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Editorial
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Las criptos y la parte del pastel bancario

La mejor solución para lidiar con esta nueva tecnología no es fijarse en cómo presta sus servicios, sino en qué servicios presta

El desarrollo de la normativa en Europa y Estados Unidos ha normalizado la inversión cripto, a la que se dirigen nuevas categorías de inversores, y ha modificado el mismo ecosistema. El bitcoin, en parte víctima de su propio éxito, languidece sin la adrenalina que enganchaba a sus fanáticos. Pero la industria ha volcado sus esfuerzos en las criptodivisas estables. Estos símiles digitales del dinero estándar permiten a las plataformas cripto dar servicios muy similares a la banca en condiciones casi de igualdad. El mejor ejemplo de ello es la premura con la que las entidades tradicionales europeas exploran la creación de estos activos.

La batalla está más avanzada en Estados Unidos, donde entre otras cosas la industria cripto cuenta con la Administración federal de su parte. La pelea, hoy, está en la capacidad de estas divisas para pagar rendimiento, es decir, para hacer algo equivalente a remunerar los depósitos, pero con una reglamentación diferente. El debate en Europa no existe, pues la aproximación reglamentaria es más conservadora. Y con razón. Durante años la industria cripto se ha apoyado tanto en la ausencia de reglas como –o más que– en las ventajas tecnológicas. El resultado ha sido una incidencia de fraudes y colapsos propia de una gran crisis financiera... cuando el sector vivía un crecimiento explosivo.

Si dichas ventajas de la tecnología blockchain son factuales, las plataformas cripto darán a los clientes un servicio más eficiente: sea en pagos, en depósitos o en préstamos. Y, aunque fomentar la innovación en las tecnologías emergentes es una pata fundamental de las políticas públicas, hacerlo en un ámbito tan sensible como la estabilidad financiera parece más una versión arriesgada del mercantilismo de toda la vida.

Las stablecoins ya han despertado entre banqueros centrales y economistas recelos por riesgos potenciales de fuga de depósitos en casos de crisis, de pérdida de control de la política monetaria o de distorsión de los mercados de deuda. Además, en términos de protección del cliente, los depósitos bancarios clásicos están respaldados por un fondo de garantía y regulados por una normativa estricta. Obviamente, en los recelos de la banca tradicional ante los servicios financieros digitales hay una parte de no querer compartir la tarta. Pero, tanto desde el punto de vista de la estabilidad financiera como de la protección del cliente, la mejor solución para lidiar con esta nueva tecnología no es fijarse en cómo presta sus servicios, sino en qué servicios presta.

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