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Los inversores europeos se juegan 440.000 millones en las Siete Magníficas de Wall Street

El BCE advierte de que la euforia por la IA afecta a todo el mercado y no todos los inversores son conscientes del riesgo que han asumido ante una corrección brusca del mercado

Representación en dibujo de Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla, los llamados Siete Magníficos en la Bolsa de EE UU.Sr. García

Los inversores europeos se suman con fuerza a la euforia desatada por la inteligencia artificial (IA) en Bolsa, pero muchos no son del todo conscientes del riesgo que han asumido. Según un análisis publicado este lunes por el Banco Central Europeo (BCE), los hogares de la zona euro acumulan unos 440.000 millones de euros de exposición a las acciones tecnológicas en Estados Unidos, en buena parte de forma indirecta por la inversión en fondos indexados y ETF (fondos cotizados), y lo más importante, sin ser del todo conscientes del grado de concentración y riesgo ante una correción brusca del mercado.

La gran preocupación de los supervisores viene dada por las valoraciones “en niveles extraordinarios” que han alcanzado las tecnológicas estadounidenses. Los técnicos del BCE han elaborado un índice en el que comparan los precios de las acciones de estas compañías en Bolsa con los beneficios reales de empresa y el valor actual es de 42,5 puntos. El récord histórico se alcanzó en 1999, en plena burbuja de las puntocom, con 44,2. Las alertas llegan porque el mercado estadounidense vuelve a navegar por un territorio que casi no tiene precedentes. Y los que hay fueron devastadores para inversores minoristas.

“Una fuerte corrección del mercado bursátil tendría graves consecuencias para la zona del euro, a través de dos vías. Una es la exposición directa de los inversores a las Siete Magníficas y la otra es el grado de euforia excesiva en los propios mercados bursátiles”, señala el informe.

Los expertos del BCE concluyen que la inteligencia artificial puede ser una tecnología revolucionaria. Pero advierten de que la Bolsa puede sufrir una corrección que provoque grandes pérdidas. Los expertos del BCE hacen un paralelismo con otras euforias de mercado que precedieron a grandes crisis bursátiles, como la de las puntocom a principios de 2000, y explican que hay una diferencia importante. Las compañías que concentran el entusiasmo por la IA no son empresas sostenidas únicamente por promesas sobre el futuro. Nvidia, Microsoft, Apple, Alphabet, Amazon, Meta y Tesla, las llamadas Siete Magníficas, tienen algunos de los mayores negocios del planeta. El propio BCE usa a Nvidia como ejemplo: desde 2022 su cotización se ha multiplicado aproximadamente por 20, porque los inversores han pasado a valorar un escenario en el que la compañía captura una parte enorme del crecimiento asociado a la IA.

Nvidia da beneficios: 72.880 millones de dólares en 2025. Pero que las fuertes subidas en Bolsa tengan fundamentos tangibles no elimina el riesgo. Los economistas del BCE recuerdan que otras revoluciones tecnológicas anteriores, como el ferrocarril, la electricidad o internet produjeron enormes mejoras económicas que se vieron reflejadas en fases de auge bursátil a las que siguieron importantes caídas.

“Aunque la tecnología tenga éxito, es posible que los precios de las acciones acaben cayendo, porque la incertidumbre se traslada de un sector específico a toda la economía. Inicialmente, la nueva tecnología se asemeja a un experimento a pequeña escala. Si fracasa, es una lástima para la empresa, pero el resto de la economía no se ve afectado. El riesgo puede diversificarse. Pero a medida que se extiende su adopción, la misma incertidumbre afecta a toda la economía. Si algo falla con esa tecnología, toda la economía se resiente”, explican los expertos del BCE.

El problema para Europa es que Wall Street se ha convertido también en una parte cada vez mayor de la cartera europea. La popularización de los fondos indexados y de los ETF de muy bajo coste ha permitido a millones de inversores una exposición a cientos y miles de grandes empresas de todo el mundo, comprando una sola participación. Pero esa diversificación es solo aparente: la mayoría de esos fondos están concentrados en las tecnológicas estadounidenses.

El MSCI World, uno de los índices globales más utilizados como referencia, está compuesto por más de 1.200 empresas. Solo Estados Unidos tiene un peso del 72%. Y de los valores concretos, Nvidia pesa un 5,18%, Apple otro 5,07%, Microsoft supone un 3,66%, Amazon, un 2,94%, Alphabet suma un 4,16% y Meta otro 1,37%. El inversor puede pensar que está diversificando, pero en gran parte está comprando acciones estadounidenses y tecnológicas.

Europa cuenta al menos con una defensa, porque no ha vivido una fiebre bursátil de la IA comparable a la estadounidense. Las valoraciones de las acciones europeas han subido con fuerza en los últimos años, pero siguen lejos de las valoraciones de EE UU. Y el mercado europeo está dominado en mayor medida por compañías de la vieja economía, como la banca y las energéticas. El BCE destaca además que la productividad y los márgenes del sector tecnológico europeo están creciendo y que la adopción empresarial de la IA avanza sin mostrar una euforia desmedida como la de Wall Street.

De todas formas, esos amortiguadores no sirven para aislar a los inversores europeos de un crac bursátil. Las Bolsas de ambos lados del Atlántico han mostrado históricamente una elevada correlación y una caída estadounidense se acabaría trasladando al mercado europeo. Además, el golpe podría trascender las cotizaciones: menor riqueza de los hogares, peor confianza, condiciones financieras más restrictivas y menos contratación, concluyen los expertos del BCE.

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