El Tesoro aprovecha la oleada de colocaciones y reduce el coste gracias a la mejora del mercado
El organismo cierra junio con la venta de 5.832 millones a medio y largo plazo


Primera subasta desde la subida de tipos del BCE y última del mes. En un contexto de mercado dividido entre las expectativas generadas por el acuerdo entre EE UU e Irán y las persistentes presiones inflacionistas —que dificultan una relajación de la política monetaria—, el Tesoro español sigue adelante con su programa de financiación. El organismo que dirige Paula Conthe cierra junio con la venta de 5.832,4 millones en deuda a medio y largo plazo. La mejora de las condiciones y el interés que sigue suscitando la economía se ha reflejado en rentabilidades más bajas para la deuda a siete y 10 años. La demanda conjunta ha alcanzado los 10.941,5 millones, lo que equivale a una ratio de cobertura cercana al doble de la oferta.
En obligaciones a siete años, se han adjudicado 1.953,7 millones con una rentabilidad del 3,038%, ligeramente por debajo del 3,169% previo. En la referencia a diez años se han colocado 2.522 millones al 3,386%, por debajo del 3,448% previo. La emisión de este jueves se ha completado con la venta de 1.326,6 millones en obligaciones a 30 años —con una vida residual de 14 años y un mes—. A diferencia de los plazos anteriores, en este caso el Tesoro ha elevado ligeramente la rentabilidad, del 3,189% al 3,641%.
Tras semanas de tensión, en las que el mercado encadenaba una amenaza tras otra en el frente geopolítico, los inversores disfrutan desde el pasado viernes de una calma tensa. Cuando todo apuntaba a un agravamiento de la situación y los organismos internacionales alertaban del riesgo de un cierre prolongado del estrecho de Ormuz, Washington y Teherán rebajaron el tono y acordaron un memorándum para prolongar la tregua durante 60 días. En las próximas semanas, ambas delegaciones seguirán trabajando en un acuerdo cuyas prioridades incluyen la recuperación de la actividad en el Golfo Pérsico y el programa nuclear iraní.
Los mercados han digerido la escalada de tensiones en Oriente Próximo mejor de lo esperado. Aunque los conflictos bélicos han demostrado que tienen un impacto limitado en los mercados, en esta ocasión estaba en juego un riesgo mucho mayor: una crisis de suministro energético. El acuerdo alcanzado en los últimos días, firmado de madrugada por Donald Trump en el palacio de Versalles, el mismo escenario donde un siglo antes se puso fin a la Primera Guerra Mundial, ha reforzado la confianza de los inversores en que la caída de los precios energéticos se prolongue y permita a los bancos centrales moderar su postura.
El descenso de los rendimientos en el mercado secundario, junto con la abundante liquidez, ha actuado como catalizador para que empresas, bancos y gobiernos aceleren las emisiones de deuda. Un día después de que Alemania captara 2.106,2 millones en deuda a largo plazo al 3,4% y de que Portugal y la Unión Europea colocaran letras con rentabilidades de entre el 2,4% a seis meses y el 2,5% a doce meses, España y Francia han aprovechado esta ventana de mercado. El país vecino ha colocado 9.492 millones de euros en cinco referencias, desde bonos a ocho años hasta deuda ligada a la inflación con vencimiento en 2038.
Aunque el mercado de capitales ha seguido operativo en los últimos tres meses y medio, emisores públicos y privados están acelerando sus colocaciones para aprovechar una ventana todavía favorable y asegurar las mejores condiciones de financiación. La reciente caída de las rentabilidades, junto con la elevada liquidez y la estabilidad relativa de las últimas semanas, ha reforzado este apetito y ha animado a los emisores a adelantarse a posibles cambios de escenario. Sin embargo, el horizonte sigue plagado de riesgos. La incertidumbre sobre las próximas decisiones de los bancos centrales y el impacto potencial de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos podrían reactivar la volatilidad y encarecer la financiación.