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Editorial
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Más información sobre el ingreso mínimo vital

El éxito de las prestaciones sociales está condicionado siempre por una doble vertiente, cuantitativa y cualitativa, una máxima a la que no escapa el IMV

CINCO DÍAS
Seguridad Social
Marta Fernández (Europa Press)

Entre las incógnitas que impiden hacer un balance realmente ajustado del funcionamiento del ingreso mínimo vital (IMV), que se aprobó durante la pandemia con el voto favorable de casi todo el arco parlamentario, figura la denominada brecha de cobertura, es decir, el número de potenciales beneficiarios que no reciben la ayuda. Una cuestión sobre la que el Gobierno no está proporcionando información y que solo la Airef ha abordado de forma pública hasta el momento, para concluir que en 2022, último año analizado, un 58% de los potenciales beneficiarios del IMV no solicitaron la ayuda y que esta llegó solo a un 36% de los hogares con derecho a ella. A esos números se añaden ahora otros, de un estudio reciente, que señalan que cuatro de cada diez posibles beneficiarios desconoce siquiera la existencia de la renta mínima vital y que una alta proporción de quienes tienen derecho a ella y no la reciben creen que no cumplen los requisitos o que no les corresponde recibirla.

De los datos que sí proporciona el Gobierno se deduce la utilidad que tiene el IMV y su papel en la reducción de la pobreza para los hogares que lo reciben. Según las últimas cifras, en España se benefician de la renta vital, en cifra acumulada desde 2020, 557.405 familias, lo que supone un total de 1.669.361 personas. Pero ese balance tiene que analizarse a la luz de las aproximaciones sobre la brecha de cobertura, que dibujan la radiografía completa, y que apuntan no solo a que existe un alto porcentaje de hogares que no recibe la prestación, sino al amplio desconocimiento que hay sobre sus requisitos, pese a los intentos del Gobierno por publicitarlos, lo que demuestra un serio problema de eficiencia en la comunicación.

Desde la Seguridad Social se señala que la brecha de cobertura que maneja la Airef está desfasada, lo cual no es extraño dado que los últimos datos son de 2022, y se argumenta que la mejora del mercado laboral ha modificado esos números, una cuestión que se aclararía si el propio Ejecutivo proporcionase todos los datos. Parece evidente que el éxito del IMV depende directamente de una buena comunicación, de una gestión lo más sencilla posible y de una reducción al mínimo de la burocracia necesaria para solicitarlo.

El éxito de las prestaciones sociales está condicionado siempre por una doble vertiente, cuantitativa y cualitativa, una máxima a la que no escapa la renta vital. No en vano la ayuda nació con un objetivo específico, el de reforzar la protección social de un modo ágil y menos burocrático, y esa seguirá siendo la clave de su eficacia.

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