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Editorial
Opinión

Del TACO al FOMO: la reapertura da la razón a los optimistas

Salvado, aparentemente, el escenario de crisis petrolera, queda la pregunta de en qué medida el ‘shock’ puede aflorar otras vulnerabilidades

El barco metanero GasLog Greece con 174.000 metros cúbicos de gas natural licuado descargaba este viernes en el puerto de Bilbao.LUIS TEJIDO (EFE)

El cambio de registro de los mercados en un puñado de sesiones, que ya antes de la reapertura de Ormuz dejó a las Bolsas mundiales en máximos históricos (o a tiro de piedra de estos), ha sido la enésima confirmación de dos hechos recurrentes: uno, que hacen falta muy pocas excusas para que el dinero regrese a la renta variable. Y, dos, que el filtro con el que los inversores escuchan las señales de la Casa Blanca no va desencaminado. Ya en los momentos más complicados del conflicto, la perspectiva de que un tuit de Donald Trump disparara los mercados disuadía a los operadores de pulsar el botón de vender. Y, después, al asumir paulatinamente que, si la guerra no escalaba, la tregua acabaría llegando.

El mercado puede haber sido complaciente, pero ha sido eficaz al detectar la sensibilidad de Donald Trump a la situación de los mercados, esa clave TACO (Trump always chickens out, Trump siempre se acobarda) con la que los inversores descifran el caos aparente que destila la Casa Blanca. Así, han reaparecido otras siglas, propias de 2025: el miedo a quedarse fuera o FOMO (fear of missing out por sus siglas en inglés). Temían perderse un tuit de Trump y, ahora, barruntan que en el día después se reabra el grifo del optimismo, canalizado por los nuevos desarrollos de la IA. El riesgo, en definitiva, no es el agravamiento de la crisis, o la llegada de una, sino perderse la fiesta.

Ahora bien, del anuncio de reapertura de Ormuz a la normalización del mercado va un trecho. Se tardará en recuperar la producción perdida, en reactivar pozos, en reorganizar el colapso logístico y, por tanto, en revertir la situación, crítica a día de hoy, en determinadas áreas de los mercados de hidrocarburos. Probablemente el brent incorpore, pese a un eventual acuerdo de paz, una prima de riesgo geopolítico. Y ya se ha producido un impacto en los precios que refleja los datos de inflación actuales. La reapertura ha llegado justo a tiempo para facilitar el escenario más benigno: sin los problemas de escasez real de suministros que se esperaban para abril o mayo, el repunte de los precios puede ser menos persistente.

Salvado, aparentemente, el escenario de crisis petrolera, queda la pregunta de en qué medida el shock puede aflorar otras vulnerabilidades. Algo que depende de los tipos de interés, tanto de corto plazo como de largo, que también notarán la menor presión alcista si reabre Ormuz. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, como todo viejo zorro de los mercados, sabrá la clásica cita de Warren Buffett: solo cuando baja la marea se ve quién estaba nadando desnudo.

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