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Editorial
Opinión

La alimentación española ante el desbloqueo de Mercosur

Hay un nuevo, y enorme, mercado que explorar

Más de un cuarto siglo después, la Unión Europea y el bloque sudamericano conocido como Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) parecen al fin dispuestos a firmar la creación de la que sería la zona de libre comercio más grande del mundo, con un volumen de 720 millones de consumidores potenciales. La alimentación española, muy particularmente los sectores del vino y del aceite, reciben un balón de oxígeno en forma de oportunidades de negocio.

Fue allá por 1999 cuando se iniciaron unas conversaciones que hace un año parecían a punto de cristalizar pero que, por enésima vez, se estancaron. Apalabrado el apoyo de la mayoría de Estados en el Consejo Europeo, el acuerdo tendrá que ratificarse en un Parlamento donde la elevada presencia de grupos ultras va a suponer un nuevo obstáculo. La oposición de países como Francia tampoco va a suavizarse.

Ya llegará ese capítulo. Para la Unión Europea, el área económica más abierta del mundo al comercio internacional, cerrar acuerdos con otras zonas del mundo se había convertido en una necesidad geopolítica y casi vital desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca, y con China siempre como vector desestabilizador por sus bajos costes de producción. La unilateralidad del presidente de Estados Unidos está fuera de duda; así actuó en aquella suerte de rifa con carteles gigantes que él mismo denominó “día de la liberación”, en realidad, una guerra comercial contra el resto del mundo. No es diferente en otros planos. Intervenciones militares como la de Venezuela, hace una semana, solo se entienden como una continuación de su lista de intereses económicos como la. Europa no podía seguir perdiendo pie en esta refriega por enfrentamientos internos: abrochar un acuerdo con 30 años de telarañas ya es de por sí una buena noticia.

A España, sin embargo, le importa mucho más el contenido que la forma del acuerdo. Según datos de la patronal de los fabricantes alimentarios, en el año 2024 la balanza comercial con los países de Mercosur fue deficitaria: las exportaciones fueron de 329 millones, mientras que las importaciones superaron los 2.200. Sin duda, los aranceles que dichos países mantenían en algunos productos acababan desincentivando la entrada de marcas nacionales. Una barrera que ahora ha cambiado de frontera, trasladándose miles de kilómetros al norte, a Estados Unidos. De ser el cuarto país al que más se vendían productos alimentarios españoles, el mercado de la primera potencia mundial pasa a no ser imprescindible. Hay un nuevo, y enorme, mercado que explorar.

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