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Los ‘hedge funds’, el monstruo de más de 11 billones que amplifica riesgos para Bolsas, divisas y deuda

El FMI avisa del creciente peso de estos inversores en los mercados y de su potencial impacto en episodios de turbulencia

Imagen de una oficina de un fondo de cobertura.gorodenkoff (Getty Images/iStockphoto)

Década y media de tendencia alcista, apenas interrumpida por shocks de rápida recuperación, ha proporcionado unos rendimientos con pocos precedentes (a quien invirtiera a tiempo), ha cambiado el panorama de los mercados financieros y, también, ha creado riesgos de nuevo cuño. Uno de los jugadores que más peso ha ganado han sido los hedge funds o fondos de cobertura, vehículos de inversión donde el gestor tiene manga ancha para operar endeudado, jugar a la baja, invertir en activos ilíquidos o realizar todo tipo de operaciones complejas. Estos fondos han triplicado sus activos en el periodo 2013 a 2026, según un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), hasta los 13 billones de dólares (11,5 billones de euros). Pero, dado que operan apalancados y con derivados, la exposición total de estos productos alcanza los 40 billones de dólares, 35 billones de euros o más de la mitad de la capitalización de mercado del S&P 500.

Estos vehículos contribuyen a la eficiencia de los mercados financieros, apunta el FMI, pero tienen un reverso peligroso en momentos de inestabilidad, explica el fondo en un informe publicado hoy. “Cuando las condiciones del mercado se deterioran, los fondos de cobertura pueden pasar de estabilizar los mercados a agravar la tensión”. Los hedge funds, al operar apalancados y con derivados, están más expuestos a las ventas forzosas de activos, tanto si los inversores retiran su dinero como si los propios fondos se ven obligados a depositar garantías para cubrir sus pérdidas. Como apunta el viejo refrán sobre la banca —te presta un paraguas cuando hace sol y te lo pide cuando llueve—, estos vehículos pueden servir para amplificar las oscilaciones, a la baja, de los mercados.

Aunque la operativa de los hedge funds es extremadamente compleja, el mecanismo es sencillo. Por cada dólar que un inversor deposita en un fondo, los gestores apuestan varios más, sea pidiendo dinero prestado a terceros, sea mediante derivados. El FMI cita tres vulnerabilidades críticas que pueden generar un efecto bola de nieve: “Posiciones concentradas y saturadas, flujos de inversores finales correlacionados y apalancamiento”. Así, si muchos fondos están operando sobre el mismo activo, el riesgo de una salida desordenada es mayor.

El segundo riesgo obedece al comportamiento gregario no de los fondos, sino de los inversores en estos momentos de estrés. Dado que los fondos invierten apalancados, la necesidad de vender activos para atender las peticiones de reembolso es mucho mayor: . Finalmente, tanto las entidades que prestan dinero a los hedge funds (llamadas prime brokers) como los requerimientos de garantías de los mercados de derivados son muy sensibles a las condiciones de mercado, por lo que en situaciones de estrés los hedge funds están forzados a reducir ese apalancamiento.

Estas tres vulnerabilidades, además, se refuerzan entre sí: “Las interacciones entre apalancamiento, concentración de inversiones y presiones de reembolso pueden generar potentes bucles de retroalimentación que intensifican las tensiones del mercado y las distorsiones de los precios”, concluye el FMI. La capacidad de estos shocks de transmitirse al mercado en general depende del peso de estos fondos y de sus conexiones con sus prime brokers, a quienes pueden contagiar sus pérdidas, endureciendo aún más las condiciones financieras particulares y generales.

El fondo pone dos ejemplos de estas dinámicas donde las turbulencias se han alimentado a sí mismas.

Uno es el carry trade, el mecanismo por el que los fondos piden dinero prestado en divisas de tipos bajos para invertirlos en otras de tipos altos. Es una operativa muy usada por los hedge funds, que copan el 8% del mercado de divisas total. En enero de 2015, con el franco suizo como divisa base, y en agosto de 2024, con el yen japonés, las apuestas de este tipo se dieron la vuelta de repente, provocando episodios de volatilidad extrema. “Las posiciones apalancadas y masivas aumentan el riesgo de cambios bruscos en las divisas de financiación, lo que podría tener repercusiones más amplias en el mercado”.

El otro mercado donde los hedge funds han ganado peso es el de deuda pública de Estados Unidos, donde estos vehículos representaban en 2025 el 9%, más del doble que en 2022. Aquí la operativa más popular se denomina basis trade y consiste en comprar bonos al contado y venderlos a futuro. La rentabilidad es escasa, pero los fondos usan elevadas dosis de apalancamiento. Así, estas operaciones “se convierten en un canal de amplificación cuando las condiciones de financiación se endurecen y la capacidad de intermediación de los operadores es limitada”.

El fondo, en todo caso, apunta que las vulnerabilidades que generan estos vehículos se extienden también a la renta variable, bajo los mismos patrones: cuando muchos fondos invierten en lo mismo, lo hacen apalancados y están expuestos a reembolsos de clientes, de ahí que el riesgo sea mayor.

El sector de los hedge funds, además, está altamente concentrado en un puñado de nombres: las 16 mayores gestoras tienen un patrimonio inversor medio de 20.000 millones de dólares (18.000 millones de euros), una tercera parte del total. La concentración del riesgo es aún mayor, lo que sugiere que tanto el endeudamiento como el apalancamiento sintético a través de derivados se concentran en un grupo relativamente reducido de gestores. También la financiación se concentra en unos pocos bancos: cinco entidades proveen a dos tercios de los fondos. Y el posicionamiento de los fondos también es cada vez más similar entre sí, según el fondo.

La receta del FMI para contener estos riesgos pasa por mejorar la transparencia (tener datos sobre endeudamiento, financiación, derivados...) y la monitorización del mercado, además de tomar medidas prudenciales como exigir garantías en la financiación, prácticas de gestión de colateral para mejorar la respuesta ante turbulencias. “Los bancos centrales deberían mantener mecanismos de respaldo para hacer frente a episodios de grave disfunción en los principales mercados financieros”, aconseja.

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