Pekín marca su propio ritmo ante la reunión con Trump
El encuentro llega justo cuando EE UU parece estar más cerca de centrar su rivalidad priorizando los temas del Pacífico

Se cumple un año desde que la Administración Trump avivó el panorama internacional con la imposición de aranceles en el conocido como “día de la liberación”, abriendo una nueva etapa de relación con las economías mundiales en la que la rivalidad con China ha marcado el ritmo de las decisiones anunciadas desde Washington. La guerra comercial ha sido siempre el escaparate de una estrategia centrada en impulsar la innovación tecnológica y la industria militar estadounidense, pero no parece que vayan a ser los aranceles lo que centre el debate en la reunión entre Trump y Xi, sino un entorno internacional mucho más bélico, con Taiwán como telón de fondo.
Las tensiones en Irán obligaban a aplazar un mes y medio el encuentro entre Trump y Xi, y si los aranceles ya parecen una cuestión del pasado, no será el riesgo de que la economía china colapse por la escasez de importaciones de petróleo desde el golfo Pérsico lo que marque la agenda del encuentro. La reanudación de las operaciones del gigante naviero Cosco pasando buques portacontenedores por el estrecho de Ormuz, el primero en atravesar la zona de conflicto tras el inicio de la contienda, marca un punto de inflexión, al menos para China, que consigue mayor acceso al petróleo y al gas que otros países.
Solventado por el momento uno de los principales eslabones en la cadena de suministro de la economía china, acelerar el desarrollo de tecnología avanzada vuelve a centrar las prioridades de Pekín y, por ende, la rivalidad con Washington. Los objetivos anunciados por la industria de semiconductores de China pasan por alcanzar una autosuficiencia nacional de chips del 80% para 2030, mostrando la determinación de los fabricantes chinos de liderar la innovación tecnológica mundial. De esta forma, y manteniendo la inversión récord de 8.100 millones de dólares alcanzada en 2025, la industria china de chips apuesta ahora por conseguir el 60% del suministro nacional de productos de alto valor en un plazo de entre cinco y diez años.
A esto se suma la indicación lanzada desde Pekín de que los fabricantes de chips deben incorporar al menos un 50% de equipos tecnológicos chinos en la construcción de nuevas plantas. Un hito que ahora se antoja muy exigente, pero que se verá ampliamente compensado cuando China consiga reducir la brecha tecnológica con Estados Unidos.
Y es que el uso extensivo de inteligencia artificial y drones en las contiendas bélicas está propiciando que China no solamente ambicione autosuficiencia tecnológica en chips avanzados, sino que también busque actuar como actor relevante como exportador de tecnología militar. De hecho, el giro dado por China, al situarse como quinto mayor exportador de armas del mundo, con un 5,6% de cuota, y posicionándose fuera de los diez primeros puestos como importador mundial por primera vez desde 1991, refleja el vuelco dado en la estrategia perseguida por Pekín ante los desafíos que plantea la rivalidad con Estados Unidos en el Pacífico.
Así, cuando la presión sobre los aranceles ha decaído y el suministro de petróleo no parece que vaya a ser un problema para China, la rivalidad entre Washington y Pekín seguirá centrada en la batalla por las tierras raras, esenciales para la tecnología militar, y donde el gigante asiático lleva ventaja. Pero, para tomar la iniciativa de la reunión, Xi estaría además condicionando el encuentro con Trump incorporando las cuestiones del Pacífico, es decir, Taiwán, en la agenda de la visita.
Xi busca recuperar el estado de las relaciones entre EE UU y China previo al momento antes de que se retrasara su visita a Pekín, cuando advirtió a Trump de que la venta de armamento a Taipéi debía “manejarse con cautela”. Así, y para imprimir cierta ventaja estratégica ante el encuentro entre los dos grandes líderes, Xi ha invitado a la representante del Kuomintang, la oposición taiwanesa, a visitar Pekín buscando su apoyo apenas un mes antes de que se produzca la visita de Trump a China, en un intento de persuadir de nuevo a Washington de que limite la venta de armas a la isla.
Transcurrida casi una década desde la última visita de un representante del Kuomintang a Pekín, Xi hacía coincidir la invitación a la líder de la oposición mientras una delegación bipartidista de senadores estadounidenses estaba de visita en Taipéi respaldando la propuesta del Gobierno taiwanés de elevar el gasto en defensa. Taiwán busca compensar el desequilibrio militar con China invirtiendo en capacidades de autodefensa y disuasión con una partida adicional de 40.000 millones de dólares en armamento estadounidense. Una medida en línea con el objetivo de situar el gasto en defensa en el 5% del PIB para 2030, siguiendo las indicaciones de Washington.
Pasará un mes entre la visita de la líder de la oposición taiwanesa y el encuentro entre Xi y Trump en Pekín, pero la venta de armas a Taiwán será una cuestión bien presente en la agenda. Para entonces, los efectos de la guerra en el Golfo seguirán bastante activos, sobre todo si el conflicto de Irán se cerrara en falso tras varias semanas en las que Washington ha estado desplegando una estrategia militar en el Golfo que no ha pasado desapercibida para China.
De esta forma, Pekín marca su propio ritmo en las relaciones con Washington antes de la visita de Trump, al propiciar una inesperada reunión con la líder del Kuomintang. Un encuentro con Xi que la representante del partido opositor de Taiwán, afín a Pekín, ha considerado que tiene un “significado simbólico significativo”, y que se produce justo cuando Washington parece estar más cerca de centrar su rivalidad con China priorizando las cuestiones del Pacífico.