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Las mega OPV de la IA ponen a prueba la liquidez ilimitada del mercado

La llegada al parqué de SpaceX, Antrophic y Open AI será solo el principio de una búsqueda constante de capital que influirá en el conjunto de la Bolsa y tensará el apetito por el riesgo

Imagen de archivo de Wall Street, sede de la Bolsa de Nueva York.Brendan McDermid (REUTERS)

En el mundo de la inteligencia artificial todo son cifras estratosféricas. SpaceX ha protagonizado la mayor salida a Bolsa de la historia, al recaudar 75.000 millones de dólares, y llegó a rozar los tres billones de capitalización al poco de salir al parqué, antes de regresar al entorno de los dos. Se codea con los hiperescaladores de Wall Street, que han anunciado inversiones para este año por más de 700.000 millones de dólares y entre los que se incluyen Microsoft, Meta o Alphabet, que ha anunciado una ampliación de capital gigantesca, por casi 85.000 millones de dólares. Y para el otoño se esperan otras dos mega salidas a Bolsa, las de Antrophic y Open AI, por un volumen estimado en cada una de más de 60.000 millones de dólares.

La Bolsa va a recibir una avalancha de papel sin precedentes que va a poner a prueba el apetito por el riesgo de los inversores y para la que los expertos consideran que hay liquidez suficiente en el mercado, aunque esta semana la fiebre sin freno por la IA se haya enfriado y deje importantes caídas en sus principales representantes. Esa suerte de corrección es un aviso de que, una vez recibido el alud de nuevo dinero, el mercado tendrá que asumir su nueva condición de financiador constante de la carrera de la IA, con las tensiones, los desequilibrios y el riesgo de caídas en Bolsa que ello va a suponer.

El estreno bursátil de SpaceX y los que se esperan a la vuelta del verano de Anthropic y OpenAI son la confirmación de cómo la inteligencia artificial necesita de la financiación que brinda la Bolsa para su desarrollo. Las colocaciones de estas compañías van a ser, por una parte, muy reducidas en términos de capital, pero dan lugar a una nueva fase en la que el mercado de renta variable tendrá que responder a la búsqueda de recursos de una tecnología muy intensiva en capital. “El mercado ha disfrutado hasta ahora de una prima de rentabilidad con la IA y ahora ve que tiene que financiarla. Estas megasalidas a Bolsa son el principio de un proceso que acaba de empezar, estamos ante el ciclo de gasto de capital más largo de la historia”, afirma Ignacio Fuertes, socio y director de inversiones de Miraltabank.

El recibimiento a SpaceX estuvo marcado por la euforia. La OPV quedó sobresuscrita en más de cuatro veces la oferta, aunque el valor haya retrocedido hasta aproximarse a su precio de salida al cabo de poco más de una semana. La avalancha de nuevo papel tiene, según los analistas, margen para seguir siendo bien recibida; después de todo, argumentan, llega después de más de dos décadas de descenso en el número de acciones. Tras haber estado en territorio negativo desde 2003, en 2026 la oferta neta de acciones (diferencia entre salidas a Bolsa y ampliaciones de capital respecto a recompras y exclusiones) se mantendrá prácticamente estable en EE UU, según cálculos de Goldman Sachs.

Clémence Rusek, estratega jefe de inversiones en Vontobel, puntualiza que la cartera de emisiones de acciones prevista para este año —que asciende a unos 675.000 millones de dólares según Goldman Sachs— representa alrededor del 1% de la capitalización del mercado de renta variable estadounidense. “Tanto los inversores minoristas como los institucionales parecen capaces de absorber nuevas emisiones, siempre que el apetito de riesgo y las condiciones de liquidez sigan siendo favorables”, explica. Esa es la clave y, en este sentido, el reciente acuerdo de alto el fuego entre EE UU e Irán y la esperada reapertura del estrecho de Ormuz han despejado de obstáculos el camino. Sin embargo, las presiones inflacionistas no desaparecen y la última reunión de la Reserva Federal —la primera con Kevin Warsh al frente— está reactivando el temor a nuevas subidas de tipos de interés, detonante de las recientes caídas en Bolsa del sector tecnológico. Los mercados de futuros dan ya una probabilidad de casi el 40% a que la Fed suba tipos en julio y firmas como Bank of America prevén ahora hasta tres alzas este año.

Anthony Toupin, analista senior en Edmond de Rothschild, defiende que, pese a tratarse de operaciones históricas, las cifras de las salidas a Bolsa son modestas en comparación con la capitalización bursátil actual: los siete magníficos suman aproximadamente 22 billones de dólares de capitalización conjunta y el S&P 500 alcanza los 63 billones. “Los activos bajo gestión de los fondos monetarios se mantienen cerca de máximos históricos, en torno a ocho billones de dólares, equivalentes a aproximadamente el 15% de la capitalización del S&P 500, lo que proporciona una amplia reserva de liquidez disponible cuando y donde sea necesaria”, asegura Toupin. Judith Arnal, investigadora principal para Asuntos Económicos del Real Instituto Elcano, añade en un reciente artículo que cada vez hay más inversión canalizada hacia la Bolsa de EEUU a través de vehículos cotizados, líquidos y de bajo coste, “lo que refuerza la idea de que la renta variable estadounidense cuenta con una base inversora amplia y estructural”.

El riesgo no estaría tanto en la falta de liquidez para absorber la oferoferta, o en lo que implica un mercado que nada en la abundancia y en el que abundan las señales de sobrevaloración. “Cuando el capital abunda y la confianza es alta, las empresas se apresuran a cotizar con valoraciones ambiciosas, y los inversores están dispuestos a aceptarlas. Con el tiempo, sin embargo, esta dinámica puede conducir a excesos, especialmente cuando las expectativas superan a los fundamentos”, apunta Clémence Rusek. Sin llegar a darse una corrección generalizada de momento, sí se ha visto ya el desplazamiento de la inversión de unos valores a otros, de recogida de beneficios en otros gigantes tecnológicos para disponer de liquidez para acudir a las mega salidas a Bolsa. “Es probable que los inversores minoristas y algunos institucionales hayan reducido su exposición a valores del sector espacial o incluso a semiconductores antes de la OPV de SpaceX, algo que podría interpretarse como una acumulación deliberada de liquidez”, añade Toupin.

La rápida incorporación de SpaceX al índice Nasdaq 100, que ha modificado sus normas para acelerar la entrada de la recién estrenada compañía, también podría elevar la presión vendedora sobre los pesos pesados del índice y elevar la volatilidad. En definitiva, la avalancha de nuevo papel a la Bolsa estadounidense promete tener eco en el mercado global. Mientras los bancos centrales acompañen con un dinero relativamente barato, la liquidez para absorberla no será problema. Pero si los tipos suben más de lo que el mercado espera, los inversores serán mucho más selectivos a la hora de decidir dónde poner su dinero.

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