Ir al contenido
_
_
_
_
Breaking views
Opinión

La esperanza de SpaceX, valorada en 1,75 billones de dólares, depende de la imaginación de Musk

La empresa prepara una OPV en junio para buscar inversiones por 75.000 millones de dólares

Elon Musk en las instalaciones de Space X, en Brownsville, Texas. The Washington Post/ Getty Images

La mayor oferta pública de venta (OPV) del universo llega acompañada de dudas de proporciones galácticas. Elon Musk ha decidido que SpaceX debería valer 1,75 billones de dólares (1,48 billones de euros) cuando venda acciones al público. Sin embargo, sus negocios de cohetes, satélites e inteligencia artificial solo justifican, como mucho, algo más de la mitad de esa cifra. Para respaldar un precio tan astronómico, la compañía y sus bancos colocadores solo pueden apelar a la imaginación del magnate tecnológico.

La documentación de la OPV sigue siendo confidencial, por lo que la información financiera sobre el desempeño de la empresa sigue siendo escasa. Los detalles básicos que se han ido filtrando no son lo suficientemente impresionantes como para justificar tanto revuelo. Los ingresos superaron los 18.000 millones de dólares el año pasado, mientras que la empresa registró una pérdida neta de 5.000 millones, según The Information, citando a fuentes cercanas a la empresa. En pocas palabras, el precio de salida a Bolsa que se baraja implica un extraordinario múltiplo de aproximadamente 100 veces los ingresos históricos de una empresa que aún se encuentra en números rojos.

Algunas estrategias poco convencionales para la salida a Bolsa podrían tentar a los inversores a participar. SpaceX pretende vender acciones por valor de 75.000 millones, una proporción inusualmente pequeña (menos del 5% del valor total de la empresa), destinando una cantidad atípicamente grande, hasta el 30%, a inversores minoristas. Los proveedores de índices están ajustando las reglas de inclusión para que los fondos pasivos incorporen las acciones de SpaceX a sus carteras antes de lo habitual, impulsando aún más la demanda.

Sin embargo, al final serán los inversores quienes decidan si el negocio y las perspectivas de SpaceX justifican su valoración. Para abordar esa cuestión, resulta útil pensar en la empresa como si estuviera dividida en cuatro partes. Fabrica cohetes, gestiona la red de satélites Starlink y, tras una fusión a principios de este año, es propietaria de la empresa de inteligencia artificial xAI. La cuarta parte la constituye la imaginación de Musk.

Empecemos por los cohetes. Musk afirma que SpaceX transporta el 90% de toda la masa que se lanza actualmente a la órbita. Ha alcanzado esta posición reduciendo los costes mediante una fabricación eficiente y vehículos de lanzamiento mejorados. Cobra alrededor de 1.500 dólares por kilo para poner un objeto en órbita. El objetivo de Musk es quitar un cero a esa cifra y acceder a nuevos mercados con su cohete más nuevo, que se encuentra en fase de pruebas.

Sin embargo, el negocio de los cohetes es un pilar fundamental para la red de satélites de la empresa, que proporciona conectividad en zonas de difícil acceso del mundo. Según las estimaciones de la firma de análisis Quilty, se prevé que Starlink recaude 20.000 millones en ingresos este año, más del 50% de lo que ganó en 2025. Una forma de ver a Starlink es como un pionero en un nuevo mercado de las comunicaciones. Allá por 1990, los operadores de telefonía móvil crecían rápidamente y eran muy rentables. En aquel momento, Vodafone estaba valorada en unas ocho veces sus ingresos.

La comparación no es perfecta, ya que se desconocen los márgenes de Starlink tras tener en cuenta la depreciación de los satélites. Sin embargo, la unidad aún no se ha enfrentado a una competencia real; el servicio LEO, rival de Amazon, no comenzará hasta este verano. Por lo tanto, Musk podría tener la posición dominante en lo que podría ser un mercado aún mayor. Suponiendo generosamente que este negocio merezca un múltiplo de 32 veces los ingresos históricos, su valor rondaría los 640.000 millones.

Por último, está xAI, que el año pasado absorbió la red social X, de Musk. Según Bloomberg, gastó unos 8.000 millones en nueve meses del año pasado, aunque sigue por detrás de rivales como OpenAI y Anthropic. Valorar estas start-ups es un acertijo, pero supongamos que xAI vale los 250.000 millones que Musk atribuyó al negocio cuando lo fusionó con SpaceX.

El folleto de la OPV incluirá datos financieros actualizados e información sobre márgenes, amortizaciones y gastos de capital. Aun así, es poco probable que esa información cambie el panorama general, que es que los negocios actuales de SpaceX apenas explican algo más de la mitad de la valoración estimada, de 1,75 billones. Lo que realmente entusiasma a los inversores son las ideas fantásticas de Musk.

La ubicación de centros de datos en el espacio, por ejemplo, tiene el atractivo de la energía solar ilimitada. Musk afirmó en enero que las granjas de servidores en órbita podrían llegar a ser más rentables que las terrestres en “dos o tres años”. SpaceX ha presentado planes ante el Gobierno de EE UU para operar un centro de datos compuesto por hasta un millón de satélites. Suponiendo 100 kilovatios por satélite, eso supone alrededor del 10% de la capacidad actual de los centros de datos del mundo, según McKinsey. Si la versión espacial resulta más barata, hay margen de crecimiento.

Sin embargo, el coste de lanzar un panel solar al espacio supera actualmente el valor de la electricidad que generaría. Google estimó que en 2025 los costes de lanzamiento tendrían que bajar de los 200 dólares por kilogramo para que la energía en el espacio fuera tan barata como en la Tierra. Eso está muy por debajo de los costes actuales de SpaceX. El coste de la refrigeración también es elevado, mientras que la dureza del entorno supone una rápida depreciación.

Pero, ¿y si fuera posible? Esta es la pregunta que sustenta a SpaceX. Reducir los costes de lanzamiento podría hacer viables este y otros proyectos como la fabricación en gravedad cero, el turismo espacial y la minería de asteroides.

Invertir en ideas futuristas

Es posible que estos sueños nunca lleguen a ser económicamente atractivos. De hecho, quizá el valor que tienen para Musk resida precisamente en su carácter irreal. Tomemos como ejemplo la colonización de Marte, que le llevó a fundar SpaceX. Enviar seres humanos a 225 millones de kilómetros de distancia, a un mundo con una atmósfera irrespirable, radiación letal y un clima más frío que el de la Antártida, resultaría increíblemente caro. Musk ha estimado que una mejora mil veces mayor en la tecnología de cohetes podría reducir el coste a 1 billón. Supongamos que, dentro de 100 años, Marte vale 70 billones de dólares, o aproximadamente el valor de todas las acciones que cotizan hoy en EE UU. Si se aplica una tasa de descuento del 10%, el valor actual de la iniciativa es prácticamente cero. Aun así, el proyecto puede motivar a ingenieros y a algunos inversores.

Musk tiene un historial de convencer a los mercados para que apoyen ideas futuristas. El valor de Tesla es de 1,3 billones, no porque los accionistas esperen un aumento enorme de las ventas de vehículos eléctricos, sino principalmente debido a las esperanzas de que Musk presente robots humanoides y coches de conducción autónoma. No está claro cuándo llegarán, ni qué tamaño tendrán esos mercados. Pero los inversores de Tesla pagan por las perspectivas y se encogen de hombros ante un retraso tras otro. Puede que estén dispuestos a dejar de lado su incredulidad con respecto a SpaceX. Sin embargo, al final, los sueños de Musk tendrán que contener algo.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Buscar bolsas y mercados

_
_