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Los vientos favorables en Sudamérica impulsan la carrera por TAP

Portugal está en una posición sólida para obtener un buen precio por una participación en la aerolínea de bandera

Avión de TAP despegando de San Francisco (California, EE UU).Anadolu (Anadolu via Getty Images)

Los aficionados a la aviación estarán familiarizados con El vuelo, la película de 2012 en la que Denzel Washington salva la situación pilotando su avión averiado boca abajo. Probablemente eso no sea posible en la vida real, pero en el mundo de las redes de aerolíneas europeas se está produciendo un cambio similarmente curioso, a medida que las rutas del Atlántico Sur ganan terreno a sus rivales del norte. Esta tendencia coloca a Portugal, con sus conexiones con Brasil en particular, en una posición sólida para obtener un buen precio ...

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Los aficionados a la aviación estarán familiarizados con El vuelo, la película de 2012 en la que Denzel Washington salva la situación pilotando su avión averiado boca abajo. Probablemente eso no sea posible en la vida real, pero en el mundo de las redes de aerolíneas europeas se está produciendo un cambio similarmente curioso, a medida que las rutas del Atlántico Sur ganan terreno a sus rivales del norte. Esta tendencia coloca a Portugal, con sus conexiones con Brasil en particular, en una posición sólida para obtener un buen precio por una participación en la aerolínea nacional TAP.

En lo que respecta a los viajes de larga distancia, Norteamérica sigue siendo el pilar fundamental de las aerolíneas europeas. Los analistas de Barclays estimaron en marzo que más de la mitad de los beneficios operativos de Deutsche Lufthansa, Air France-KLM e IAG procedían de los servicios del Atlántico Norte, gracias a los estadounidenses adinerados que pasan sus vacaciones en Europa, al auge de los viajes de negocios y al crecimiento generalmente moderado de la capacidad. Los vuelos transatlánticos también han cobrado mayor importancia en los últimos años, ya que el cierre del espacio aéreo ruso a muchas aerolíneas europeas ha encarecido las rutas asiáticas y las ha hecho menos competitivas.

Pero el Atlántico Sur está en auge. Uno de los factores es que la región está creciendo con relativa rapidez: el Fondo Monetario Internacional dijo en octubre que esperaba que el PIB de Sudamérica creciera un 2,7% en 2025, frente al 2% de Estados Unidos y el 1,2% de la zona euro. Esto tiende a aumentar la demanda de viajes aéreos: Boeing estimó el año pasado que el crecimiento del tráfico latinoamericano sería de una media del 4,3% anual hasta 2044, por encima del nivel mundial.

En España, en particular, el aumento de la inmigración procedente de Sudamérica –con un crecimiento interanual en 2023 del 15% o más en el número de argentinos, venezolanos y colombianos en el país– también ha impulsado la demanda de viajes transatlánticos, lo que ha contribuido al marcado cambio de tendencia en los márgenes de Iberia, propiedad de IAG.

Por lo tanto, es un buen momento para que el Gobierno portugués subaste una participación del 44,9% en la aerolínea de bandera del país, TAP, con la esperanza de recuperar parte de los 3.200 millones de euros que ha inyectado en la empresa desde 2020. IAG, Air France-KLM y Luft­hansa han manifestado formalmente su interés. Entre los atractivos de TAP se encuentran su joven flota, su posición dominante en las rutas entre Lisboa y Brasil y un margen operativo ya respetable del 9% en 2024, superior al de Luft­hansa o Air France-KLM.

También es una de las últimas grandes aerolíneas independientes en un mercado europeo cada vez más concentrado. Es probable que IAG lleve ventaja a los demás pretendientes: tiene un menor apalancamiento y no está lastrada por adquisiciones recientes, mientras que Lufthansa y Air France-KLM trabajan en la integración de la italiana ITA y la escandinava SAS, respectivamente.

Una cuestión podría ser la valoración. El precio de venta potencial de 700 millones de euros por la participación minoritaria, según informaron el año pasado el diario italiano Corriere della Sera y el español Okdiario, citando fuentes cercanas, implicaría un capital social de 1.500 millones y un valor empresarial de 3.800 millones, calculó Bernstein en noviembre utilizando los niveles de deuda de 2024. Eso equivale a un múltiplo del ebitda de 2024 de más de 4 veces, aproximadamente un 25% más alto que la media de sus tres posibles compradores, señaló la correduría. Sería un precio elevado a pagar dada la posible falta de control: Portugal aún no ha indicado que el ganador de la subasta podrá adquirir la propiedad mayoritaria. Aun así, el auge actual del Atlántico Sur y el miedo a perderse la oportunidad podrían dar a la subasta un impulso favorable.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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