La posible condena a prisión al inversor Andrew Left, una herida de muerte para las operaciones bajistas
El gestor es declarado culpable de 13 cargos de fraude de valores por espolear en redes sociales la caída en Bolsa de empresas cotizadas

La perspectiva de una pena de prisión para el inversor bajista Andrew Left, declarado culpable el lunes de fraude de valores en un juzgado en California, es el último golpe para un rincón de la industria financiera, el de las apuestas a corto, atacado por varios frentes a la vez. El creciente poder de los pequeños inversores y los fondos cotizados y una espectacular racha de máximos en las Bolsas se suman a la creciente presión de una administración estadounidense partidaria de blindar los consejos de administración frente a los accionistas.
Left, fundador de la gestora Citron Research y uno de los vendedores en corto más destacados del mundo, ha sido declarado tras un juicio histórico que examinó su uso de las redes sociales para mover el precio de las acciones. Fue condenado por 13 de los 17 cargos tras un juicio de tres semanas en Los Ángeles, acusado de utilizar tuits explosivos sobre decenas de empresas para influir ilegalmente en sus acciones y obtener beneficios rápidos. Los fiscales afirmaron que ganó más de 20 millones de dólares con esas operaciones entre 2018 y 2023. Se enfrenta ahora a más de dos décadas de prisión en una vista que se celebrará el 31 de agosto, aunque los acusados penales en casos empresariales a menudo reciben penas menores. Permanecerá en libertad hasta entonces.
El veredicto supone una victoria para el Departamento de Justicia de EE UU del presidente Donald Trump, aunque el caso de Left se inició bajo el mandato de Joe Biden. El juicio puso el foco en las actividades de los vendedores en corto, que señalan empresas que consideran sobrevaloradas y pueden beneficiarse si el valor de la acción cae. El caso también examina cuándo las declaraciones de opinión sobre una empresa pasan a ser manipulación de mercado, un tema complejo con posibles implicaciones para Wall Street. “Creo que el jurado se equivocó”, dijo fuera de la sala del tribunal. “Obviamente, este no es el final del camino para nosotros”, añadió, insinuando una apelación.
La acusación formal se produjo tras una amplia investigación sobre cómo operan los participantes en este mercado: construyen posiciones apostando a que las acciones de una empresa concreta caerán, y luego publican informes detallando esas posiciones al conjunto del mercado. En el centro del caso estaban los tuits de Left en la plataforma ahora llamada X. Los fiscales alegaron que sus comunicaciones privadas en el momento en que publicaba sus tuits demostraban que no siempre creía lo que decía sobre las empresas, y daba a sus seguidores una impresión falsa sobre sus intenciones de negociación. Left construyó una importante presencia en redes sociales, después de acertar en sus previsiones pesimistas sobre China Evergrande en 2012 y Valeant Pharmaceuticals en 2015. Los fiscales sostienen que, entre 2018 y 2023, Left publicó menos informes y más tuits criticando acciones y fijando objetivos de precios “extremos” para ellas.
El momento más destacado del juicio fue cuando Left subió al estrado. Durante su testimonio, el juez le recordó repetidamente que respondiera directamente a las preguntas del fiscal y en dos ocasiones eliminó sus respuestas del registro. Left dijo a los jurados que no cree que haya nada malo en beneficiarse de la “corrección de precios” de una acción después de publicar un informe o un tuit sobre una empresa que considera sobrevalorada o infravalorada. “Es el mercado de valores”, dijo Left. “Digo lo que creo. Digo la verdad. Si la gente quiere leerlo, que lo lea”.
El juicio ha caído como una bomba sobre los operadores bajistas, pues pone en cuestión su capacidad para airear las opiniones sobre empresas en torno a las que operan. Este sector siempre ha destacado su papel para detectar fraudes corporativos o simplemente mantener bajo control los precios de las acciones recalentados. Pero una combinación de factores ha impulsado una retirada que ha incluido a algunos de los bajistas más elocuentes del sector.
Jim Chanos, conocido sobre todo por apostar contra Enron, señaló la presión sobre el modelo de negocio cuando en 2023 decidió cerrar sus fondos. Nate Anderson, de Hindenburg Research, dijo a los inversores a principios de 2025 que disolvería la firma, tras campañas dirigidas contra los multimillonarios Gautam Adani, Jack Dorsey y Carl Icahn. Este mes, Perback Capital Partners, un vendedor en corto respaldado por Schonfeld Strategic Advisors, devolverá fondos a los inversores tras tener dificultades para aumentar suficientemente sus activos.
Apostar contra el mercado ha sido una tarea dura durante varios años, con unas pocas grandes tecnológicas impulsando la renta variable a máximos históricos, y el declive de los vendedores en corto se ha ido gestando desde hace tiempo. El número de hedge funds con sesgo bajista ha caído un 70% entre 2008 y 2024. El número de nuevas campañas activistas de venta en corto alcanzó su punto máximo en 2015 y desde entonces ha descendido bruscamente.
Los riesgos de vender acciones prestadas han aumentado desde la covid, según indicó a Bloomberg Mehrdad Samadi, profesor de finanzas en la Universidad Rutgers. “El aumento de la participación de los inversores minoristas y la introducción de la negociación sin comisiones por parte de los brókeres minoristas impulsaron la negociación coordinada de meme stocks y los short squeezes”, afirmó. El caso más conocido es el de Gamestop, cuando una legión de pequeños inversores organizada en foros de Reddit elevó la cotización de esta empresa, una cadena de tiendas físicas de videojuegos, arrinconando a los fondos que habían apostado en su contra: al subir el precio de la acción, se vieron obligados a cubrir sus apuestas bajistas con la compra de más acciones, lo que reforzó la subida de precios. Gamestop subió un 700% entre el 21 y el 27 de enero de 2021, y Citron Capital fue una de las empresas que perdió dinero en esa batalla.
La minuciosa investigación del Departamento de Justicia coincide con una ofensiva por parte de la administración estadounidense para reforzar el poder de los directivos de las empresas frente a los accionistas. Entre ellas, la SEC plantea la obligación de presentar resultados trimestrales, y ha dejado de supervisar las peticiones de los accionistas a las que las empresas deciden bloquear.
Claire Brown, gestora de Aristides Capital, declaró a WSJ que el procesamiento de Left resulta llamativo, dado que el Departamento de Justicia ha reducido la persecución de delitos de cuello blanco y el presidente ha indultado a personas que enfrentaban cargos penales: “Nos hemos acostumbrado un poco a que el delito de cuello blanco esté completamente normalizado, de modo que cualquier procesamiento por violaciones de la ley de valores se percibe como una aplicación selectiva”. En el juicio de Left, el jurado escuchó a Mike Gorenstein, consejero delegado de la empresa canadiense de distribución de cannabis Cronos Group, quien testificó que se quedó atónito cuando Left publicó un informe diciendo que la empresa estaba sobrevalorada, lo que provocó un desplome de las acciones.
“Algunos vendedores en corto pueden volverse más cautelosos a la hora de publicar investigaciones, comunicarse públicamente o adoptar posiciones activistas visibles”, indica a Bloomberg Frank Zhang, profesor de contabilidad en la Yale School of Management que ha incluido parte de la investigación de Left en sus clases. Y si este resulta ser el golpe legal definitivo para un número suficiente de ellos, dijo, eso “acabaría afectando a la eficiencia del mercado y la fijación de precios”.