espera que sea del 14%, estima Visible Alpha. Esta mejora dota a las entidades de una capacidad de absorción de pérdidas muy superior a la de la década pasada.
Los inversores parecen de acuerdo. Desde el 27 de febrero, las acciones de los mayores bancos europeos –incluidos tambuén UniCredit, el BBVA y ABN Amro– han caído solo un 5% de media. Es una reacción moderada dados los riesgos. Un salto sostenido de los precios del crudo golpearía la economía. Además, la subida de los tipos no es un regalo exento de riesgos: un endeudamiento más caro frena la demanda de crédito y dificulta que los hogares hagan frente a sus hipotecas. Todas estas presiones llegarán mientras se acelera la disrupción de la IA, que obliga a los bancos a invertir mucho en tecnología.
Ante estos riesgos, las valoraciones de la banca europea siguen altas. Entidades como NatWest, el Santander e Intesa cotizan holgadamente sobre su valor contable, lo que implica que el mercado espera beneficios extraordinarios sostenidos. En abril de 2022, los mayores bancos de la zona cotizaban, de media, a solo el 60% de su valor contable. Un retorno a ese nivel parece poco probable, pero una crisis duradera no los dejará indemnes por mucha solvencia que exhiban hoy.
Reino Unido
Por otro lado, es posible que los bancos no logren escapar al próximo zarpazo fiscal del Reino Unido. La ministra de Economía, Rachel Reeves, podría tener que subir los gravámenes bancarios a medida que la crisis de Irán golpea las finanzas públicas y tensa el déficit. Los inversores tienen motivos para preocuparse: Keir Starmer está bajo presión por escándalos institucionales y afronta un previsible mal resultado en las elecciones locales de mayo. Un sucesor más izquierdista podría ver en la banca un objetivo políticamente rentable.
Sobre el papel, los bancos son una palanca arriesgada de accionar. Si son menos rentables, podrían trasladar el coste a los clientes. Aun así, el sector ya soporta una carga considerable: desde 2011, el Gobierno ha establecido, además del impuesto de sociedades, una tasa basada en los depósitos nacionales y un recargo vinculado a los ingresos netos. Pero el anterior Ejecutivo conservador redujo este recargo al tiempo que subía Sociedades. Los impuestos bancarios, como proporción de los ingresos del Estado, cayeron del 5,9% de 2027 al 4,3% de 2025.
Las entidades no deberían temer un incremento de la tasa, como ha sugerido la oposición interna laborista. Las más rentables, NatWest, Lloyds y HSBC, elevarán su ROTE hasta el 19% entre 2026 y 2028, según Visible Alpha. Está holgadamente por encima de su coste de capital del 10%, un hecho reflejado en sus sólidas valoraciones bursátiles. Incluso un alza de cinco puntos porcentuales en el recargo sobre los beneficios, situándolo de nuevo en su máximo anterior del 8%, solo reduciría el beneficio neto del sector en un 5%, según Jefferies. Es cierto que el conflicto de Irán podría provocar una recesión, pero, con el tiempo, la mayor inflación empujará al alza la subida de los tipos y los rendimientos de los préstamos.
Reeves podría mitigar el rechazo comprometiéndose a usar la recaudación para financiar subvenciones energéticas específicas durante la crisis, imponiendo así un techo natural y un límite temporal al gravamen. Cualquier medida que ayude a estabilizar las finanzas públicas haría menos probables desenlaces extremos, como recortar las reservas del Banco de Inglaterra. A veces, incluso los impuestos tienen un lado positivo.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías