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Opa hostil
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El guardián de la competencia apunta a la banca por los depósitos y tira con bala

La CNMC dice que no tiene herramientas para investigar, pero que “cuando hay un oligopolio, los incentivos a mejorar las condiciones son menores”

Cani Fernández, presidenta de la CNMC.
Cani Fernández, presidenta de la CNMC.Pablo Moreno

Ha pasado todo en menos de un año. El Banco Central Europeo (BCE) iniciaba en julio de 2022 la senda de subidas de tipos tras once años con el precio del dinero a cero. Esta semana, alcanzaba el 4%. En esos doce meses, la banca española ha incrementado sin duelo el coste del crédito y, vía euríbor, el de las hipotecas. El nuevo statu quo ha lastimado a los hogares, ya golpeados por la inflación, pero, sobre todo, ha disparado los márgenes y los resultados de las entidades financieras, que arrastran los pies a la hora de remunerar el pasivo. Aseguran que no necesitan captar fondos en un entorno de exceso de liquidez y subrayan su década de miserias, con unos tipos en negativo que no trasladaron al cliente. Puede ser, pero no falta quien busca razones extra para explicar por qué el G6 de la banca nacional (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja) no ha armado una oferta comercial de depósitos.

Cani Fernández, presidenta de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), deslizaba esta semana, durante el foro de celebración de los 45 años de CincoDías, que el sector bancario está en el foco del watchdog español. Fernández argumentó que el organismo que preside tiene fórmulas para abordar una colusión expresa o fallas de regulación. El verdadero conflicto surge en escenarios sin pactos explícitos, en los que la propia definición del mercado es la que limita la competencia. Ahí, aseveró, la CNMC carece de armas para actuar. “Reino Unido o incluso Alemania […] disponen de una herramienta, que es la investigación sectorial de mercados, que permite, en situaciones donde observamos falta de competencia pero sin acuerdos expresos que podamos sancionar, hacer una investigación, concluir cuáles son las causas y proponer remedios, que pueden ser incluso estructurales. […] Lo estamos viendo en mercados bancarios y otros mercados concentrados”, subrayaba.

La mención a Reino Unido es afortunada. Además de las fórmulas novedosas de que dispone el supervisor británico para monitorizar las conductas anticompetitivas –a través de las denominadas new competitition tools o market investigations–, la propia Comisión del Tesoro del Parlamento británico ha pedido explicaciones a los bancos españoles presentes en las islas, véase Santander UK o TSB (Sabadell), por ofrecer una remuneración del pasivo por debajo de los tipos de interés en vigor. De hecho, en su misiva a las firmas, no solo habla de tasas “míseras”, sino que recuerda que los bancos están obteniendo ganancias récord gracias a sus clientes y sin fomentar el ahorro. Fuentes oficiales de la CNMC, preguntadas por la ausencia de retribución de los depósitos en España, abundan en la idea de su presidenta, al explicar que “el paralelismo de condiciones no es necesariamente indicativo de una concertación entre competidores”, si bien “podría ser consecuencia de las condiciones particulares del mercado en cuestión”. En roman paladino, “cuando hay pocos oferentes (oligopolio), cuando el producto es homogéneo, cuando hay transparencia de precios o transparencia de capacidades, los incentivos a bajar precios o a mejorar las condiciones son menores”.

La CNMC abre con esa reflexión una nueva veta. ¿Puede hablarse de un oligopolio en el sector bancario? Alejandra Kindelán, presidenta de la Asociación Española de Banca (AEB), negó la mayor en el propio foro. “Tenemos una fuerte competencia en el sector. Hay muchas entidades nacionales, regionales, digitales, y algunas de ellas ya han empezado hace tiempo a remunerar los depósitos”. Ángel Rivera, consejero delegado de Santander España, justificó el retraso en abonar intereses en tanto “la banca española tiene una situación de liquidez privilegiada dentro de la eurozona”, y aseguró que el “mercado español es hipercompetitivo y un cliente minorista, institucional o empresarial tiene ofertas de valor para invertir su ahorro, desde fondos de inversión, depósitos estructurados o seguros de ahorro”.

No lo ve tan cristalino el Banco de España, que frente a esos postulados levantó bandera hace apenas semanas, al apuntar a la concentración bancaria como una de las razones por las que las entidades aún no han movido ficha para remunerar los depósitos. “Los análisis sugieren que el traspaso del euríbor es particularmente débil en los sistemas bancarios con un alto volumen de depósitos del BCE a diciembre de 2021 y una alta concentración del mercado”.

No es de extrañar, empero, que la cuestión suponga un auténtico desgarro para la CNMC. Los bancos, que llevan años con cotizaciones por debajo de su valor en libros, sufren el castigo por parte de los inversores al no ofrecer los retornos suficientes, un lastre que enlaza con las obligaciones regulatorias emanadas tanto de la Autoridad Bancaria Europea como de Fráncfort, el mejor baluarte de defensa contra una crisis similar a la de Lehman. Frente a esa inexorable espada de Damocles que supone la regulación –que limita la rentabilidad–, las entidades han sabido zafarse del control de las autoridades de competencia, que ni de lejos han podido someter al sector al mismo escrutinio que a ámbitos como el eléctrico o el de las telecomunicaciones. Basta ver las cifras de expedientes. Tal vez por esa falta de herramientas que denuncia Fernández, técnicos de larga trayectoria en la casa han lamentado la dificultad histórica de diseccionar el sector bancario, más allá de informar de los procesos de concentración.

La economista italoamericana Mariana Mazzucato, catedrática en la University College London y autora de libros de éxito que sobrevuelan las contradicciones del capitalismo, reflexiona en su obra El valor de las cosas sobre la dialéctica histórica en que se mueve la banca, entre generadora real de valor o extractora de rentas. “La escasez de actores, incluso en grandes centros financieros como Londres y Nueva York, proporciona inevitablemente a cada banco un poder considerable para establecer los precios, independientemente de si conspiran o no entre ellos para hacerlo”, expone. Incluso los nuevos bancos surgidos tras la crisis de 2008 “no han hecho mucha mella en el oligopolio de los bancos minoristas. Tampoco las formas alternativas de intermediación financiera sustituyen de forma efectiva a los bancos dominantes”. Se benefician de lo que llama “la renta del monopolio”.

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