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Opinión

El aviso para navegantes de Deutsche Telekom

Si Bruselas no reacciona a tiempo, los grandes referentes europeos no dudarán en desplazar su centro de gravedad hacia jurisdicciones más competitivas

La vicepresidenta primera y comisaria de Competencia en la Comisión Europea, Teresa Ribera, en Barcelona el 17 de abril. Alberto Estevez (EFE)

En la última década, el sector de las telecomunicaciones en Europa ha operado bajo una paradoja: se le exige liderar la vanguardia digital del continente mientras se le imponen unas reglas de competencia que han atomizado el mercado hasta su irrelevancia global. Sin embargo, los vientos parecen estar cambiando: la noticia de que Deutsche Telekom estudia una megafusión con su filial estadounidense, T-Mobile, para consolidar el mayor gigante del sector a nivel mundial no es solo un movimiento corporativo, sino un síntoma de la urgencia estratégica que insta a Europa.

El tablero de las telecomunicaciones empieza a salir de su inmovilismo a través de una coreografía de movimientos corporativos de gran calado. Desde la opa de La Poste sobre Telecom Italia, que certifica una clara vuelta a la estatalización (que también ha tenido lugar parcialmente en Telefónica con la entrada de la SEPI en su capital), hasta la encarnizada pugna por el control de SFR en Francia, el sector busca desesperadamente una nueva estructura. En España, la consolidación se acelera con el movimiento de Orange para tener el control total de MasOrange.

Ante este escenario, voces autorizadas como la de Marc Murtra desde Telefónica, en sintonía con los CEO de las grandes operadoras continentales, claman por relajar la camisa de fuerza regulatoria de la Comisión Europea. El mensaje es unívoco: Bruselas debe permitir las fusiones necesarias para forjar verdaderos campeones europeos, capaces de competir en escala y capacidad de inversión con los gigantes de Estados Unidos y China.

La reciente disposición de la Comisión a flexibilizar sus estrictas normas para las grandes fusiones empresariales puede marcar un punto de inflexión histórico. Al reconocer la necesidad de relajar los dogmas de competencia para facilitar la creación de operadores transnacionales, la UE parece haber comprendido finalmente que la verdadera amenaza no es un mercado con menos actores, sino un continente con infraestructuras obsoletas frente a sus competidores globales.

En última instancia, la maniobra de Deutsche Telekom representa un rotundo aviso para navegantes: la posibilidad de articular una nueva sociedad fuera de Alemania para integrar su potente filial estadounidense es la prueba fehaciente de que, si Bruselas no reacciona a tiempo, los grandes referentes europeos no dudarán en desplazar su centro de gravedad hacia jurisdicciones más competitivas para asegurar su futuro global.

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