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Editorial
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La doble velocidad de los planes de pensiones de empleo

El despegue de los planes para autónomos demuestra que el tesón comercial y la pedagogía fiscal pueden vencer la inercia respecto a este instrumento

CINCO DÍAS
Mature man working using laptop in the office
Mature man working using laptop in the officeFrazao Studio Latino (Getty Images)

La labor comercial y pedagógica de instituciones y gestoras para impulsar el crecimiento de los planes de pensiones de empleo está comenzando a dar sus primeros frutos en el colectivo de autónomos, que hasta ahora era reacio a contratar este producto de previsión social para complementar la jubilación. La aprobación de la Ley de Regulación para el Impulso de los Planes de Pensiones de Empleo, que entró en vigor en junio de 2022, y el endurecimiento del tratamiento fiscal de los planes de pensiones individuales, han propiciado el crecimiento de este modelo, que todavía es lento entre las empresas, pero que se ha acelerado en la última parte del año en los autónomos. Los planes adaptados a este colectivo, denominados planes de pensiones de empleo simplificado (PPES), atrajeron 70 millones de euros en el último trimestre de 2023 y cuentan ya con un patrimonio acumulado de casi 80 millones. Aunque de momento Mapfre, CaixaBank y Santander lideran el segmento, este cuenta con un amplio potencial de crecimiento y perspectivas.

El gancho fiscal de los PPES explica el acelerón que han experimentado en el último trimestre del año. Se trata, en líneas generales, de un producto de previsión social que puede contratar cualquier autónomo y en el que se pueden aportar cada año 5.750 euros desgravables, lo que supone una diferencia evidente frente al tope de 1.500 euros anuales que rige ahora para los planes de pensiones individuales. Sin embargo, existe a su vez una brecha importante entre el trato fiscal de los planes de empleo simplificado y el de los planes de pensiones colectivos, cuyo límite son 8.500 euros anuales y del que se benefician los trabajadores de las pocas empresas que cuentan de momento con este modelo de previsión social, fundamentalmente grandes compañías y multinacionales.

El despegue que han experimentado los PPES demuestra que el tesón comercial y la pedagogía fiscal pueden vencer la inercia respecto a un instrumento de previsión social que en España no ha terminado de arraigar entre las empresas en general. Con una historia que cuenta ya con décadas de regulación y, al contrario de lo que sucede en otros países europeos, los planes de pensiones de empleo para empresas acumulan solo unos 36.000 millones de euros frente a los planes individuales, que todavía concentran unos 85.000 millones. El sprint vivido antes de fin de año entre los autónomos evidencia que existe doble velocidad de crecimiento respecto a los planes empresariales, pero constituye también un estímulo para seguir impulsando un producto de previsión social clave para gestionar la jubilación de millones de trabajadores.

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