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Opa hostil
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Por qué Fainé se moviliza para blindar la obra social (e industrial) en Criteria

Afianza los cimientos para que el proyecto y su legado perduren, al tiempo que confía en Ángel Simón para lidiar con los vaivenes de la política catalana

Isidro Fainé, presidente de La Fundación La Caixa.
Isidro Fainé, presidente de La Fundación La Caixa.

Anda Isidro Fainé desazonado. Dicen ejecutivos de larga trayectoria que departen puntualmente con el presidente de Criteria, brazo inversor de la Fundación La Caixa, que no llega del todo a comprender el escaso realce que los medios de comunicación conceden a la obra social que abandera la entidad, a fin de cuentas la razón final de engordar durante años la ingente cartera industrial que la financia vía dividendos. Ni siquiera en 2023, año en que la institución manejó un presupuesto superior a 538 millones de euros, el más alto de su historia, encontraron el eco que merecían, a juicio del ilustre ejecutivo, sus aportaciones para vacunar a nueve millones de niños en África y América Latina, los programas tecnológicos y educativos desarrollados en el marco de ProFuturo o sus ímprobos esfuerzos por limitar la pobreza infantil en alianza con la ONU. Lamenta el empresario manresano, sotto voce, que la inversión social y el discurso humanista, sencillamente, no venden.

Ese nivel de inquietud personal no solo es fácil de percibir en sus interacciones privadas, sino que recorre sus intervenciones públicas, eso sí, para buen entendedor. Durante el último Congreso de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE), celebrado en Granada, Fainé puso énfasis en priorizar los valores personales y en apostar por los empleados como verdaderos “pilotos de la empresa”, en tanto transmisores del mensaje de la misma. “Como buenos directivos y líderes tendríamos que ser conscientes de que el factor más importante del entorno es el factor humano, las personas. Precisamente ahora, cuando la inteligencia artificial irrumpe con una fuerza arrolladora, es cuando más atención debemos prestar a otro tipo de inteligencia que se está olvidando, la inteligencia emocional”.

Acertados o no, más o menos disruptivos, lo cierto es que solo sobre ese sustrato intelectual pueden entenderse en toda su extensión los recientes cambios en Criteria Caixa. La decisión del consejo de administración de designar como consejero delegado de la entidad a Ángel Simón entronca con la íntima confianza de Fainé en la férrea lealtad del presidente de Agbar a la iniciativa social, con la meta última de blindarla, proyectarla en el tiempo y que perdure. Se trata, de hecho, de una certeza impagable en tiempos de oscuras veleidades por parte de otros perfiles de su entorno, siempre atentos al ruido político que más calienta y no del todo sensibles al objeto social de la entidad. La fuerza del independentismo en la legislatura es un caldo de cultivo fenomenal para quienes promueven desde las sombras un giro en la institución, con el falaz argumento del relevo generacional como coartada perfecta. Es más, no falta quien en el soberanismo catalán riega sus sueños húmedos -y lo airea por Barcelona y Madrid- con el impacto que esos 500 millones destinados a la obra social tendrían en la cruzada nacionalista. En realidad, argumentan, son dineros que salen de las entrañas de una empresa arraigada en la cultura y la historia corporativa catalana. El último movimiento de Fainé conjura, por ahora, una enfermedad latosa, siempre susceptible de recidivas.

La tensión, de hecho, trasciende a las dinámicas internas de la casa, al punto de que un cambio en el statu quo de Criteria provocaría movimientos tectónicos en toda la industria nacional y en sectores estratégicos para el país. En estas décadas, Criteria ha sido el ancla accionarial de los principales proyectos industriales, de las telecomunicaciones a la energía. Puede incluso que, a día de hoy, sea el único player con una conciencia tan acendrada. Por ejemplo, el conglomerado, que atesora un 20% en Naturgy, la antigua Gas Natural, ha sido un contrapeso natural al pretendido troceo de la compañía a manos de los fondos de inversión internacionales y, llegados al punto de escindir la sociedad por la presión de aquéllos, el postrero garante de que las actividades reguladas se mantuvieran bajo control. También ha sido determinante su apoyo incondicional a José María Álvarez Pallete y a la cotización de Telefónica, compra de acciones mediante, al punto de convertirse en uno de los pilares para articular un bloque nacional que contraponer a la irrupción en el capital de la operadora saudí STC. Un desafío al que el Gobierno también ha decidido responder con la adquisición de un 10% a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI).

En este escenario, no es de extrañar que el Ejecutivo, con una vela puesta a Dios y otra al diablo, se muerda los labios por el momento ante la desaforada ofensiva independentista para promover la vuelta de las empresas a Cataluña, al tiempo que cuida el perfil de Criteria y Fainé como verdaderos centinelas del proceso. Si Salvador Illa se convierte en presidente de la Generalitat tras las próximas elecciones autonómicas, se dan las condiciones para que ese retorno pueda producirse con plenas garantías y el mismo conviene políticamente a Moncloa, Simón, al que le sobra finesse, es la elección perfecta para navegar tan procelosas aguas, al tiempo que guarda bajo siete llaves la esencia social y humanista del proyecto. Basta tirar de hemeroteca. El también manresano, sin derrapes independentistas en sus declaraciones públicas pero respetado en todo el espectro de la política catalana, ha sido probablemente el único empresario de postín que, con Agbar, ha hecho el camino de regreso a Cataluña tras abandonar la firma su sede social histórica tras el 1-O. Su mera designación ha debido bastar para que Gonzalo Gortázar, principal ejecutivo de CaixaBank, haya levantado las orejas. A nadie escapa que una eventual decisión del banco en esa línea -hasta ahora rechazada de plano- generaría un efecto llamada que elevaría el debate a otro dimensión.

Con la remodelación en Criteria empieza un proceso que también debería suponer, a medio plazo, la modernización de la propia Fundación. “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”, cita de vez en cuando Fainé para ensalzar la función social del empresario. Sentar las bases del futuro es parte de ese servicio.

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