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Quién es Leopold Aschenbrenner, el prodigio de la inversión en IA que acabó perdiendo su fondo

Tras multiplicar su rentabilidad por cinco en 2026, Situational Awareness ha tenido que vender la mayoría de sus participaciones, con las caídas de las tecnológicas

Leopold Aschenbrenner en Dwarkesh Podcast, publicado el 4 de junio de 2024.

Leopold Aschenbrenner llegó a gestionar más de 20.000 millones de dólares (unos 17.400 millones de euros) a través de Situational Awareness, su fondo de cobertura especializado en inversiones vinculadas a la IA. Casi 1.000 millones para cada uno de sus 24 años o 25 años de vida; poco se sabe de este joven inversor. Lo que sí parece claro es que su fulgurante ascenso, impulsado por una rentabilidad neta del 439% en el primer semestre de este año, se ha frenado en seco, con el intenso desplome de las acciones relacionadas con esta tecnología.

Nacido en Alemania, Aschenbrenner ingresó en la Universidad de Columbia con 15 años y se graduó en Económicas en 2021 como el alumno con el mejor expediente de su promoción. Trabajó durante un tiempo en el FTX Future Fund, perteneciente a la fundación filantrópica FTX Foundation, creada por Samuel Bankman-Fried, el desacreditado gigante de las criptomonedas. A diferencia de la mayoría de los fundadores de fondos de cobertura, no contaba con experiencia profesional en el mundo de la inversión antes de lanzar Situational Awareness en 2024.

Aschenbrenner es conocido por su trabajo sobre la seguridad de la IA y por publicar sus opiniones acerca del futuro de los sistemas avanzados de inteligencia artificial. Tras abandonar OpenAI en 2024, publicó un ensayo titulado “Situational Awareness”, en el que sostenía que la IA general podría llegar en cuestión de años y transformar tanto la economía mundial como la competencia geopolítica, y que repercutió mucho en Wall Street.

El ascenso y la caída de Leopold Aschenbrenner

En lugar de centrarse exclusivamente en los desarrolladores de modelos de IA, las inversiones del fondo de cobertura reflejaban una tesis de mercado más amplia: el crecimiento de la IA exigiría una expansión masiva de las infraestructuras. El fondo también ha realizado inversiones privadas, entre ellas la adquisición de una participación en Anthropic, y ha respaldado a MatX, una empresa emergente dedicada a los chips.

La estrategia generó inicialmente una elevada rentabilidad y, según una carta enviada a clientes el lunes pasado, el fondo acumulaba una rentabilidad del 439% en lo que iba de 2026 y del 1.551% desde su creación. Como muchos fondos de cobertura, Situational Awareness alcanzó esas cifras recurriendo al apalancamiento, es decir, multiplicando su exposición al mercado mediante dinero prestado. Del mismo modo, las caídas bursátiles multiplican las pérdidas y, cuando estas alcanzan cierta magnitud, pueden obligar a los fondos a deshacer posiciones. Ese riesgo era la espada de Damocles que pendía sobre Situational Awareness. Y finalmente cayó.

La ola de ventas en Bolsa de las tecnológicas desde junio, que el miércoles llevó al Nasdaq a entrar en corrección, forzó a Situation Awareness a vender muchas de sus participaciones. Desde junio, el fondo ha deshecho la mayor parte de sus posiciones en acciones cotizadas mediante una operación de gran envergadura, en la que Citadel, la firma de Ken Griffin, adquirió una parte significativa de esas inversiones.

El desmantelamiento de las posiciones se produjo mientras el fondo afrontaba pérdidas relacionadas con su cartera centrada en la IA. Según varias informaciones, trabajó con bancos como Bank of America, Goldman Sachs y JPMorgan Chase para gestionar las exigencias de garantías y reducir sus posiciones. La firma sigue manteniendo inversiones privadas, entre ellas su participación en Anthropic.

La señal agridulce al mercado

El rápido ascenso y posterior retroceso de Situational Awareness constituye un claro recordatorio de la velocidad con la que puede cambiar la confianza de los inversores en uno de los sectores más pujantes del mercado. Al mismo tiempo, la adquisición de Citadel pone de relieve la división existente entre los inversores respecto a los activos vinculados a la IA. Algunos continúan viendo oportunidades a largo plazo, mientras que otros están reconsiderando las valoraciones después de un período de rápidas subidas.

El episodio pone de manifiesto una tensión fundamental del auge de la IA: las empresas que construyen las infraestructuras tecnológicas pueden beneficiarse de la continuidad de la demanda, pero los inversores que apuestan de forma intensa por el sector siguen siendo vulnerables a las fluctuaciones de las valoraciones a corto plazo y a los cambios en las expectativas del mercado.

Para Wall Street, el fondo de Aschenbrenner ilustra tanto el potencial de rentabilidad que ofrece invertir pronto en una gran transformación tecnológica como los riesgos derivados de mantener una exposición concentrada a un mercado que evoluciona con gran rapidez.

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