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Los analistas alertan de volatilidad a corto plazo en el euro y la deuda pero prevén continuidad en el BCE

En Deutsche Bank apuntan que “la institución es más importante que la persona, pero existe incertidumbre”

Tres banderas de la Unión Europea ondean frente a la sede del Banco Central Europeo (BCE) en Fráncfort. Getty Imagespicture alliance (dpa/picture alliance via Getty Images)

Christine Lagarde ha elegido un momento especialmente complejo para abandonar el Banco Central Europeo. La presidenta de la institución pone fin a meses de especulaciones sobre sus planes políticos y abre la carrera para sucederla al frente de una de las instituciones más poderosas de Europa. Su decisión llega en una coyuntura especialmente delicada para la eurozona, con la inflación impactada por la guerra en Oriente Próximo, los mercados de deuda bajo presión por el deterioro de las cuentas públicas de algunas grandes economías europeas, con Francia en el centro de las preocupaciones, y el creciente desafío de financiar el aumento del gasto en defensa e infraestructuras.

Por sorprendente que pueda parecer, Lagarde no será la primera responsable del BCE que abandona el cargo antes de completar su mandato. En 2002, el primer presidente de la institución, Wim Duisenberg, anunció su marcha anticipada. Pero mientras aquella salida respondía a un acuerdo político sellado durante la creación del banco central, la de la francesa llega en un momento en que los mercados escrutan cada movimiento del BCE y sus posibles implicaciones para el euro, la deuda y la política monetaria.

La sucesión al frente de la institución se ha convertido en uno de los asuntos más comentados en los círculos financieros durante los últimos meses. Aunque el consenso considera que el relevo no alterará el rumbo de la política monetaria a corto plazo, sí existe el temor de que el proceso de nombramiento añada un nuevo foco de inquietud a unos mercados que ya lidian con las tensiones energéticas, las dudas sobre el crecimiento y el deterioro de las cuentas públicas en Europa. La cuestión es relevante para el euro y para la deuda europea, dos activos especialmente sensibles a las expectativas de los inversores.

“La salida de Lagarde añade incertidumbre en un momento inoportuno, con una inflación elevada y los bonos franceses bajo presión. No obstante, la moderada reacción inicial del mercado sugiere que los inversores esperan una continuidad en la política, en lugar de un cambio de rumbo abrupto”, señala Lale Akoner, estratega de mercados globales de eToro. Una opinión similar mantiene Felix Feather, economista de Aberdeen Investments, quien considera que los mercados seguirán muy de cerca el proceso de sucesión. La razón es que las tensiones sobre la deuda francesa continúan aumentando. En las últimas semanas, la rentabilidad del bono galo a diez años ha superado el 5% por primera vez desde 2002, mientras que la prima respecto a la deuda alemana, considerada el activo refugio de la región, ha rebasado los 170 puntos básicos, niveles inéditos desde la crisis de deuda de la eurozona. En este contexto, el perfil del próximo presidente del BCE cobra una relevancia especial. “Creemos que la institución es más importante que la persona, pero existe incertidumbre”, apunta Mark Wall, economista jefe para Europa en Deutsche Bank.

Pese a ello, los expertos no esperan que la salida de Lagarde provoque cambios profundos en la estrategia del banco central. “Esperamos que se dé preferencia a un candidato centrista que refleje el estilo de liderazgo inclusivo y basado en el consenso que ha demostrado Lagarde”, afirma Konstantin Veit, gestor de carteras de Pimco. El experto recuerda que los criterios que guían las decisiones del BCE están ya claramente establecidos y es poco probable que cambien con el relevo, por lo que no prevé implicaciones significativas para la inversión derivadas de la salida anticipada de la presidenta francesa.

En la carrera para suceder a Lagarde destacan dos nombres: el español Pablo Hernández de Cos y el holandés Klaas Knot. La principal diferencia entre ambos no radica tanto en su visión sobre los tipos de interés como en su disposición a utilizar herramientas extraordinarias para contener episodios de tensión financiera. El matiz no es menor en un momento en el que los inversores temen que los problemas de la deuda francesa puedan acabar contagiando a otros mercados europeos. Mientras Knot ha defendido tradicionalmente una mayor cautela hacia la intervención del BCE en los mercados, Hernández de Cos se ha mostrado más abierto a actuar cuando la estabilidad financiera o la transmisión de la política monetaria se ven amenazadas.

Matthew Ryan, estratega jefe de Ebury, cree que un BCE presidido por Knot podría reforzar las expectativas de nuevas subidas de tipos y resultar más favorable para el euro, mientras que Hernández de Cos pondría un mayor énfasis en el crecimiento y en la estabilidad de los mercados de deuda. Desde los máximos de enero, cuando el euro se cambiaba a 1,20 dólares, la divisa comunitaria se deprecia más de un 7% y ronda los 1,11 billetes verdes, niveles de mayo de 2025.

Además de la política monetaria, Mario Pires, responsable del mercado portugués de Schroders, señala que la evolución del euro también se ve afectada por la diferencia de crecimiento entre ambas orillas del Atlántico y el regreso del riesgo a Europa. “EE UU sigue demostrando una notable capacidad de crecimiento, innovación y atracción de inversión, mientras que en Europa el crecimiento sigue siendo modesto”, apunta. Después de años en los que la integración europea parecía un proceso prácticamente irreversible, el aumento de los desequilibrios fiscales y el auge de las formaciones populistas han devuelto a primera línea el concepto de prima de riesgo. Mientras persistan estas dudas y el ruido sobre la sucesión de Lagarde siga presente, Pires espera que el euro continúe bajo presión.

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