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Julián Gómez (Franklin Templeton): “El 80% de las empresas que facturan más de 100 millones no cotizan”

El experto cree que los mercados privados dan diversidad a la cartera y exposición a una parte de la economía que está fuera de la Bolsa, aunque sin olvidar su riesgo de liquidez

Julián Gomez, responsable de mercados privados de Franklin Templeton. Pablo Monge

Con cerca de dos décadas de experiencia en la distribución de estrategias de inversión, Julián Gómez, responsable de mercados privados de Franklin Templeton para EMEA, Latinoamérica y el mercado off shore de EE UU, analiza cómo este tipo de inversiones está dejando de estar reservado a los grandes inversores institucionales. Explica por qué despiertan un interés creciente, no sin riesgos para quien no esté advertido de su iliquidez, qué papel pueden desempeñar en la diversificación de las carteras y dónde identifica hoy las principales oportunidades. La gestora cuenta con unos 280.000 millones de dólares en activos de mercados privados.

Pregunta. ¿A qué achaca el interés por los mercados privados?

Durante décadas, los inversores institucionales han invertido en capital riesgo, capital privado, infraestructuras, inmobiliario y deuda privada. Lo que vemos ahora es el creciente interés de los clientes de banca privada, que buscan mejorar la diversificación de sus carteras, acceder a nuevas fuentes de rentabilidad e invertir en una parte de la economía global a la que no tendrían acceso si se limitaran a los mercados cotizados.

Respuesta. ¿Qué importancia real tienen los mercados privados?

Desde 1996, en EE UU el número de firmas cotizadas se ha ­reducido casi un 50%, mientras que el número total de empresas ha seguido aumentando. Además, si en 2000 las compañías permanecían privadas unos seis años antes de salir a Bolsa, al cierre de 2025 ese ­periodo se había ampliado hasta los 12 años. Eso significa que una parte cada vez mayor de la creación de valor se produce en esa fase. A nivel global, aproximadamente el 80% de las empresas que facturan más de 100 millones de dólares son privadas y solo el 20% cotizan en Bolsa. Estos datos ponen de relieve la oportunidad que ofrecen los mercados privados para acceder a una parte de la economía que no está disponible en los mercados cotizados.

P. ¿Qué interés hay en España?

El inversor español es cada vez más sofisticado, busca mejor diversificación y acceder a nuevas fuentes de rentabilidad. Además, el crecimiento de los Eltif [fondos europeos de inversión a largo plazo] está facilitando que clientes no profesionales puedan invertir en estos mercados. La democratización de este tipo de activos también se ha visto impulsada por la tecnología, que ha facilitado el acceso y la innovación de la industria. Junto a los fondos cerrados tradicionales han surgido vehículos semilíquidos, con menores importes de entrada y mayores ventanas de liquidez, además de estrategias que combinan activos cotizados y privados.

R. ¿Cuáles son los riesgos que debe conocer el inversor?

El de liquidez es clave. Es fundamental que el inversor entienda que los mercados privados son inversiones a largo plazo y que no están pensadas para entrar y salir con rapidez. Tenemos una importante labor de educación para que los clientes comprendan cómo funcionan estos productos.

P. ¿Qué rentabilidad logran frente a los mercados cotizados?

Históricamente, los mercados privados han ofrecido una rentabilidad ajustada al riesgo superior a la de sus equivalentes cotizados. A marzo de 2026, el capital privado registró una rentabilidad anualizada del 14% con una volatilidad del 9%, frente al 12% de rentabilidad y el 16% de volatilidad de la renta variable global. Sin embargo, más que plantear si son superiores, lo importante es que complementan las carteras al mejorar la diversificación y ayudar a construir portafolios más resilientes a largo plazo.

R. ¿Qué otras ventajas ofrecen?

A participar en una parte de la creación de valor a la que no se accede a través de los mercados cotizados se suma la diversificación. En entornos de incertidumbre y volatilidad, las correlaciones entre los activos tradicionales pueden aumentar, mientras que los mercados privados pueden aportar un comportamiento diferente y dar resiliencia a las carteras.

P. ¿Cómo afectan las tensiones geopolíticas?

En entornos de mayor incertidumbre aumenta la volatilidad, pero el capital privado y la deuda privada han mostrado históricamente una correlación relativamente baja con los mercados cotizados, lo que puede aportar una mayor diver­sificación. Además, al tratarse de inversiones de largo plazo, no tienen por qué comportarse de la misma manera que los activos cotizados en periodos de elevada volatilidad.

R. ¿Dónde ve hoy las mejores oportunidades?

En capital privado destacamos los fondos secundarios, que permiten acceder a fondos más maduros mediante la compra de participaciones a inversores que necesitan liquidez. Esto proporciona una ­mayor visibilidad sobre las compañías en cartera y una diversificación inmediata por empresas y sectores. En deuda privada vemos oportunidades en la deuda inmobiliaria comercial en Estados Unidos, especialmente por los ingresos que ofrecen estos préstamos respaldados por activos reales. Y en infraestructuras, nuestras principales convicciones se centran en la transición energética, la infraestructura digital y la infraestructura sostenible.

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