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El Banco de Japón sube los tipos de interés a su nivel más alto en 31 años

La medida, impulsada también por EE UU para reforzar el yen, no consigue revertir la debilidad de la divisa

El gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda.KYODO (via REUTERS)

El Banco de Japón dio este viernes un nuevo paso para dejar atrás décadas de política monetaria ultralaxa. La autoridad monetaria nipona elevó en un cuarto de punto, hasta el 1,25%, su tipo de interés de referencia, que alcanza así su nivel más alto desde 1995. La medida, que los mercados ya daban por descontada, refleja la creciente inquietud de Tokio por el encarecimiento de la energía, la debilidad del yen y la progresiva transmisión de los aumentos salariales a los precios.

El endurecimiento japonés coincide con un giro global provocado por el repunte del petróleo y las renovadas presiones inflacionistas. La Reserva Federal estadounidense elevó esta semana los tipos por primera vez en tres años, hasta un rango del 3,75% al 4%, y señaló que podría volver a hacerlo antes de terminar el año. Por su parte, el Banco Central Europeo también subió los tipos la semana pasada, hasta el 2,5%. Es la primera vez que los tres toman medidas similares en el mismo mes, según Bloomberg.

A los riesgos económicos se ha añadido una presión diplomática poco habitual. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, expresó a Ueda el 30 de agosto su “firme apoyo” a la adopción de medidas monetarias decididas para combatir la debilidad del yen. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos llegó a calificar la moneda japonesa de sustancialmente infravalorada y vinculó su depreciación con el aumento de la inflación doméstica.

Pese a la subida de tipos, el yen perdió terreno este viernes y llegó a cambiarse por más de 157 unidades por dólar. La reacción aparentemente contradictoria se explica porque el movimiento se daba prácticamente por descontado y el comunicado no ofreció indicios claros de que el banco vaya a acelerar todavía más el endurecimiento monetario. Los dos votos en contra reforzaron esa impresión.

“El resultado ha moderado las expectativas de nuevas subidas y ha transmitido una impresión acomodaticia”, explicó Hirofumi Suzuki, estratega jefe de divisas del grupo financiero japonés SMBC, en declaraciones recogidas por Reuters. El Nikkei 225, principal índice de la Bolsa de Tokio, por su parte, avanzó alrededor de un 1,6%, favorecido por la caída del yen y por el alivio ante la ausencia de un mensaje más agresivo.

Washington también participó el 31 de julio en una intervención inusual coordinada para comprar yenes, después de que la divisa japonesa tocara un mínimo de unos 40 años, cerca de las 164 unidades por dólar. Japón destinó un récord de 15,4 billones de yenes (unos 96.500 millones de dólares, aproximadamente 84.000 millones de euros) a sostener su moneda entre finales de julio y finales de agosto, según el Ministerio de Finanzas.

Satsuki Katayama, la ministra a cargo de esa cartera, aseguró esta semana que el Gobierno mantendrá su disposición a actuar contra movimientos excesivos de la divisa y confió en que el banco central aplique una política adecuada para alcanzar de forma estable el objetivo de inflación.

Segunda alza en tres meses

La subida llega solo tres meses después de la anterior, aprobada en junio, y supone el intervalo más corto entre dos aumentos de tipos desde 1990. Aquel rápido endurecimiento monetario contribuyó entonces al estallido de la burbuja inmobiliaria y financiera japonesa. Se trata, además, del sexto incremento aprobado desde que Kazuo Ueda asumió las riendas en 2023, más que bajo cualquier otro gobernador del banco central japonés en al menos medio siglo, según el recuento de Bloomberg.

La decisión fue adoptada con siete votos a favor y dos en contra, los de los consejeros Toichiro Asada y Ayano Sato. Asada consideró que la economía todavía no mostraba la fortaleza necesaria para justificar una nueva subida, mientras que Sato sostuvo que la actividad y los precios no se habían acelerado lo suficiente, informa la cadena de televisión japonesa TBS. Ambos fueron nombrados por la primera ministra, Sanae Takaichi, partidaria tradicionalmente de una política fiscal y monetaria expansiva.

El banco central japonés mantuvo, no obstante, su orientación hacia nuevas subidas si la economía y los precios evolucionan según sus previsiones. En su comunicado advierte de que la inflación subyacente se está aproximando al objetivo del 2% y de que las presiones observadas en las transacciones entre empresas han comenzado a trasladarse a los precios de consumo. La institución señala también como riesgos el encarecimiento del petróleo, la depreciación del yen y el fuerte aumento de la demanda mundial vinculada a la inversión en inteligencia artificial.

Los datos publicados horas antes de la decisión ofrecen una imagen más matizada. La inflación general se mantuvo en agosto en el 1,9%, mientras el índice que excluye los alimentos frescos (la referencia más utilizada en Japón) apenas se moderó del 1,8% al 1,7%. Este indicador acumula ocho meses por debajo del objetivo del banco central, en parte debido a las subvenciones públicas a la electricidad y el gas. Sin embargo, el índice que excluye también la energía avanzó un 1,9% interanual, una señal de que las presiones sobre los precios se extienden más allá de los combustibles. La agencia británica de noticias Reuters señala que los analistas esperan una nueva aceleración cuando desaparezca el efecto de las ayudas.

La economía japonesa es especialmente vulnerable al encarecimiento de las materias primas, ya que importa casi toda la energía que consume y depende de Oriente Próximo para cerca del 95% del petróleo que compra. A esta exposición se suma el debilitamiento de su divisa. El índice de precios de importación denominado en yenes aumentó en agosto un 24,8% interanual, aunque el avance fue inferior al 29,3% registrado en julio.

El tipo del 1,25% coloca por primera vez la política monetaria nipona dentro del intervalo del 1,1% al 2,5% que el Banco de Japón estima para el denominado tipo neutral, aquel que, en teoría, no estimula ni frena la economía. La amplitud de esa horquilla dificulta determinar en qué momento las subidas dejarían de ser una retirada de los estímulos excepcionales para convertirse en una política propiamente restrictiva. La institución considera, en cualquier caso, que las condiciones financieras siguen siendo acomodaticias incluso después del último movimiento y que continuarán respaldando la actividad económica.

El banco central japonés puso fin en marzo de 2024 a los tipos negativos y al control de la curva de rendimientos. Desde entonces, ha avanzado gradualmente en la normalización de su política monetaria: primero situó el tipo de referencia en el 0,25%, después en el 0,50%, el 0,75% y el 1%, antes de elevarlo ahora al 1,25%. Aunque se trata del coste de financiación más elevado en tres décadas, continúa muy por debajo del vigente en Estados Unidos y en la zona euro.

El interrogante se desplaza ahora hacia la velocidad de las próximas subidas. Una encuesta de Reuters sitúa el tipo en el 1,5% al cierre del ejercicio fiscal actual, en marzo de 2027, y en el 1,75% durante el segundo trimestre del próximo año. Kanako Nakamura, economista del Daiwa Institute of Research, considera que el actual aumento será insuficiente ante el encarecimiento del petróleo, los elevados precios industriales y la debilidad del yen, y prevé movimientos aproximadamente trimestrales, dijo a Reuters. Sin embargo, la división mostrada este viernes por el consejo surgiere que ese recorrido estará lejos de ser automático.

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