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Editorial
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Tarjetas, crédito al consumo y su impacto en los hogares

Más allá de la bienvenida flexibilidad que aportan estas propuestas bien utilizadas, pueden alentar una indeseada cultura del sobreendeudamiento

Tarjetas crédito
Tarjetas de crédito.Getty Images/iStockphoto

España cuenta con casi 47,5 millones de habitantes y, según los últimos datos hechos públicos por el sector financiero, con más de 41 millones de tarjetas de crédito. La cuestión no es baladí, en tanto se trata la cifra más alta de los últimos cinco años y desde 2018 se ha incrementado en un porcentaje del 13%. Como es lógico, esta cifra no incluye las tarjetas de débito, que se sitúan ampliamente por encima de esa cifra, lo que incrementa de forma exponencial el parque de plásticos.

La evolución en este lustro no deja de ser consecuencia de una era de tipos de interés a cero en el que la banca, sin poder explotar la vía hipotecaria, ha encontrado en el crédito al consumo y en la comercialización de productos con pago diferido la mejor fórmula para apuntalar sus márgenes. En este patrón se ubica la proliferación de tarjetas híbridas, ofrecidas como opciones de débito, pero que en realidad difieren el cobro de operaciones ya pagadas, o el más peligroso auge de las tarjetas revolving, que aplazan las compras realizadas y dividen los pagos en cuotas periódicas, con intereses que superan a menudo el 20%. Mejor no echar cuenta sobre los tipos que pueden alcanzarse si se impaga alguno de los recibos.

De hecho, el modelo tiene sus contrain­dicaciones, ya que más allá de la bienvenida flexibilidad que aportan estas propuestas bien utilizadas, en su reverso más oscuro pueden alentar una indeseada cultura del sobreendeudamiento y del descontrol de las finanzas domésticas. Mecanismos como en el buy now, pay later, tan utilizados por los jóvenes en las compras digitales, sin duda facilitan la experiencia de compra, pero también amenazan con promover una espiral de endeudamiento de difícil control. La cuestión es especialmente inquietante en un país con tan poca cultura financiera como el español, donde ya se han vivido no hace demasiado tiempo experiencias más que dolorosas por vivir por encima de las propias posibilidades y la generación de burbujas financieras con grave coste económico.

El problema no es solo nacional. El presidente de EE UU, Joe Biden, mantiene una cruzada personal por reducir las comisiones de demora, lo que al margen de los resultados –los bancos ya han advertido que aumentarán otros cargos– demuestra que existe una preocupación por el sobreendeudamiento. La Directiva de Créditos al Consumo que tramitan Parlamento y Consejo europeos se entiende también en ese marco. Acotar el problema en ciernes no parece mal camino para el legislador.

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