La renta variable mundial enfila nuevas cotas gracias al crecimiento económico y la solidez de los resultados
El precio del ‘brent’ cae por debajo de los 80 dólares y permite al Ibex mantenerse sobre los 20.000 puntos

De Sídney a París, pasando por Fráncfort, Milán o Nueva York para acabar en Madrid. La renta variable mundial está en máximos. La amenaza de una tormenta inflacionista activada con el estallido del conflicto en Oriente Próximo ha sido capeada, hasta el momento, por unos inversores que han optado por fijarse en el crecimiento de las economías y en el avance de los resultados empresariales. Con el precio del petróleo brent por debajo de los 80 dólares por barril y la expectativa de un acuerdo que permita una reapertura del estrecho de Ormuz, los analistas inciden en que los inversores han vuelto a centrarse en los fundamentales económicos.
Los máximos históricos del MSCI All Country World (ACWI) y los récords que siguen encadenando las Bolsas europeas reflejan la confianza con la que los inversores afrontan el verano. Una sensación que, teniendo en cuenta la volatilidad propia del mes de agosto y que el conflicto entre Estados Unidos e Irán está lejos de solventarse, sigue sustentada sobre una confianza que podría ponerse a prueba rápidamente. Los analistas de Bloomberg Intelligence apuntan que “las Bolsas europeas están en una posición favorable para continuar con su ascenso”. En su opinión, la reanudación del tráfico a través de esa vía marítima permitiría reducir los costes energéticos para empresas y consumidores, “impulsando aún más a una región que ya está superando las expectativas”. Por lo pronto, el PIB de la zona euro creció un 0,6% en julio y, en lo que llevamos de temporada de resultados empresariales, las cotizadas europeas recopiladas en el MSCI Europe han aumentado su beneficio neto en un 15,1% de media, el mayor incremento desde 2022.
“A medida que el precio del petróleo vuelve al rango de los 75 a 80 dólares por barril, los mercados pueden volver a centrarse en los fundamentales, que siguen siendo sólidos”, destaca Mohit Kumar, economista jefe para Europa de Jefferies. “Los resultados empresariales han sido sólidos y sigue habiendo mucha liquidez en el sistema. El posicionamiento de los inversores es muy limpio, lo que crea un contexto favorable para que continúe el avance de los activos de riesgo”, añade.
La renta variable española tampoco escapa a este optimismo. Aunque parte del impulso sea todavía psicológico, el Ibex logra mantenerse sobre los 20.000 puntos. El índice bursátil se anotó ayer un 0,2%, suficiente para cerrar en los 20.057 puntos gracias al empuje del sector financiero, con Bankinter y el Santander a la cabeza. La capacidad del selectivo para consolidar estos niveles refuerza la percepción de que los inversores siguen dispuestos a respaldar los activos de riesgo pese a las incertidumbres geopolíticas.
No obstante, algunos expertos recomiendan no caer en la complacencia. Javier Cabrera, analista de XTB, advierte que “aunque en el corto plazo la tendencia pueda continuar siendo positiva, el Ibex 35 sigue enfrentando riesgos importantes”. Descarta así lanzar palomas al vuelo después de que los PMI industriales de la zona euro de julio quedaran por debajo de lo esperado y que no se pueda descartar una ralentización económica derivada de la subida de la inflación. “Aunque no hay grandes nubarrones en el horizonte, el Ibex 35 sigue teniendo baches por delante”, reconoce.
Aunque la reciente corrección de julio sigue presente, los analistas de Bloomberg Intelligence consideran que “las Bolsas no necesitan que el petróleo siga bajando para mantener las subidas. El apoyo más importante para la renta variable procede de los fundamentales”. Los expertos destacan la solidez de los resultados del segundo trimestre pese al encarecimiento de las materias primas y al elevado nivel de las rentabilidades de la deuda, factores que elevan el umbral necesario para desencadenar una corrección bursátil ante una eventual escalada de las tensiones en Oriente Próximo. La mejora de los fundamentales y las expectativas de un acuerdo entre EE UU e Irán han convertido la corrección de comienzos de julio en una nueva oportunidad de entrada para los inversores, que han podido aumentar su exposición a la renta variable a valoraciones más atractivas.
Y los resultados empresariales parecen darles la razón. Si las cotizadas europeas están sorprendiendo positivamente al mercado, la temporada en Estados Unidos está siendo incluso más sólida. Según datos recopilados por Bloomberg, cerca del 90% de las compañías que han presentado cuentas hasta ahora han superado las previsiones de los analistas. Esta fortaleza también se refleja en las expectativas de beneficios. La previsión de crecimiento de las ganancias del S&P 500 ha pasado del 38% al 47,4%. “Si el 47,4% acaba siendo la tasa de crecimiento definitiva del trimestre, supondrá el mayor avance interanual de los beneficios registrado por el índice desde el segundo trimestre de 2021”, señalan los analistas de FactSet.
La lectura que hacen los expertos de estos resultados resulta incluso más relevante que las propias cifras. El equipo de inversiones de UBS Global Wealth Management considera que “el crecimiento de los beneficios se está extendiendo a un mayor número de compañías, reduciendo la dependencia de un pequeño grupo de gigantes tecnológicos”. La entidad suiza estima que, aunque los resultados empresariales continúan respaldando la tesis de inversión en IA, los inversores son cada vez más selectivos respecto a dónde se está generando valor.
Una vez concluya la temporada de resultados, la atención de los inversores volverá a centrarse en la evolución del petróleo, la estabilidad de la deuda y el rumbo de la política monetaria. De momento, el mercado sigue acumulando noticias favorables. A las declaraciones del secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien el martes aseguró en CNBC que un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz era inminente, se sumaron ayer las de Donald Trump. El presidente estadounidense afirmó que el pacto podría cerrarse “mañana o pasado mañana”, reforzando las expectativas de una pronta normalización del tráfico marítimo.
El impacto fue inmediato. El petróleo pasó a terreno negativo tras las palabras de Trump y el brent se mantuvo por debajo de los 80 dólares por barril, si bien terminó la jornada con una subida del 0,11%. Desde los máximos de 100,7 dólares registrados hace apenas dos semanas, el crudo corrige ya un 21%, una caída que contribuye a aliviar las presiones inflacionistas y reduce, por momentos, el temor a nuevos ajustes monetarios.
Esta mejora también se ha trasladado al mercado de deuda, uno de los principales focos de tensión para los inversores en las últimas semanas. Una semana después de que el bono estadounidense a 30 años escalara a máximos de 2007 tras la decisión de la Reserva Federal de mantener los tipos sin cambios y las dudas sobre la evolución de los precios, ahora se sitúa por debajo del 5,2%, mientras la rentabilidad de la deuda francesa a diez años vuelve a situarse en el 3,8%, por debajo del 4% que llegó a superar días atrás.
Más allá de la evolución del petróleo, la clave para la renta fija vuelve a estar en los bancos centrales. La reunión anual de Jackson Hole a finales de mes será escrutada al detalle por los inversores. Aunque el presidente de la Fed, Kevin Warsh, no es partidario de avanzar los próximos movimientos, algunas voces dentro de la institución creen que sería conveniente un ajuste. El presidente de la Fed de Minneapolis, Neel Kashkari, que en la última reunión defendió una subida de tipos, vuelve a insistir en esa idea: “Es el momento de empezar a subirlos poco a poco a medida que vayamos conociendo nuevos datos”. Mucho más agresiva es la visión de Bank of America, cuyos analistas siguen apostando por una subida de tipos en cada una de las tres reuniones que restan hasta final de año.
El encarecimiento de la financiación en un momento en que gobiernos y empresas preparan una avalancha de inversiones vinculadas a la inteligencia artificial, la defensa y la transición energética se ha convertido en uno de los grandes riesgos para los mercados. Hasta ahora, la abundante liquidez ha permitido absorber sin excesivos sobresaltos el incremento de las emisiones. Sin embargo, cuanto mayor sea la cantidad de deuda en circulación, mayor será también la rentabilidad exigida por los inversores para prestar su dinero, una dinámica que resta atractivo a la Bolsa al elevar los costes financieros y reducir el valor presente de los beneficios futuros.