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Breakingviews
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La moda rápida de Shein conlleva rápidos riesgos financieros

Tiene poderosos detractores y la competencia de Temu, y puede caer en la tentación de crecer en tiendas físicas

shein
Tienda pop-up (fugaz) de Shein en un centro comercial de Singapur, el 4 de abril.Edgar Su (REUTERS)

Una muestra de cómo internet ha cambiado la forma en que los consumidores compran ropa es el “botín Shein”. Se trata de un acontecimiento de las redes sociales en el que los clientes de la aplicación epónima sacuden una gran caja de productos a bajo precio y examinan su contenido. Algunos artículos valen la pena, otros no. El elemento sorpresa es sin duda emocionante para los amantes de la moda. Para los inversores que tratan de averiguar si Shein vale unos 50.000 millones de dólares o si puede cuadruplicar esa cifra, la incertidumbre es menos agradable.

La propia empresa de Singapur es una especie de sorpresa. Surgió prácticamente de la nada para hacerse con una parte considerable del mercado conocido como moda rápida gracias a sus bajos precios, su rapidez en el diseño y la entrega, y el uso inteligente de influencers. La mayoría de los proveedores de Shein están en China, pero sus clientes están sobre todo en EE UU. Sus ventas mundiales, que según fuentes cercanas superaron los 30.000 millones de dólares en 2023, se acercan ya a los 39.000 millones de Inditex.

Aunque Shein ofrece de todo, desde esmóquines por debajo de 40 dólares hasta joyas con forma de pollo frito, un artículo que aún no está a la venta son sus propias acciones. Esto podría cambiar si la Comisión del Mercado de Valores de EE UU, la SEC, y la agencia china autorizan una OPV en Nueva York. Londres es una alternativa, al igual que Singapur. En todo caso, es buen momento para que los posibles inversores evalúen la empresa.

A primera vista, parece un minorista online. Pero es engañoso, porque la empresa en realidad comercia con datos. Recopila información sobre la forma de navegar de los consumidores y sobre qué les toca la fibra, en una hazaña de análisis de comportamiento análoga al algoritmo que impulsa TikTok. A continuación, facilita esa información a unos 5.000 fabricantes, que pueden crear pequeños lotes de productos que se venden en la plataforma de Shein. A diferencia de un minorista tradicional, carece de la carga de la producción en masa, de una red de tiendas físicas o de pilas de ropa sin vender.

Shein divulga poca información financiera sobre su negocio. Pero si puede seguir aumentando sus ingresos al ritmo actual, en torno al 40%, sus beneficios podrían ser enormes. Según Euromonitor International, las ventas de ropa y calzado en el mundo, exceptuando China, ascenderán a 1,3 billones de dólares en 2025. Si la empresa logra captar el 5% de esa cifra –la misma cuota que tiene Nike en EE UU–, sus ingresos superarían los 60.000 millones.

Por ahora, se centra en la moda. Pero su oferta de cadena de suministro como servicio –basada en hacer llegar directamente a los fabricantes datos en tiempo real sobre los gustos de los clientes– podría aplicarse a otros productos. Según eMarketer, las ventas mundiales, exceptuando China, de ecommerce se situarán este año en torno a los 3,4 billones de dólares. Si Shein captara el 5% de esa cifra, sus ingresos se acercarían a los 200.000 millones. Con un margen de beneficio neto del 10% –a medio camino entre Inditex y Amazon–, ganaría unos 20.000 millones al año. Con un múltiplo no muy ambicioso de 10 veces, valdría 200.000 millones.

El año pasado, una captación de fondos valoró la empresa en unos 66.000 millones de dólares, lo cual sugiere que los inversores están aplicando un fuerte descuento a tales supuestos. Tiene poderosos detractores, y eso justifica cierto escepticismo. Los parlamentarios franceses aprobaron en marzo un proyecto de ley para penalizar a las empresas de confección que produzcan moda destinada a los vertederos. Es posible que se cierre una laguna fiscal que permite que los paquetes de poco valor enviados desde fuera de EE UU eviten los gravámenes a la importación, como ha reconocido Shein.

Temu, otro minorista online turboalimentado propiedad del gigante tecnológico PDD, fundado en China, es otra amenaza. Ha crecido incluso más rápido que Shein, acumulando en torno a los mismos ingresos en EE UU en menos de 18 meses, según Euromonitor, aunque vendiendo otros productos aparte de ropa. Si la rivalidad se intensifica, Shein podría tener que sacrificar cierto margen para defender su terreno. Con una rentabilidad de solo el 3%, por ejemplo, esa valoración de 66.000 millones parecería adecuada. Y la lucha podría ser contraproducente para ambas. Algunos congresistas de EE UU afirman que Shein y Temu están “construyendo imperios”.

Una cuestión importante para los inversores en OPV es qué aspecto tendrá Shein dentro de unos años. Para las empresas nuevas y de rápido crecimiento, eso es casi imposible de responder. Amazon, otrora un mercado minorista, ahora también ofrece servicios informáticos en la nube y posee salas de cine. Meta ha invertido miles de millones en el metaverso, un concepto que habría sido totalmente ajeno a los compradores de su OPV, en 2012.

Amazon y Meta han seguido recompensando a sus accionistas. Alibaba ofrece una historia más aleccionadora. La firma de ecommerce dominante en China salió a Bolsa en Nueva York en 2014 con una valoración de unos 160.000 millones de dólares y el sueño de convertirse en la mayor plataforma de intercambio de datos del mundo. Su valor de mercado se cuadruplicó y luego retrocedió a 200.000 millones, víctima de la sobreexpansión, la diversificación hacia el comercio físico, la feroz competencia y las fricciones políticas.

La empresa fundada por Jack Ma es muy diferente de Shein. Su cliente típico está firmemente asentado en China, mientras que el de Shein está en todas partes. Ma cortejaba los focos; el fundador de Shein, Sky Xu, mantiene un perfil bajo. Pero ambos comparten el objetivo de convertirse en intermediarios de datos entre muchos pequeños proveedores y miles de millones de consumidores. Alibaba aprovechó sus datos para ofrecer servicios financieros y complejos centros logísticos. Shein también podría evolucionar de formas imprevistas.

Por ahora, el mayor punto fuerte de esta empresa es probablemente su falta de activos físicos e inventario. Uber y Airbnb demuestran que los inversores recompensan los balances magros. Pero las empresas otrora esbeltas pueden ganar peso con la edad. Los activos totales de Amazon se han multiplicado por diez en una década; los de Alibaba lo han hecho por casi 30 en el mismo periodo. Pese a su juventud, Shein ya ha hecho algunas adquisiciones estratégicamente extrañas, como la problemática marca británica Missguided y una participación en el minorista de EE UU Forever 21. Un mayor giro hacia las tiendas físicas atenuaría el atractivo de Shein.

Estas son las preguntas que afrontarían Xu y el presidente, Donald Tang, si la OPV pasara del libro de bocetos a la fábrica. Como han demostrado muchas estrellas caídas de la tecnología, cuanto más rápido se eleva una empresa a la grandeza, más difícil puede ser trazar su futuro. El reto de Shein es, por tanto, conservar la agilidad de la moda rápida sin sacrificar el aspecto atemporal que valoran los inversores: ser rentable y predecible.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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