Los bonos británicos no se mueven solo por el drama de Westminster
Con el episodio de Truss todavía rondando Whitehall, pocos se atreverían a forzar los límites

Para quienes están absortos en el drama perpetuo de Westminster, puede parecer impensable que el coste del endeudamiento del gobierno británico pueda moverse por cualquier otra razón. En el mundo real, el mandato de Keir Starmer es un recordatorio de que los bonos se guían por una amplia gama de fuerzas. La ideología de un posible sucesor podría tener una importancia sorprendentemente baja.
Aunque Starmer mantiene su puesto por ahora, las perspectivas de que sea reemplazado son cada vez más reales. Recientemente ayudó a bloquear a un posible rival, el alcalde de Greater Manchester, Andy Burnham, para que no se presentara al Parlamento de Reino Unido, anulando así un desafío al liderazgo. El primer ministro también se enfrenta a un nuevo peligro relacionado con el escándalo de Jeffrey Epstein. Al igual que en el intento de Burnham, muchos nombres que suenan como posibles sustitutos, incluidos el secretario de Energía, Ed Miliband, y la ex viceprimera ministra Angela Rayner, provienen del ala izquierda del partido. En ambos episodios, los analistas políticos han señalado pequeños aumentos en los rendimientos de los gilts como signos de una próxima inestabilidad fiscal.
Sin embargo, aunque los mercados de opciones sugieren un modesto repunte en la volatilidad de la libra esterlina, la razón por la que los bonos se han vendido durante el último mes está mucho más relacionada con las repercusiones globales; el lunes, por ejemplo, los rendimientos subieron en todas partes debido a la victoria electoral por mayoría absoluta de Sanae Takaichi en Japón. La deuda emitida por los países ricos a menudo se mueve al unísono.
Un análisis de Breakingviews sobre los movimientos semanales de los bonos a 10 años durante los últimos cinco años confirma el punto: el 57% del cambio acumulado en los rendimientos de los gilts se explica por los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE UU. Esto refleja las operaciones sincronizadas de los actores globales, la coordinación de la política monetaria entre los bancos centrales y, en menor medida, la inflación internacional que se traslada a los precios del Reino Unido. El riesgo fiscal, representado por los swaps de incumplimiento crediticio, solo tuvo importancia durante la crisis del minipresupuesto de Liz Truss en 2022 y ha desaparecido desde que Starmer asumió el cargo. Incluso la inflación puramente interna, que la jefa del Tesoro, Rachel Reeves, fomentó imprudentemente el año pasado al aumentar las contribuciones a la Seguridad Social, apenas ha sido un factor para los títulos a largo plazo.
Esto deja una categoría de “otros” como el segundo mayor impulsor de los gilts a 10 años. Es probable que muchas cosas se mezclen ahí, incluidas las ventas de bonos del Banco de Inglaterra, una menor demanda de las aseguradoras y el desinterés general de los inversores por el Reino Unido tras el Brexit. Pero este es el quid de la cuestión: a pesar de la atención que Starmer y Reeves dedican a las reglas presupuestarias, los costes de endeudamiento han aumentado bajo su mando, y principalmente debido a fuerzas que no controlan. Por la misma lógica, un mayor enfriamiento de la inflación y el empleo mundiales podría hipotéticamente pesar más que un nuevo primer ministro más gastador. Con el episodio de Truss todavía rondando Whitehall, pocos se atreverían a forzar los límites, de todos modos.
Sin duda, la elección de un candidato de izquierda provocaría una reacción inicial negativa del mercado y sufriría de mala publicidad. Esto plantea la cuestión de si el Partido Laborista debería esperar a un contexto global más favorable para los bonos antes de elegir a un líder emocionante. Sin embargo, si usted es un inversor de bonos a largo plazo, gran parte de esto podría acabar siendo simplemente ruido.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Pierre Lomba Leblanc, es responsabilidad de CincoDías.