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Editorial
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Transparencia como mejor receta para la debacle de EiDF

No camina en la buena dirección que la sociedad haya decidido no hacer público el ‘forensic’ en su totalidad

EiDF

Cuatro meses después de su suspensión por parte de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), EiDF, la firma de energías renovables, volvía este lunes al parqué. La sentencia de los inversores no pudo ser más unánime: un desplome del 70% y una pérdida de capitalización de 1.200 millones en apenas un día. La compañía, en apariencia un caso de indudable éxito que aspira a pasar del BME Growth al Mercado Continuo, se desplomaba tras alcanzar en abril un valor de 1.721 millones. Por el camino, big fours como PwC o Deloitte han cuestionado sus cuentas. La primera, la auditora de la empresa, se negó a firmar en un primer momento los balances correspondientes al año 2022, y solo lo hizo tras la reformulación de los mismos hace apenas semanas y con salvedades de enorme trascendencia. Deloitte, que elaboró a posteriori un informe forensic, apuntaba la existencia de indicios de falsedad en contratos.

En este punto, y ante una crisis reputacional de tamaña envergadura, es fundamental la transparencia, con el inversor minoritario en el punto de mira, por mucho que el free-float de la sociedad sea limitado. Las auditoras, tantas veces criticadas por su laxitud ante episodios decisivos de la historia empresarial reciente, no pueden ser zaheridas por una cosa y la contraria. Si tanto PwC como Deloitte han levantado bandera roja sobre determinadas prácticas, sus advertencias deben al menos ser escuchadas. Al final, los inversores se mueven en gran medida por la confianza y no ayuda a construir el relato que la propia compañía haya anunciado un cambio en toda su cúpula, incluido el consejero delegado, y una revisión de sus procesos de control de interno.

Tampoco camina en la buena dirección que, pese a que a la CNMV haya advertido de la importancia de las conclusiones del forensic de Deloitte, la sociedad haya decidido no hacerlo público en su totalidad. La empresa está en su perfecto derecho de no hacerlo, pero debe asumir que esa decisión tiene un impacto en el mercado y en su cotización. Si se quiere jugar en las grandes ligas bursátiles, como hasta ahora era la pretensión de la compañía, parece razonable asumir políticas de comunicación exigentes y apostar por la mayor transparencia posible. Especialmente cuando el propio supervisor alerta de que un forensic “incluye un relato de hechos y evidencias de gran trascendencia para los accionistas”. La fuga en masa de los mismos enlaza con este déficit. Todo una asignatura pendiente.

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