Las actas del BCE reflejan un tono más duro: varios miembros defendieron un alza de tipos ya en abril
El debate interno refuerza la idea de una próxima subida de las tasas en la reunión de junio
El debate interno en el Banco Central Europeo (BCE) para subir los tipos de interés es cada vez más intenso. Las actas de la última reunión, celebrada el 29 y 30 de abril y publicadas este jueves, reflejan que varios miembros del Consejo de Gobierno consideraron que la decisión de mantener las tasas sin cambios estuvo muy ajustada y que no se habrían opuesto a una subida si esa opción hubiera estado sobre la mesa.
El mensaje que se desprende de los debates mantenidos en la reunión confirma el giro más agresivo que ha adoptado el BCE en sus duircusos durante las últimas semanas y refuerza la idea de que el banco central prepara una subida de tipos en junio. “El mantenimiento de la estabilidad de precios podría requerir una política monetaria más restrictiva, incluso si eso agrava el impacto negativo sobre la economía”, señalaron algunos miembros durante la reunión.
Las discusiones se han intensificado después del nuevo repunte de los precios energéticos provocado por la guerra entre Irán e Israel y las tensiones en torno al estrecho de Ormuz, una ruta clave para el transporte mundial de petróleo y gas. La inflación en la eurozona se sitúa ya en el 3% y los responsables monetarios temen que el aumento de los costes energéticos no se quede en un impacto puntual, sino que termine trasladándose a los salarios y al conjunto de la economía.
“El impacto de precios energéticos y las interrupciones de suministro asociadas planteaban un dilema para la política monetaria. La combinación de precios energéticos elevados, deterioro de los indicadores de confianza y desaceleración del crecimiento generaba una compleja disyuntiva de política económica”, señalan las actas.
Y aunque el impacto inicial de la guerra parece empezar a moderarse en algunos escenarios, el economista jefe del BCE, Philip Lane, ha advertido este mismo jueves que los efectos de segunda ronda “se mantendrán durante un tiempo”. Los miembros del BCE consideraban que los riesgos en torno a las perspectivas de inflación se habían intensificado, “aumentando el riesgo de que se trasladase al conjunto de la dinámica inflacionaria”.
Pese a ello, el BCE reconoce que todavía existe incertidumbre sobre el alcance real del impacto económico. Los miembros del Consejo admiten que los datos disponibles siguen siendo limitados y que gran parte de las señales negativas proceden por ahora de encuestas de confianza más que de indicadores económicos definitivos.
Los mercados financieros y la mayoría de economistas esperan al menos dos subidas de tipos de interés antes de final de año. La próxima reunión del BCE, prevista para junio, se perfila como una de las citas más relevantes de los últimos meses para la economía europea ya que podría marcar el nuevo tono en la política monetaria del banco central.