El M&A se redefine ante el nuevo contexto global
Hoy el éxito depende de una lectura detallada de las tendencias sectoriales y su combinación con la visión internacional

Tras varios años marcados por la incertidumbre financiera y la inestabilidad geopolítica, el mercado de fusiones y adquisiciones (M&A) ha experimentado una notable desaceleración de su actividad a nivel global. En el periodo entre 2020 al 2024, el número de operaciones de compra/venta disminuyó a una tasa anual compuesta de más del 60%, y solo en 2024 cayó un 17%.
Sin embargo, tras este período, parece que esta situación se ha revertido: la actividad en 2025 ha mostrado señales claras de rebote con un crecimiento cercano al 10% en el número de transacciones a nivel mundial en comparación con 2024. Los factores que han contribuido a revertir esta tendencia son el ajuste en la diferencia de expectativas de precios entre vendedor y comprador, la estabilización de la inflación y los tipos de interés, y que los inversores han aprendido a sobrellevar la inestabilidad geopolítica.
Esta nueva situación global, política y financiera ha llevado a las empresas a una redefinición y transformación de sus estrategias, adaptándose a los cambios geopolíticos y regulatorios y tratando de aprovechar las nuevas oportunidades. En este contexto, dos sectores que han sabido adaptarse han sido el de Infraestructuras y el de Defensa y Aeroespacial.
El sector de Infraestructuras ha venido creciendo en los últimos años, principalmente por el bum del tráfico de datos, el almacenamiento energético y la inteligencia artificial. Los centros de datos, cuyo modelo de negocio implica inversiones de tamaño muy relevante, registraron un crecimiento del 30% en inversión directa en 2024, alcanzando más de 70.000 millones de dólares en valor de transacciones durante ese periodo.
Por otro lado, el almacenamiento de energía en baterías es considerado como la gran solución para el sector de las energías renovables, al tratarse de activos que conllevan una estabilidad y una visibilidad a un mercado cada vez más volátil e incierto. Actualmente, es uno de los activos con mayor interés, ya sea en proyectos stand alone o en proyectos de hibridación con otras tecnologías como la fotovoltaica o la eólica.
En cuando al sector de defensa y aeroespacial, que engloba distintos subsectores como la ciberseguridad, la inteligencia artificial, los drones o el espacio, se trata de un ámbito en que el interés inversor se ha incrementado de forma significativa en los últimos años, impulsado principalmente por la creciente inestabilidad geopolítica a escala global. Históricamente, este sector se ha considerado infra invertido, con escaso interés para los inversores financieros, estigmatizado como una industria no atractiva.
Las exigencias de inversión en el sector, y junto con una mayor predisposición de inversores y financiadores a destinar capital a estas actividades, han permitido que las compañías tengan acceso a los recursos necesarios para acometer proyectos y planes de expansión que años atrás no estaban contemplados.
Tras la invasión de Ucrania, 22 de los 31 países miembros de la OTAN han alcanzado el objetivo de destinar el 2% de su PIB a gasto en defensa, frente a tan solo 9 en 2020. Asimismo, los presupuestos europeos de defensa aumentaron un 23% entre 2022 y 2024 –la mayor subida en décadas–, lo que ha venido acompañado de un notable incremento de los inversores financieros a nivel global.
En relación con el sector en España, el país cuenta con buenas capacidades tecnológicas y de talento, pero arrastra años de inversión limitada que han reducido su capacidad productiva. Las cadenas de suministros, las líneas de producción o los procesos de certificaciones, necesitan de inversiones relevantes en el corto plazo. Sin embargo y a diferencia del resto de países de la UE, la inversión en España sigue alejada de las exigencias: el presupuesto público de defensa español sigue rondando el 1,3% del PIB, lejos del 2% marcado por la OTAN.
La elevada fragmentación del tejido industrial está acelerando procesos de consolidación y atrayendo a inversores que están dispuestos a pagar primas por empresas ya escaladas y con procesos maduros. En sectores más industriales –especialmente manufactura pesada– se está viendo un aumento de la actividad ligado a la reindustrialización europea, la relocalización de cadenas de suministro y las exigencias de eficiencia energética. Esto ha dado lugar a ventas de activos no estratégicos y adquisiciones orientadas a reforzar escala, eficiencia operativa y acceso a tecnología avanzada.
En conclusión, podemos afirmar que el M&A actual es menos impulsivo y mucho más selectivo. La interacción entre operaciones corporativas y procesos de reestructuración financiera obliga a integrar análisis económicos, sectoriales y estratégicos con mayor precisión. A lo que se añade que, en un entorno global, el comprador adecuado no siempre está en el mercado local, por lo que la visión internacional y la independencia en el análisis se han vuelto claves.
El interés por el M&A no ha disminuido; simplemente ha cambiado su dinámica. Hoy el éxito depende de procesos más rigurosos, una lectura detallada de las tendencias sectoriales y la capacidad de combinar conocimiento sectorial y visión internacional.