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Breakingviews
Opinión

La reapertura de Ormuz no depende únicamente de Trump

Si la interrupción dura tres meses, el petróleo a 100 dólares podría ser la nueva normalidad

Petroleros en la costa de Fujairah (Emiratos Árabes), este martes.Amr Alfiky (REUTERS)

Donald Trump está tomando conciencia de que cortar la ruta marítima más importante del mundo para el transporte de petróleo y gas tiene consecuencias nefastas. Esto queda claro por su apresurada decisión de restablecer el flujo a través del estrecho de Ormuz, ofreciendo seguros para los petroleros y enviando escoltas de la Marina de Estados Unidos. La idea evoca la guerra de los petroleros de finales de la década de los 80, cuando Washington protegió los envíos de petróleo durante la guerra entre Irán e Irak. Pero esta vez es poco probable que haya una solución rápida.

Los comerciantes dependen del estrecho canal al final del golfo Pérsico para transportar una quinta parte del petróleo y el gas del mundo. Apenas unos días después de un audaz ataque contra Irán que detuvo en la práctica los flujos comerciales, Trump se apresuró a tranquilizarles con la ayuda de Estados Unidos. En primer lugar, se ofrece a suscribir los riesgos que las aseguradoras privadas ya no quieren asumir a través de la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo (DFC) de Estados Unidos. La agencia está autorizada a proporcionar 1.000 millones de dólares en seguros de riesgo político por entidad, muy por encima del valor de un petrolero nuevo típico, que cuesta hasta 120 millones, según los analistas de Evercore. Tiene una responsabilidad máxima total de 205.000 millones de dólares.

En teoría, esta cobertura podría convencer a los propietarios de petroleros reacios a volver al Golfo. En la práctica, parece probable que ocurra lo contrario. Las tarifas de flete de los petroleros de gran tamaño casi se han duplicado desde enero, mientras muchas aseguradoras de riesgos de guerra se están retirando por completo. Una garantía del Gobierno podría cubrir las pérdidas financieras, pero no sirve de mucho para contrarrestar las amenazas de los drones, las minas marinas y las fuerzas lideradas por Irán. Una filial de la empresa estatal china Cosco Shipping, horas después del anuncio de la DFC, suspendió todos los nuevos servicios de reserva para las rutas pertinentes.

También se avecinan problemas operativos. El producto de seguro de la DFC puede seguir requiriendo largos procesos de aprobación, calcula Evercore. Mientras, los operadores de petroleros deben decidir ahora si vale la pena correr el riesgo.

E, incluso si la cobertura financiera se materializara rápidamente, la protección militar podría ser aún más difícil de conseguir. Durante la guerra entre Irán e Irak en la década de los 80, Estados Unidos lideró las operaciones de escolta, pero contaba con una flota más grande y podía presentarse como un guardián semineutral de las rutas marítimas. Hoy en día, la Marina de Estados Unidos tiene menos recursos disponibles, según los analistas de AXSMarine, y Washington es un participante directo en el enfrentamiento. Eso hace que los petroleros escoltados sean más propensos a convertirse en objetivos.

El contexto estratégico es aún menos indulgente. Los ataques a la infraestructura de exportación de Emiratos Árabes Unidos han demostrado que incluso las rutas alternativas son vulnerables. Saudi Aramco está explorando alternativas a través del mar Rojo, pero esa ruta se enfrenta a amenazas y hostigamientos por parte de los militantes hutíes alineados con Irán, y lleva cerrada de facto desde 2024. De hecho, el riesgo es tan alto que los propietarios de buques portacontenedores se mantuvieron alejados incluso después de que Trump lograra un acuerdo de paz con los hutíes en mayo, y solo recientemente han manifestado su intención de volver.

Si el cuello de botella sigue bloqueado, los precios del petróleo se dispararán aún más. Un cierre total sin compensaciones podría eliminar aproximadamente 20 millones de barriles diarios del suministro mundial, calculan los analistas de Goldman Sachs. Aplicando la regla empírica de Goldman, según la cual cada millón de barriles diarios de suministro de petróleo perdido durante un año añade 8 dólares al precio del petróleo, basándose en datos desde 1998, si la interrupción de Ormuz dura tres meses, esa fórmula sugiere que el crudo podría subir 40 dólares por barril. En ese escenario, el petróleo a 100 dólares se convertiría en la nueva normalidad.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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